Mª José Rodrigo, Juan Camacho, Mª Luisa Máiquez, Sonia Byrne, y José Manuel Benito Cruz
Universidad de La Laguna y Consejería de Asuntos Sociales y Sanidad del Cabildo de La Palma (Islas Canarias)

En este artículo se analizan los indicadores que influyen en el pronóstico de recuperación de las familias en riesgo psicosocial, entre ellos, la resiliencia del menor, -que es un constructo bastante novedoso en el trabajo profesional con familias-, examinando la particular combinación que mejor discrimina entre un pronóstico favorable y otro desfavorable.

Entendemos por familia en situación de riesgo psicosocial a aquella en la que los responsables del menor, por circunstancias personales y relacionales, así como por influencias adversas de su entorno, hacen dejación de sus funciones parentales o hacen un uso inadecuado de las mismas, comprometiendo o perjudicando el desarrollo personal y social del menor, pero sin alcanzar la gravedad que justifique una medida de amparo, en cuyo caso se consideraría pertinente la separación del menor de su familia. Con estas familias se llevan a cabo acciones de preservación familiar para mantener al menor en el hogar, que requieren el fortalecimiento de los Servicios Sociales (SS.SS) de las corporaciones locales especializados en el menor y la familia (Rodrigo, Máiquez, Martín y Byrne, 2008).

 

En este escenario profesional resulta muy importante valorar adecuadamente las situaciones de riesgo psicosocial por las que pasan las familias, con la finalidad de elaborar un Plan de Caso, que proponga los cambios que son necesarios para mejorar la situación familiar y la del menor a su cargo. Para ello, los técnicos hacen uso de escalas o perfiles con indicadores de riesgo y protección con los que estimar las condiciones psicosociales de la familia (Perfil de Riesgo Psicosocial de la Familia, Rodríguez, Camacho, Rodrigo, Martín y Máiquez, 2006). Como parte de la evaluación, se estima el pronóstico de la situación que permite prever cuál será el futuro de la misma, si se mantienen las condiciones actuales o se modifican algunos de sus parámetros definitorios. Es una valoración global y compleja en la que hay que tener en cuenta múltiples aspectos, provenientes del contexto de riesgo psicosocial de la familia, del modo en que las figuras parentales reaccionan hacia el servicio y hacia el futuro del menor, así como de la resiliencia del menor y del impacto de la situación en su desarrollo. Para su realización es importante el uso de indicadores explícitos y bien definidos, relativos a estos tres aspectos, cuya relevancia para el pronóstico se pueda probar empíricamente. Para ello hemos estudiado los pronósticos emitidos por dichos técnicos ante 418 casos de menores y sus familias (224 biparentales y 194 monoparentales) con dos objetivos: analizar la combinación de indicadores que discrimina mejor entre pronóstico favorable y desfavorable y el papel que juega la resiliencia del menor en todo ello.

Según los resultados, la combinación de indicadores que distingue el pronóstico favorable del desfavorable guarda bastantes similitudes en ambos tipos de familias. Para el pronóstico desfavorable, los indicadores son el nivel de impacto medio/alto sobre el desarrollo del menor, la continuidad en el tiempo de la situación de adversidad, la actitud parental negativa ante la intervención, la dependencia de los SS.SS. y la ausencia de expectativas parentales sobre el futuro del menor. Destaca el número de indicadores referidos a la madre porque éstas suelen ser las que más acuden a solicitar las ayudas y las que más participan en los programas.

Los indicadores de pronóstico favorable también son coincidentes, en su mayor parte, para las familias biparentales y monoparentales. Entre estos indicadores, se encuentra la motivación para el cambio y la cooperación con los SS.SS, -también con la madre como protagonista-. En el caso de las familias monoparentales además se ha identificado otro indicador de pronóstico favorable: la conciencia de la madre ante el problema.

Curiosamente, muchos de estos indicadores dependen de que la relación del técnico con los usuarios sea de apoyo, cooperación y respeto hacia la familia, con narrativas compartidas sobre sus problemas y fortalezas, y con objetivos de intervención consensuados (Rodrigo y Máiquez, 2007; Rodrigo et al., 2008).

En el análisis realizado, la única diferencia obtenida respecto al tipo de familia es que el técnico tiene muy en cuenta el papel de la resiliencia del menor en las familias biparentales. Sin embargo, en las monoparentales pesa más el nivel de riesgo de la familia, -un factor general de adversidad que no tiene en cuenta dicha resiliencia, a pesar de que ésta se distribuye de forma bastante equitativa entre ambos tipos de familias-. Por tanto, es necesario fortalecer en el técnico el modelo bidireccional según el cual los niños en ambos tipos de familias contribuyen a moldear sus vidas según sus competencias personales y sociales.

Respecto al segundo objetivo, la resiliencia del menor aparece con mayor frecuencia en ecologías con mayor número de hermanos, -donde se pueden desplegar mayores habilidades sociales-, hábitat disperso o rural, que suele ser menos tóxico, y en menores con progenitores de mayor edad, lo que puede indicar una mayor madurez personal.

