Estefanía Estévez(1), Belén Martínez(2) y Teresa I. Jiménez(3)
(1)
Universidad Miguel Hernández, (2)Universidad Pablo de Olavide y (3)Universidad de Zaragoza

En la adolescencia, las relaciones sociales con los iguales adquieren una particular trascendencia, no sólo por la creciente importancia que les concede el adolescente, sino también por el estrecho vínculo existente entre estas relaciones y el ajuste psicosocial de la persona. En el contexto escolar, la aceptación o rechazo de los compañeros es fundamental en este sentido. En numerosas investigaciones se ha observado una fuerte asociación entre el rechazo escolar y el fracaso en los estudios, la depresión y la implicación en conductas de riesgo tales como el consumo de sustancias o el comportamiento antisocial. Por el contrario, aquellos adolescentes aceptados por sus compañeros amplían su esfera de relaciones interpersonales y disponen, en consecuencia, de más recursos de apoyo que se asocian con un mayor bienestar y ajuste personal y social del adolescente.

Para estudiar el grado de aceptación social de los alumnos que conforman un aula, existe un procedimiento de análisis muy útil denominado técnica sociométrica que, en el caso de la escuela, tiene como principal objetivo analizar el entramado de relaciones afectivas y el estatus social de cada persona dentro del aula. Con la utilización de esta técnica se pueden distinguir cuatro estatus sociométricos principales: (1) populares (adolescentes que gustan a la mayoría del grupo), (2) rechazados (adolescentes que resultan desagradables para la mayoría de sus compañeros), (3) ignorados (adolescentes que resultan indiferentes para sus compañeros), y (4) promedio (adolescentes que, en comparación con su grupo de pares, no destacan por ser especialmente aceptados ni rechazados por sus compañeros).

Los alumnos populares y promedio suelen presentar un buen ajuste escolar y, en la mayoría de ocasiones, no muestran problemas de comportamiento ni disciplina en el aula. Los adolescentes ignorados son aquellos alumnos aislados que no reciben atención de sus compañeros y que, por ello, presentan problemas de autoestima y soledad. Sin embargo, son los adolescentes rechazados los que muestran un peor ajuste en todos los sentidos: suelen informar de problemas de autoestima, ansiedad y sintomatología depresiva, así como un bajo rendimiento académico y, en ocasiones, relaciones conflictivas con compañeros y profesores. Si a esto añadimos que el estatus sociométrico es relativamente estable en el tiempo, es decir, que quien es rechazado en este curso tiene una alta probabilidad de continuar siéndolo en los cursos siguientes, no es de extrañar que los investigadores consideren que el grupo de rechazados es el de mayor riesgo y se interesen en comprender las causas que explican su desarrollo y mantenimiento a lo largo del tiempo.

No puede afirmarse que exista un prototipo o un perfil único del alumno rechazado ya que se distinguen, al menos, dos subtipos de rechazados: agresivos y sumisos. Los adolescentes rechazados agresivos muestran un comportamiento violento y amenazante, mientras que los rechazados sumisos se caracterizan por su aislamiento social y su sumisión frente a las agresiones de otros compañeros. Los datos indican que el subgrupo de rechazados violentos es el más numeroso y, por tanto, constituye un grupo de especial riesgo. 

Finalmente, es interesante comentar brevemente cuales son los factores asociados al desarrollo de este grave problema. Para intentar responder a la pregunta ¿por qué un adolescente es rechazado por su grupo de compañeros?, se debe tener en cuenta tanto características individuales como otros aspectos de los contextos familiar y escolar.  

Una de las principales causas asociadas parece ser justamente la elevada participación en actos de tipo antisocial y violento, que genera automáticamente el desagrado de muchos compañeros. Sin embargo, puesto que existen alumnos agresivos que son, al mismo tiempo, aceptados e incluso admirados por sus compañeros, no se puede concluir que la violencia sea el único factor que predice el grado aceptación social en la escuela. Otro aspecto en el que coinciden diferentes estudios es que los adolescentes rechazados tienden a interpretar las situaciones ambiguas de manera inapropiada, distorsionada, de modo que las intenciones de los otros suelen ser entendidas en muchas ocasiones como amenazantes y hostiles, lo que dificulta las relaciones positivas con sus compañeros. Las respuestas hacia los demás son entonces más agresivas o inapropiadas, lo que genera un rechazo hacia interacciones futuras con estos alumnos.

Además, la calidad de las relaciones familiares también se ha asociado con la aceptación y el rechazo en la escuela. Las relaciones padres-hijos constituyen la base para el aprendizaje de modos de interacción social en otros contextos distintos al familiar como el escolar. Así, los niños que proceden de familias donde prima un ambiente de afecto y el apoyo, es más probable que muestren también interacciones positivas con sus compañeros en la escuela, puesto que este vínculo con los padres les ha permitido desarrollar una sensación de pertenencia y continuidad que les ayuda a afrontar nuevas relaciones sociales con una mayor confianza. Por el contrario, la utilización de estrategias disfuncionales de resolución de conflictos como el castigo excesivo o la violencia, son aspectos que ponen en peligro el buen ajuste del hijo y su estabilidad social en la escuela.