María de la Villa Moral1, Anastasio Ovejero2, Carlos Sirvent1, Francisco J. Rodríguez1 y Juan Pastor1
(1) Universidad de Oviedo y (2) Universidad de Valladolid

La experimentación juvenil con alcohol y otras drogas a edades de inicio de ingesta cada vez más tempranas constituye un problema sociosanitario en sociedades como la española, en la que las representaciones colectivas sobre el alcohol son bastante permisivas. Y es que en la cultura mediterránea el alcohol representa una droga cultural de iniciación. Es conocido que en los adolescentes españoles es muy frecuente el consumo de alcohol de fin de semana que deriva en episodios de ebriedad como resultado de abusos esporádicos. A ello se suma la tendencia a que el cannabis sea la droga ilegal de consumo más extendido, tanto entre la población general como entre los estudiantes españoles de catorce a dieciocho años, según encuestas epidemiológicas del Plan Nacional sobre Drogas (2005, 2007).

Si a la creciente popularización del consumo de cannabis entre los adolescentes le sumamos las actitudes favorables a su uso, resulta de interés analizar si los adolescentes que consumen alcohol y cannabis presentan unas actitudes hacia el consumo de mayor permisividad que los que únicamente consumen alcohol y que los que no consumen ninguna sustancia psicoactiva.

Dado nuestro interés, se propuso como principal objetivo de investigación ofrecer un análisis del estatuto diferencial que el alcohol tiene entre dos perfiles de consumidores (alcohol y alcohol junto a cannabis), que es interiorizado por los propios adolescentes usuarios. Ello afecta a una distorsión de sus percepciones de riesgo inherentes a la experimentación, lo cual se manifiesta a nivel actitudinal, es decir, en sus creencias sobre los efectos dañinos del consumo, en la sensibilización respecto a quienes presentan problemas de abuso o en la disposición a consumir y habituarse a las drogas. Hemos constatado la acción de la correspondiente mentalidad del usuario, en virtud de la cual los consumidores de una sustancia tienden a percibir menor riesgo en su uso/abuso que aquellos que no la consumen o no están habituados a ella. Baste recordar que entre los jóvenes españoles se han flexibilizado las actitudes reprobatorias hacia el uso del cannabis, a la vez que ha aumentado la distorsión de la percepción de riesgo del consumo de alcohol entre los propios usuarios de derivados cannábicos. Estos jóvenes consumen alcohol y cannabis con la creencia de que los riesgos son mínimos, modificando a conveniencia las creencias sobre los efectos negativos.

Para investigar sobre estas cuestiones se seleccionó a un colectivo de 273 adolescentes de entre 14 y 18 años escolarizados en cuatro Centros de Enseñanza Secundaria del Principado de Asturias (España). Las principales variables investigadas fueron las relativas a las actitudes ante el consumo de alcohol, las motivaciones que impulsan al consumo y las razones explicitadas para beber y no beber, la percepción del grado de riesgo percibido, así como el conocimiento acerca de las consecuencias negativas derivadas de tales consumos.

De acuerdo con los resultados hallados se ha confirmado que tanto los adolescentes consumidores de alcohol, por un lado, como los de alcohol y derivados cannábicos, por otro, muestran unas actitudes de gran permisividad ante el consumo, creencias y expectativas falseadas, manifiestan una menor sensibilización ante la problemática del consumo y presentan una disposición favorable al consumo de alcohol -e incluso hacia la habituación alcohólica- y de cannabis. A más politoxiconsumos mayor sensación de invulnerabilidad, mayor permisividad y menor percepción de los riesgos asociados a la experimentación.

Esto contrasta con la mayor concienciación del potencial daño alcohólico de quienes no son usuarios, así como en relación con los adolescentes que beben pero no experimentan con cannabis ni con otras drogas, los cuales presentan una mayor sensibilización, creencias menos mitificadas, unas disposiciones comportamentales de resistencia frente a la experimentación, así como una valoración más ajustada a la realidad de los efectos y consecuencias dañinas del potencial consumo de sustancias psicoactivas.

En la práctica se incide en los efectos de distorsión de los daños a través de la mentalidad del usuario asociada a actitudes permisivas ante la experimentación con alcohol y/o cannabis. Se proponen estrategias preventivas y de intervención psicosocial y comunitaria mediante las cuales se fortalezcan las actitudes de resistencia individual y se reestructuren las conciencias sociales permisivas.

En conclusión, en materia de consumo juvenil de drogas no basta con prevenir aportando información, sino que se han de modificar actitudes, así como mejorar los mecanismos de afrontamiento y otros recursos personales de los adolescentes, desde una perspectiva psicosocial de promoción de la salud, así como encauzando las labores de prevención hacia la optimización de los factores protectores en los contextos familiar, educativo y comunitario y, por extensión, en la propia cultura juvenil recreativa aportando alternativas de ocio y ocupación activa del tiempo libre.