Ricard Cayuela i Dalmau y Raquel Ferrari i Limardo
Miembros del Comité organizador de la 1ª Jornada de Psicología Económica

Expertos en Psicología Económica se reunieron en Barcelona para analizar la situación actual del comportamiento económico del consumidor, en la 1ª Jornada de Psicología Económica en Cataluña. El encuentro tuvo lugar el jueves 18 de febrero de 2010, en el auditorio de la Facultat de Psicología, Ciències de l’Educació i l’Esport (FPCEE) Blanquerna, de la Universitat Ramon Llull de Barcelona.


Algunos de los participantes de la 1ª Jornada de Psicología Económica

La Jornada, que consiguió reunir a 150 personas de diferentes ámbitos profesionales (psicología, economía, periodismo, filosofía, formación, política...), y que estuvo organizada por la Sección de Psicología de las Organizaciones y del Trabajo del COP Catalunya, se gestó con la intención de dar un significativo paso adelante para alcanzar una renovada visión interdisciplinaria sobre el comportamiento económico, vinculado a la toma de decisiones de las personas.

La Psicología Económica si bien nació hace unas cuantas décadas y se asentó como disciplina académica y de intervención, es muy reciente la adquisición de una nueva dimensión, fruto del fuerte impulso que autores nacionales y extranjeros han dado a esta disciplina.

Sin embargo, esta dura etapa de crisis sistémica que se está viviendo, en la que en un solo año el mundo ha pasado de la tiranía de la abundancia a reclamar las necesidades más básicas o primarias, la relación entre psicología y economía desemboca en una significada explosión popular que se manifiesta tanto a nivel editorial (1), como en foros, artículos o entrevistas.

Se populariza pues, una temática que, incluso contando con un progresivo avance en el ámbito organizativo, hasta ahora se ubicaba más en la academia que en la calle. Así pues, es hoy cuando se abre definitivamente la oportunidad de difundir mucho más allá sus teorías, postulados y aplicaciones.

La concesión de dos premios Nobel de Economía a los psicólogos Herbert A. Simon, por sus trabajos sobre racionalidad limitada (1978), y Daniel Kahneman, por su teoría de la prospección (2002), constituye un acontecimiento desconocido por la gran mayoría, generándose, entre los pocos conocedores, una imagen confusa y anecdótica sobre "lo mal" que tiene que estar la Economía para que se diera el premio Nobel a dos psicólogos.

Sin embargo, los cien años de existencia de la Psicología Económica en la universidad y en el tejido social organizativo, así como las obras aún vigentes sobre la misma temática escritas por psicólogos de los siglos XIX y XX, como Gabriel Tarde, Walter Dill Scott, George Katona... (2), dejarían bien claro que estas dos concesiones del Nobel no eran nada arbitrarias. Ni tampoco presuponían ninguna específica mala situación para los economistas.

La sociedad del consumo es la que ha hecho posible descubrir la relación existente entre la psicología y la economía. Hasta hoy, sólo los publicitarios y expertos en estrategias de marketing han sido los verdaderos usuarios de la Psicología Económica. Este histórico vínculo de emergente "explosión" popular en los momentos actuales nos permite reflexionar en la búsqueda de la optimización de la salud mental y del bienestar de las personas. Economía y Psicología son dos disciplinas que se suman al ir juntas de la mano; especialmente, a partir de ahora.

Centrándonos en la Jornada, la enorme amplitud de contenidos que ofrece la Psicología Económica y la limitación temporal de un día obligaba a acotar lo mucho que se podría y se debería decir sobre esta disciplina. Muy conscientes de esta limitación, la Jornada ofreció, por un lado, un planteamiento de exposiciones que evidenciaron la importancia y la fuerza creciente de esta disciplina. Cada vez son más los asesores financieros que utilizan parámetros psicológicos, y hasta de coaching, para avanzar en las decisiones económicas a las que se debe llegar con los clientes. La implementación de la Psicología Económica es o debería ser, por tanto, tan amplia y diversificada como transversal (3).

El escenario de la tarde ofreció una reflexión interdisciplinaria e innovadora sobre esta doble acepción que parece destinada a transitar en compañía. Las dos estrategias de exposición conectaban con las respectivas invitaciones realizadas a los ponentes: psicólogos/as y economistas dando forma y fondo al primer espacio; mientras que la tarde nos ofreció una reflexión interdisciplinar desde la Filosofía e Historia, sin prescindir de la Economía y de la Psicología.

Parecería evidente que cuando de algo se espera mucho, inevitablemente se ve sujeto a proyecciones, ideas y preconceptos. Esta vez, no fue la excepción. Sin embargo, al final del mismo día de la celebración del evento, se pudo constatar, por parte de los asistentes, -y para tranquilidad de los organizadores-, que el resultado había sido inmejorable. La dificultad de abrir camino sobre lo ya conocido puede llegar a ser más difícil que comenzar de cero. En este caso, el camino era conocido, pero la difusión temática, hasta el momento, había sido tan escasa, que a los organizadores les llegó a parecer que se comenzaba de cero. En cualquier caso, entendemos que habrá un antes y un después de la Psicología Económica, tras el desarrollo de esta Jornada.

