De acuerdo a un reciente estudio, los niños que sienten que sus vidas tienen sentido y son valiosas y que desarrollan relaciones personales profundas y de calidad (componentes básicos de la espiritualidad) crecen más felices. Por el contrario, parece que las prácticas religiosas tienen poco efecto en sus sentimientos de felicidad. El estudio ha sido realizado por el grupo de investigación liderado por Mark Holder de la University of British Columbia (Canadá) y se ha publicado recientemente en la revista Journal of Happiness Studies.

 

Tanto la espiritualidad (definida como el sistema de creencia interno que proporciona fortaleza y consuelo) como la religiosidad (donde se incluyen rituales, prácticas y creencias religiosas), están asociadas al aumento de la felicidad en adultos y adolescentes. Sin embargo, apenas existen estudios acerca de cómo estos factores afectan a la felicidad de la población infantil.

Con el objetivo de identificar las estrategias que hacen que los niños crezcan más felices, el equipo de investigación de la Universidad de Columbia Británica, seleccionó una muestra de 320 niños, con edades comprendidas entre los 8 y los 12 años, a los que administró una batería de pruebas sobre felicidad, espiritualidad, religiosidad y temperamento. También se solicitó información a los padres acerca de la felicidad y el temperamento de sus hijos.

De acuerdo a los resultados del estudio, los autores encontraron que aquellos niños que se identificaron como más espirituales eran los que puntuaban más alto en felicidad. En concreto, algunos aspectos de la espiritualidad, como el significado y valor de la propia vida (o la alegría de vivir) y la calidad y profundidad de la relaciones interpersonales, resultaron ser unos fuertes predictores de la felicidad en los niños, llegando a explicar el 27% de las diferencias en los niveles de felicidad en la población infantil.

El temperamento del niño también resultó ser un importante predictor de la felicidad. Así, los niños más felices resultaron ser más sociables y menos asustadizos. No obstante, aún teniendo en cuenta el efecto del temperamento sobre la felicidad, la asociación entre espiritualidad y felicidad se mantuvo estable.

Por otro lado, a diferencia de lo que sucede con los adultos, las prácticas religiosas, entre las que se incluye ir a misa, rezar o meditar, tienen poco efecto en la felicidad de los niños.

El estudio tiene importantes repercusiones para el diseño de programas que mejoren el estado de ánimo de los niños. Los autores plantean que las estrategias dirigidas a aumentar el significado personal de la propia vida, como expresar amabilidad hacia los demás o realizar actos altruistas y de voluntariado, pueden ayudar a mejorar los sentimientos de felicidad en la población infantil.

El artículo original puede consultarse en la revista Journal of Happiness Studies:
Holder M.D., Coleman, B., y Wallace, J. (2008). Spirituality, religiousness, and happiness in children aged 8-12 years. Journal of Happiness Studies.

Fuente:
Sciencedaily

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