El consumo abusivo de alcohol constituye un problema de salud pública a nivel mundial debido a su condición de factor de vulnerabilidad para la salud en general. Todo lo cual supone importantes costes sociosanitarios tanto para la propia persona que realiza un uso abusivo de esta sustancia, como para aquellas que le rodean y para la sociedad en general. 

Efectivamente, el consumo abusivo de alcohol no sólo incrementa el riesgo de padecer otras enfermedades (trastornos cardiovasculares, hepatitis, cirrosis y otros tipos de cánceres, enfermedades infecciosas como el VIH/Sida, la tuberculosis o neumonía, entre otras), sino que también se relaciona con un mayor riesgo de presentar problemas psicológicos (ansiedad, depresión, tentativas de suicidio), incrementa el riesgo de accidentes o de involucrarse en actos violentos. Así mismo, el uso nocivo del alcohol supone una mayor probabilidad de mortalidad prematura. En concreto, la OMS estima que en el año 2004 el alcohol fue responsable del 3,8% de la mortalidad mundial, lo que se traduce en aproximadamente 2,5 millones de muertes en el mundo, de las cuales 320.000 corresponderían a jóvenes de edades comprendidas entre los 15 y los 29 años.

Por todo ello, en el año 2008, la Asamblea de la Salud pidió a su Directora General, a través del la resolución WHA61.4, que liderara el desarrollo de una estrategia a nivel mundial para combatir el consumo abusivo de alcohol y contribuir, de esta manera, a mejorar la salud en el mundo.

La pasada semana, en la 63ª Asamblea Mundial de la Salud, celebrada los días 17 y 21 de mayo de 2010 en Ginebra (Suiza), se culminó este proceso de negociación entre la OMS, los países estados miembros y diversas organizaciones, aprobándose por consenso una Estrategia Mundial Contra el Consumo Nocivo de Alcohol.

Esta estrategia, fundamentada en el conocimiento científico disponible, establece la necesidad de desarrollar una serie de directrices en diferentes niveles de actuación (legal, sanitario, social, marketing, etc.) para reducir el riesgo asociado al consumo inadecuado de alcohol, que han de guiar el desarrollo de las políticas nacionales de salud pública relacionadas con el consumo de alcohol.

De esta forma, esta estrategia mundial, en el marco del compromiso de reducir el uso nocivo del alcohol, ofrece una la oportunidad para mejorar la salud y el bienestar social y aliviar la actual carga de morbilidad atribuible al alcohol. Para ello, la OMS establece que las políticas, a nivel nacional, han de estructurarse conforme a diez esferas prioritarias de acción, que se apoyan y complementan entre sí:

  • Liderazgo, concienciación y compromiso. Para que esta acción sea sostenible, es necesario un liderazgo, una voluntad política y un firme compromiso, a través de la adopción de políticas nacionales integrales e intersectoriales fundamentadas en la evidencia empírica disponible, y con los mecanismos y la financiación necesaria para llevarlas a cabo.
  • Respuesta de los servicios de salud. La acción de los sistemas de salud es fundamental tanto en el nivel de prevención primaria como de intervención en los problemas derivados del uso nocivo del alcohol que afectan no sólo a la propia persona sino también a su familia.

Igualmente, los agentes sanitarios tienen un papel fundamental en el desarrollo de planes comunitarios de educación para la salud con el objetivo de prevenir el inicio de un uso inadecuado del alcohol.

Así mismo, esta esfera establece que no sólo han de destinarse recursos para la intervención y prevención de esta adicción, sino también para el tratamiento de otros problemas comórbidos como la depresión, la ideación suicida, otras adicciones o el VIH, entre otros, así como son necesarios recursos de apoyo para las familias afectadas por este problema, por el síndrome del alcohol fetal, grupos de autoayuda, etc.

Para el logro de los objetivos establecidos en esta segunda esfera de actuación, la OMS establece, en función de la evidencia empírica disponible, que, además de los tratamientos farmacológicos que han mostrado beneficios, los programas de tratamiento cognitivo-conductual han mostrado su eficacia para la prevención y el tratamiento del abuso del alcohol y de los problemas relacionados con esta adicción; así como también son las intervenciones de elección para el trabajo con la familias.

  • Necesidad de establecer acciones de carácter comunitario destinadas a la intervención sobre las características propias de este problema a nivel local, especialmente a tener en cuenta para el diseño de los programas de prevención.
  • Desarrollo de políticas y medidas contra la conducción bajo los efectos del alcohol, dado el riesgo que implica para sufrir o provocar accidentes de tráfico con graves consecuencias para la persona (por ejemplo, implantación de un límite superior de alcohol en sangre para la conducción, establecimiento de puntos de control aleatorios, consecuencias administrativas para los conductores que superen dicho límite, programas de tratamiento para los conductores, promoción de medios de transporte alternativos, desarrollo de campañas de concienciación, etc).
  • Desarrollo de medidas relacionadas con la disponibilidad de alcohol dirigidas a reducir su disponibilidad y a dificultar el acceso al mismo, especialmente en grupos de vulnerabilidad o de alto riesgo (por ejemplo, adolescentes y jóvenes). Ésta es una medida eficaz porque puede contribuir a la reducción de un uso abusivo de esta sustancia, así como a modificar normas y pautas sociales y culturales que puedan estar favoreciendo en la actualidad un uso inadecuado (regulación de lugares y horarios de venta, establecer una edad mínima de compra y consumo, regulación de su consumo en lugares públicos, etc.).
  • Establecimiento de medidas relacionadas con el marketing de las bebidas alcohólicas. Desarrollo de planes para la reducción del impacto que este marketing o publicidad puede tener en la población, y, en especial en los más jóvenes.
  • Desarrollo de políticas de regulación de los precios del alcohol. Un incremento de su precio es una medida eficaz para reducir la probabilidad de un uso abusivo del mismo.
  • Establecimiento de medidas para la mitigación de las consecuencias negativas del consumo de alcohol y la intoxicación etílica, como por ejemplo medidas de seguridad el los locales en los que puede consumirse el alcohol, etc.
  • Reducción del impacto en la salud pública del alcohol ilícito y del alcohol de producción informal, a través de la prohibición de la producción de bebidas alcohólicas caseras.
  • Desarrollo de planes de seguimiento y vigilancia con el objetivo de realizar evaluaciones de seguimiento sobre la magnitud del problema, su evolución y la eficacia de las medidas de intervención y prevención que se están aplicando.

Referencia:
World Health Organization (2010). Estrategias para reducir el uso nocivo del alcohol: proyecto de estrategia mundial. Disponible en
http://apps.who.int/gb/ebwha/pdf_files/WHA63/A63_13-sp.pdf.

Más información:
63ª Asamblea Mundial de la Salud – 17-21 de mayo de 2010, Ginebra (Suiza)
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Organización Mundial de la Salud – Reducir el uso nocivo del alcohol, una medida beneficiosa para la salud y para la comunidad
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