Ricard Cayuela, miembro del comité organizador de la Jornada, remarcó el carácter innovador y provocador de la misma, y la oportunidad de trabajar conjuntamente desde ambas disciplinas. El objetivo principal fue el de identificar el comportamiento económico del ser humano como factor estrechamente ligado a las emociones y aportar la orientación necesaria para mejorar su toma de decisiones.

Después de una cálida bienvenida a cargo del Dr. Climent Giné, decano de la FPCCE Blanquerna, el profesor Ismael Quintanilla, doctor en Psicología y director de la UIPEV de la Universitat de València, abrió la jornada con la conferencia inaugural Retos de la psicología económica del consumidor. Quintanilla combinó de forma excelente lo coloquial con lo académico, legitimando el rol y la responsabilidad que, como psicólogos, tenemos en las dinámicas del comportamiento económico de los individuos, y recalcando las amplias aportaciones que la Psicología Económica puede transmitir a los ciudadanos en este campo.


Ismael Quintanilla, durante la Jornada

Con la ponencia de Adriana Gil, psicóloga y profesora de la UAB, se pudieron conocer las recientemente investigadas propuestas para entender al individuo como consumidor desde la perspectiva humana. Ricardo Díaz, psicólogo y socio de Deloitte Human Capital, nos habló de la "dura" visión del hombre como "recurso" humano y Albert Serra, economista y profesor de ESADE, de la necesidad persistente de atribuir responsabilidades sobre la crisis a aquellos "que más saben". Todas ellas constituyeron ricas aportaciones de las intervenciones de estos tres profesionales. Por su parte, Javier Ruiz, director de Informativos de Cuatro (Sogecable), dejó en el aire interrogantes e inquietudes sobre las irregulares velocidades de respuesta de las comunicadoras económicas, como ¿cuál es el rol del Estado en la gestión de la crisis? ¿Y el de la empresa? ¿Y el de las escuelas de negocios? ¿Y el de los propios ciudadanos?...

Por la tarde, Manuel Cruz y Antoni Segura, catedráticos de Filosofía e Historia Contemporánea de la UB, respectivamente, deleitaron a los asistentes con exposiciones singulares y directas, que fueron dignas de admiración, pero que también provocaron cierto estremecimiento al referirse a la ideología como engaño social organizado, o a la nefasta sobredimensión constructora de medio millón de viviendas, aún en 2008, como factor clave de nuestra particular y difícil salida del túnel. Ambos crearon reflexión, transitando entre la preocupación (por no decir miedo o estupor) y una necesaria toma de distancia crítica, sin la cual correríamos el riesgo de que los árboles no nos dejaran ver el bosque.

En Psicología Económica, las líneas de trabajo práctico y de investigación se han centrado, hasta el momento, en la influencia de lo psicológico en la toma de decisiones económicas, en el comportamiento del consumidor, y en estrategias para optimizar servicios y productos. En cualquier caso, tal y como señaló el profesor israelí Itamar Rogovsky en su conferencia de clausura Crecer en dinero o en humanidad, nadie, en su sano juicio, puede obviar la incidencia que la Economía tiene en las respuestas psicológicas (emocionales y cognitivas) de las personas y los grupos.

La Jornada contó con un panel de lujo multi y transdisciplinario, hasta el punto de que algunos ponentes comenzaron su exposición con un "¿qué hace alguien como yo en un lugar como éste?". La respuesta a esta pregunta llegó con la evidencia del nuevo y extraordinario espacio de reflexión que se abría con cada nueva presentación. Reflexión evidenciada en la intensa e interesante aportación de los asistentes con sus intervenciones en cada coloquio.

Cerró la jornada Ricard Cayuela, en nombre del Decano del COP Catalunya, Jaume Almenara, señalando, con referencia a una consideración del último conferenciante, Itamar Rogovsky, que la clausura de la jornada en realidad suponía una inauguración, teniendo en cuenta dos vectores de continuidad: el de los propios profesionales de la Psicología, como elementos de innovación y de necesaria y enriquecedora práctica conjunta.

Para concluir, no podemos dejar de mencionar la evidente intencionalidad provocadora de la Jornada en forma de iconografía, presentando, por una parte, el inconfundible avión barcelonés del Tibidabo, sujeto, no obstante, a una estructura de hierro que le imposibilita un auténtico vuelo, junto con el headline de la Jornada Libres, pero... ¿cuánto?, aludiendo a la dimensión, pero también al coste de esta "libertad".

Por otra parte, tras las palabras de Psicología y Economía, la de "sostenibilidad" (todavía no recogida en el diccionario de la RAE y contemplada antes de que el presidente Zapatero la incluyera en su programa), que, junto a la imagen del oso pardo del Pirineo, auténtico ejemplo de esta condición y representante, a la vez, de las posiciones de prudencia inversora de los llamados "osos bajistas" de Wall Street, reafirmaban la muy previsible necesidad de tener que abordar un nuevo modelo de vida, más pronto que tarde.

Referencias: