En los últimos años, ha habido un importante cambio en la población española, puesto que se ha pasado de ser un país de emigrantes a ser un país receptor de inmigrantes. Convertirnos en una sociedad de carácter multicultural, supone ciertos cambios a los que todos hemos de adaptarnos. Uno de ellos es el derecho que todas estas personas tienen a una asistencia sanitaria de calidad, lo que implica un reto importante para nuestro sistema sanitario. Por ello, desde hace algún tiempo, el Hospital Universitario Vall d´Hebron de Barcelona ha puesto en marcha un Programa de Psiquiatría Transcultural, que cuenta con los denominados mediadores culturales sanitarios, con el objetivo de facilitar una cobertura sanitaria de calidad, independientemente del grupo étnico o cultural al que pertenezca el paciente. Adil Qureshi es psicólogo de dicho programa e Infocop Online tiene el placer de entrevistarle para sus lectores.

ENTREVISTA

Como experto en Psicología Transcultural, ¿qué necesidades se han detectado para la creación de este Programa de Psiquiatría Transcultural?

Antes que nada, quisiera agradecer la contribución de mis compañeros del Programa de Psiquiatría Transcultural: Francisco Collazos, Mar Ramos y Hida-Wara Revollo por sus aportaciones a buena parte del contenido de esta entrevista. Aunque mis respuestas sean hechas desde una perspectiva personal debo reconocer que son, esencialmente, el resultado de un esfuerzo de todo el equipo.

El Programa comenzó en el año 2002, cuando el profesor Miguel Casas fue nombrado jefe de servicio de Psiquiatría en el Hospital Universitario Vall d’Hebron. En aquellos momentos, la inmigración era un fenómeno social relativamente nuevo e inesperado. Desde el Departamento de Salud, surgió la inquietud de desarrollar un programa que atendiera de forma eficaz aquellos trastornos mentales que, bien por estar directamente relacionados con la migración, o bien por las particularidades culturales del caso, pudieran requerir un tratamiento especializado para el que la mayoría de los profesionales y recursos asistenciales de la salud mental no estaban adecuadamente preparados. Se ponía de relieve que la inmigración y las diferencias culturales influyen en la salud mental, así como también las cuestiones idiomáticas. Pero aquello sólo fue la punta del iceberg, el comienzo…

¿Podría explicarnos en qué consiste? ¿Cuáles son sus características más importantes?

En el año 2003, me vinculé al Programa, que en aquel momento empezaba a desarrollar su coordinador el Dr. Francisco Collazos, psiquiatra. En aquella época, discutimos mucho acerca de hacia dónde queríamos orientar el Programa y llegamos a dos conclusiones básicas.

La primera, dotar al término "transcultural" de un significado amplio que no quedara reducido al concepto de "inmigración", enfocándolo desde una perspectiva inclusiva que contemplara también a los descendientes de los inmigrantes y las minorías étnicas.

La segunda conclusión fue adoptar la filosofía y el espíritu de la competencia cultural. A pesar de las connotaciones negativas de este concepto, la idea es que, como clínicos y como institución, se debe tener en cuenta la diversidad cultural de los pacientes para que todos reciban una atención de la misma calidad. A nivel institucional esto se traduce en la capacidad de dar respuesta a sus necesidades de forma culturalmente sensible, prestando especial atención a las barreras idiomáticas. Para poder conseguirlo, resulta clave la mediación intercultural. Como profesionales, se deben contemplar las necesidades del individuo en su conjunto, teniendo en cuenta los aspectos biopsicosociales (y hasta los espirituales) de la existencia. La competencia cultural se entiende como un conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes, acompañado por una buena dosis de humildad cultural.

La asistencia clínica es la columna vertebral del Programa y plantea a los profesionales nuevos desafíos relacionados con la influencia y el impacto que elementos como la cultura, la raza o la inmigración ejercen sobre la salud mental, el diagnóstico y el tratamiento.