La resiliencia se da, por tanto, en cualquier edad, sexo y condición socioeconómica de la familia, lo que indica que no hay un fuerte determinismo evolutivo o social asociado a la misma, sino que depende más de las oportunidades que proporcionan los contextos de desarrollo. Por último, la resiliencia del menor se asoció a indicadores de riesgo que denotan mayor continuidad del problema y acumulación de eventos vitales negativos, pero también a factores compensatorios, como las expectativas adecuadas de los padres sobre su futuro, que denotan mayores competencias parentales. En futuros estudios analizaremos qué tipo de rasgo resiliente es el que aparece con mayor frecuencia y efectividad sobre el pronóstico. Esperamos que este estudio contribuya a reducir el desfase temporal que suele existir entre la aparición de un constructo como la resiliencia y su aplicación en el ámbito profesional.

El estudio original en el que se basa este artículo puede encontrarse en la revista Psicothema: Rodrigo López, M.J., Camacho Rosales, J., Máiquez Chávez, M.L., Byrne, S. y Benito Cruz, J.M. (2009). Factores que influyen en el pronóstico de recuperación de las familias en riesgo psicosocial: el papel de la resiliencia del menor. Psicothema, 2009, 21, 90-96.

Referencias:

Rodrigo, M.J., y Máiquez, M.L. (2007). Manual de buenas prácticas para los servicios sociales municipales dirigidos al menor y la familia. Santa Cruz de Tenerife: Consejería de Empleo y Asuntos Sociales, Gobierno de Canarias.

Rodrigo, M.J., Máiquez, M.L., Martín, J.C. y Byrne, S. (2008). Preservación familiar. Madrid: Pirámide.

Rodríguez, G., Camacho, J., Rodrigo, M. J., Martín, J. C. y Máiquez, M. L. (2006). La evaluación del riesgo psicosocial en las familias usuarias de los servicios sociales municipales. Psicothema, 18(2), 200-206.

Sobre los autores:

María José Rodrigo es catedrática de Psicología Evolutiva, dirige el Máster oficial interuniversitario en Intervención y Mediación Familiar de la Universidad de La Laguna/Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y es coautora de los libros "Familia y Desarrollo Humano", de la editorial Anaya y "Preservación familiar. Un enfoque positivo para la intervención con familias" de la editorial Pirámide. Estudia las teorías implícitas de los padres sobre el desarrollo y la educación y su influencia en los escenarios de desarrollo y educación en familias normalizadas y en riesgo psicosocial.

Juan Camacho es profesor titular del área de Metodología de las Ciencias del comportamiento. Imparte docencia en asignaturas de Análisis de Datos en Psicología. Es autor de libros de Análisis Multivariado, Estadística con ordenadores y Análisis de Datos. Investiga en diversos campos aplicados en Psicología y en simulación numérica con ordenadores.

Mª Luisa Máiquez es profesora titular del área de Psicología Evolutiva y de la Educación. Imparte docencia en asignaturas relacionadas con temas de familia y programas de formación para padres. Entre sus líneas de investigación cabe citar estudios relativos al análisis del contexto de desarrollo y de educación de la familia en situación de riesgo psicosocial, especialmente enfocado al desarrollo de líneas de intervención con padres y menores pertenecientes a esas familias y al diseño, implementación y evaluación de programas.

Sonia Byrne es Master en Intervención y Mediación Familiar por la Universidad de La Laguna y Becaria de investigación en el área de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de La Laguna. Entre sus líneas de investigación cabe citar estudios relativos al análisis del contexto y desarrollo de las familias en situación de riesgo psicosocial, especialmente enfocado a la intervención con programas de padres pertenecientes a estas familias. Así como, es coautora del libro "Preservación familiar. Un enfoque positivo para la intervención con familias" de la editorial Pirámide.

José Manuel Benito es Técnico Superior–Sociólogo adscrito al área de Asuntos Sociales y Sanidad del Cabildo Insular de La Palma; y profesor-tutor del Centro Asociado UNED–La Palma de la asignatura de Sociología General en la Diplomatura de Trabajo Social.

Artículos Relacionados
PROCEDIMIENTO Y CRITERIOS PARA LA EVALUACIÓN Y LA INTERVENCIÓN CON FAMILIAS Y MENORES EN EL ÁMBITO DE LA PROTECCIÓN INFANTIL
PREVENCIÓN FAMILIAR DEL CONSUMO DE DROGAS: EL PROGRAMA “FAMILIAS QUE FUNCIONAN”
PRESERVACIÓN FAMILIAR
ESTILOS DE EDUCACIÓN FAMILIAR
RELACIONES FAMILIARES, ADOLESCENCIA Y EDUCACIÓN - CONCLUSIONES DE UN ESTUDIO SOBRE LA REALIDAD MADRILEÑA
RELACIONES ENTRE PADRES E HIJOS ADOLESCENTES EN FAMILIAS ADOPTIVAS Y NO ADOPTIVAS
ADAPTACIÓN DE LOS ADOLESCENTES ACOGIDOS POR SUS ABUELOS
¿CÓMO ES LA INTEGRACIÓN ESCOLAR DE LOS NIÑOS Y NIÑAS QUE VIVEN EN ACOGIMIENTO RESIDENCIAL?
SITUACIÓN DE LOS ACOGIMIENTOS EN FAMILIA EXTENSA EN LA CIUDAD DE VALENCIA
EVALUACIÓN DIFERENCIAL DE LOS PROGRAMAS DE ACOGIMIENTO RESIDENCIAL PARA MENORES