Judit Bembibre Serrano y Lorenzo Higueras Cortés
Universidad de Granada

En la actualidad existen tres enfoques en la evaluación de la credibilidad del testimonio: el fisiológico, el comportamental y el centrado en el contenido del mismo. El primero utiliza precisamente las manifestaciones fisiológicas como criterio de falsedad a partir de la idea de su escaso control voluntario: la salivación, la sudoración, el ritmo cardíaco… Empleado junto a algún procedimiento normalizado de entrevista disponemos del polígrafo, que supone un refinamiento técnico pero descansa en la misma suposición.

La segunda dirección, la comportamental, también parte de que hay una serie de manifestaciones asociadas a la mentira que no pueden ser controladas de forma voluntaria, al menos no todas simultáneamente o durante un periodo indeterminado de tiempo (DePaulo et al., 2003). Sin embargo, cuanto mayor es el refinamiento de estos estudios con tanta más fuerza aparece la necesidad de considerar las diferencias individuales o la de establecer una adecuada línea base con la que comparar el comportamiento mentiroso del sujeto, es decir, un exhaustivo conocimiento de su conducta anterior.

En efecto, los correlatos fisiológicos o comportamentales asociados con la mentira pueden, de hecho, formar parte del repertorio normal y sistemático de conductas de diversas personas, incluso de todas las personas sinceras que sospechen que no van a ser creídas. La interpretación de ese temor como miedo a ser descubierto constituye el "error de Otelo", quien considera culpable a Desdémona cuando ésta llora al comprender que no puede demostrar su inocencia. Este error supone un importante sesgo en la evaluación de la credibilidad, hasta el punto de que todos los indicadores comportamentales no verbales que se pueden esperar de quien miente sólo aparecen si éste presenta una carga emocional o cognitiva (Vrij, Edward y Bull, 2001).

La tercera orientación se centraría en el testimonio en sí mismo más que en el testigo, con lo que se pretende superar los referidos problemas. Este enfoque considera, pues, que la mentira tiene cualidades propias y que éstas son identificables. En efecto, el metaanálisis de DePaulo et al. (2003) indica que algunas de las claves de contenido, o criterios de verdad, muestran un mayor efecto que las no verbales o las psicolingüísticas.

En este sentido, quisimos poner a prueba un modelo procedente de la psicología experimental, el modelo de control de fuentes (CF), que asume que el recuerdo de la información percibida, en comparación con los recuerdos de sucesos imaginados, incluiría especialmente más elementos perceptivos (espaciales y temporales), semánticos (detallismo), afectivos (reacciones emocionales) y de apoyo (sobre lo que ocurrió antes o después), y menos elementos relacionados con operaciones cognitivas (una revisión en Higueras y Bembibre, 2006).

De esta forma, el objetivo de nuestro trabajo fue averiguar si los criterios del modelo CF sirven para discriminar entre testimonios verdaderos y falaces y la posible influencia sobre dichos criterios de una diferente carga emocional en el testigo.

Para ello colaboraron 240 estudiantes universitarios que vieron dos fragmentos de película, uno de ellos con una violación y el otro con una relación consentida. En el primer caso los mentirosos debían informar de una relación consentida y, en el segundo caso, por el contrario, testimoniar una violación. Para evaluar los aspectos emocionales asociados se utilizó la primera adaptación española del Profile of Mood States –POMS de McNair, Lorr y Droppleman, elegido por tratarse de una medida multidimensional del estado de ánimo subjetivo, especialmente si se encuentra relacionado con una carga física o psíquica.

En nuestros resultados y de acuerdo con el modelo de CF, los participantes sinceros proporcionan más información perceptiva y menos acerca de procesos cognitivos que los mentirosos. Sin embargo, estos criterios pueden difuminarse en función del malestar emocional del sujeto que miente. Cuando dicha mentira supone exculpar, los sujetos falaces no superaron a los sinceros en ninguna escala de estado de ánimo negativo y no se obtienen diferencias en las categorías del modelo (el esperado menor número de detalles perceptivos y mayor de operaciones cognitivas).

Es sólo cuando la mentira supone la inculpación de un inocente que se vincula a cierto malestar emocional (una mayor tensión y depresión) y las diferencias se observan en la dirección prevista en las dos categorías mencionadas del modelo. Aunque se requieren replicaciones adicionales, podría interpretarse que el uso de los criterios del CF no favorece la detección de la mentira con menor carga emocional: los mentirosos se comportan entonces de manera semejante a los sinceros.

Podemos concluir, pues, con la recomendación de incluir en futuras investigaciones estimaciones acerca de las emociones implicadas en el testimonio, como ya indicara Ekman, pero apenas puesto en práctica. En la práctica, de hecho, quizá ninguno de los enfoques de la detección del engaño tenga un uso inmediato y mucho menos automático, y cualquier intervención deba pasar por una completa exploración clínica del testigo, sumando a los procedimientos conjuntos de los diferentes modelos tanto las escalas de validez que nos proporcionan las pruebas objetivas como un comportamiento coherente durante la evaluación.

El estudio en el que se basa este artículo puede encontrarse en la revista Psicothema:

Bembibre, J. y Higueras, L. (2010). A vueltas con el error de Otelo: aplicación del modelo de fuentes a la credibilidad del testimonio y su afectación por la carga emocional. Psicothema, 22, 1, 125-130.

Referencias:

DePaulo, B.M., Lindsay, J.J., Malone, B.E., Muhlenbruck, L., Charlton, K. y Cooper, H. (2003). Cues to deception. Psychological Bulletin, 129, 74-118.

Higueras, L. y Bembibre, J. (2006). El modelo de control de fuentes en la evaluación de la credibilidad del testimonio: una revisión. Anuario de Psicología Jurídica, 16, 83-113.

Vrij, A., Edward, K. y Bull, R. (2001). Stereotypical verbal and nonverbal responses while deceiving others. Personality and Social Psychology Bulletin, 7, 899-909.

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