La investigación es otro de los pilares del Programa. Son múltiples las posibilidades que ésta ofrece en el campo de la Psiquiatría y Psicología transculturales. Por ejemplo, entre los proyectos de investigación que actualmente se están llevando a cabo, destaca un ambicioso estudio epidemiológico desarrollado en atención primaria en el que se compara la prevalencia de trastornos mentales entre población inmigrante y autóctona (este proyecto, realizado conjuntamente con un grupo de Zaragoza, ha recibido el apoyo del Instituto Carlos III mediante una beca FIS), permitiendo explorar la compleja relación existente entre inmigración y salud mental. Para dicho fin, se diseñó una escala: la Barcelona Immigration Stress Scale (BISS), que trata de medir el denominado estrés aculturativo. En otro de los estudios, también se analiza la aculturación, el proceso de afrontamiento, la espiritualidad, la resiliencia, etc., todo ello junto con una serie de factores sociodemográficos que parecen influir en la relación existente entre migración y salud mental. Así mismo, tenemos abierta una línea de investigación en el campo de la etnopsicofamacología, focalizada en el estudio de los factores genéticos.

Finalmente, otro de nuestros intereses es la formación. Entre los proyectos formativos que se han llevado a cabo en el Programa a lo largo de los últimos años, destacan los cursos sobre competencial cultural dirigidos a los profesionales sanitarios y la formación en mediación intercultural. Además, organizamos desde 2006 un Simposio Internacional de Psiquiatría Transcultural estructurado de forma temática en diferentes áreas de conocimiento. El último tuvo lugar el pasado mes de junio y estuvo centrado en las regiones de América Central y el Caribe.

Estos programas cuentan con una nueva figura sanitaria, el mediador cultural sanitario, ¿cuáles son sus funciones?

A lo largo de los últimos seis años, hemos tenido la oportunidad de participar en el desarrollo de este nuevo perfil profesional. Inicialmente gracias a la colaboración con la ONG SURT, mediante un taller ocupacional y, posteriormente y hasta la actualidad, gracias a un ambicioso proyecto de la Obra Social de La Caixa, el Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya y el IES (Institut d’Estudis de la Salut). Estas experiencias formativas nos han permitido escuchar las voces tanto de mediadores como de profesionales sanitarios que, junto con nuestra propia experiencia en el trabajo clínico con los mediadores, nos han dado la posibilidad de definir el perfil profesional de esta figura en detalle. Igualmente, en los inicios de la formación de los mediadores, resultaron muy valiosas las experiencias previas desarrolladas en Cataluña por ONG’s como AEP Desenvolupament Comunitari, y en Bélgica, el Reino Unido o los Estados Unidos.

Es bien sabido que la relación terapéutica es fundamental tanto para una buena evaluación como para una psicoterapia efectiva. Llegar a conectar con un paciente que es culturalmente diferente, que tiene un estilo de comunicación distinto y con un manejo del castellano insuficiente, supone un gran reto. Ahí es donde entra en juego el mediador intercultural. Podríamos decir que es la figura que facilita la comunicación y la relación terapéutica llevando a cabo una interpretación lingüística y cultural, a la vez que una contextualización cultural. En otras palabras, el mediador podría traducir palabras pero como ya sabemos, la comunicación es más que un simple intercambio verbal. Muchas metáforas carecen de sentido si las traducimos de forma literal y, aunque es importante que el mediador aclare el significado de las palabras, lo que resulta crucial es trasmitir su significado. Es decir, cuando el paciente dice "tengo el diablo dentro de mí", puede estar hablando en forma metafórica o bien puede ser delirante. En este supuesto no es trabajo del mediador, sino del profesional, dotarlo de interpretación clínica. Hay veces en que no es suficiente siquiera una explicación del mensaje. Como un caso en que la paciente explicaba que creía que su amiga, que estaba viviendo en casa con ella y su marido, la había hechizado. Pensé que quizás era un delirio paranoide, hasta que el mediador me advirtió de la creencia existente entre algunos miembros de su cultura acerca de los hechizos/venenos que algunas mujeres solteras de cierta edad emplean para conseguir sus propósitos sentimentales. Además, otra posible función del mediador sería la de facilitar al paciente y a su familia la información necesaria sobre el funcionamiento del sistema sanitario.