Juan Manuel Ortigosa Quiles, Francisco Xavier Méndez Carrillo y Antonio Riquelme Marín
Universidad de Murcia

Afortunadamente, los datos confirman que cada vez se están consiguiendo mayores índices de supervivencia en el cáncer infantil. Sin embargo, su detección sigue siendo una terrible sacudida al bienestar emocional del niño y de su familia. Se sabe que las experiencias más traumáticas están relacionadas con el diagnóstico, la hospitalización, la aplicación de los procedimientos médicos, los efectos secundarios del tratamiento y la necesidad de aislamiento, afectando no sólo física y psíquicamente sino también a nivel social y escolar, tanto en el hospital como en su domicilio.

En la actualidad, la complejidad que supone la repercusión del diagnóstico del cáncer en la persona y su entorno se aborda desde una perspectiva multidisciplinar. En este sentido, desde hace tiempo la Psicología se ha interesado por la implementación de métodos y programas que ayuden a los niños y a sus padres a afrontar la enfermedad y las circunstancias que la rodean con el mínimo coste emocional.

Desde la perspectiva cognitivo-conductual, el propósito principal de la intervención psicológica es el control sintomatológico y los efectos secundarios asociados a los procedimientos médicos. Por ello, todo intento encaminado a reducir la ansiedad médica infantil puede clasificarse en intervención centrada en el problema, es decir, dirigida al tipo de terapéutica o procedimiento médico al que va a ser sometido el paciente, e intervención centrada en la emoción para dotar al niño de estrategias para afrontar el estrés. 

En primer lugar, debido a que la transmisión oral o escrita de la información es el medio de comunicación más extendido dentro del ámbito sanitario, es necesario apuntar algunas directrices generales para su correcto manejo. Teniendo en cuenta que nos dirigimos a un niño, han de darse explicaciones breves, sencillas y comprensibles, evitando proporcionar mucha información en poco tiempo. Es fundamental utilizar muchos ejemplos clarificadores y asegurarse de que la información se ha retenido y comprendido; eso sí, respetando siempre si el niño quiere conocer o evitar la información. Del mismo modo, dar la información fragmentada e inconexa, además de la procedencia de distintas fuentes (médico, padres, otros enfermos), son factores que pueden acarrear confusión y crear falsas expectativas y malestar en el niño.

Otra opción es el entrenamiento en estrategias de afrontamiento donde se incluye la relajación y la respiración profunda, el manejo de autoinstrucciones/autoverbalizaciones y la distracción/imaginación. Estas técnicas contribuyen a que el niño controle su ansiedad ante la aplicación de procedimientos médicos que, por lo general, son dolorosos y se acompañan de efectos secundarios. Aquí se podría mencionar la hipnoterapia y otros métodos alternativos como el masaje o la músicoterapia

También se han elaborado programas de intervención centrados en sistemas audiovisuales con diversa finalidad: información, modelado conductual y cognitivo, y distracción. Por ejemplo, existen vídeos educativos para preparar a los niños a la radioterapia, videojuegos (p. ej., el programa Re-Mission) o, más recientemente, la realidad virtual como método de distracción para el manejo del dolor.

Si se habla de la infancia, no se puede obviar el potencial terapéutico del juego, entendido como instrumento para ayudar al niño a desarrollar las habilidades necesarias para enfrentarse a una nueva situación o a una experiencia estresante, así como para desinhibir la expresión de sentimientos y temores. Otras formas de juego se vinculan con la distracción y el desarrollo cognitivo, motor y social. En el niño con problemas oncológicos, suelen acontecer periodos largos o frecuentes de hospitalización, por lo que fomentar el juego a través de materiales, actividades y espacios lúdicos es importante para favorecer su normal desarrollo.

Del mismo modo, el uso de la literatura en sus distintas formas (cuento, fábulas, aventuras) ayuda a los niños a enfrentarse con las preocupaciones y miedos precipitados por la enfermedad, los procedimientos médicos y la hospitalización, usándose como estrategia terapéutica con niños con enfermedad oncológica. Mediante la narración, se activan procesos de humor, distracción y aprendizaje por observación simbólica asociados a eventos médico-hospitalarios estresantes. La narración debe ser activa, creativa, participativa y abierta, permitiendo que los niños elaboren partes del cuento o los resuelvan. Estas estrategias consiguen un proceso de catarsis emocional que les ayudarán a afrontar su enfermedad.

Y por último, el humor. Cada vez más estudios apoyan lo beneficios de la risa en el bienestar emocional de las personas. En este campo destaca la labor de los payasos de hospital, cada vez más extendida en los centros sanitarios españoles. Junto al humor, los payasos incorporan el juego, la distracción, la creatividad y el apoyo emocional como componentes esenciales de su actuación.