Recientemente, a petición de la Fundación Lien, The Economist Intelligence Unit ha elaborado un informe comparativo sobre el estatus quo de los servicios de cuidados paliativos, titulado The quality of death. Ranking end-of-life care across the world.

Este informe, presenta una Índice sobre la Calidad de Muerte, fundamentado en entrevistas mantenidas expertos en la materia y calculado a partir de diferentes variables como cantidad de unidades disponibles, recursos económicos destinados a este fin, accesibilidad, entre otros. De este modo, este Índice ofrece una puntuación general sobre la calidad de muerte que, se divide en cuatro categorías o subíndices específicos:

  • Disponibilidad de servicios básicos de atención al final de la vida en el sistema sociosanitario público del país. Este componente del Índice general explicaría un 20% de la variabilidad hallada en relación con el Índice general sobre Calidad de Muerte.
  • Accesibilidad a dichos servicios, que explicaría el 25% del total del Índice general de Calidad de Muerte de un país.
  • Calidad de los servicios de cuidados paliativos, que explicaría la mayor parte de dicho Índice general (40%).
  • Coste de la atención al final de la vida, que se corresponde con el 15% del Índice de Calidad de Muerte Total.

Así, en el Informe se ha calculado el nivel de calidad de muerte de un total de cuarenta países -30 de ellos pertenecientes a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) y 10 externos a esta Organización-, siendo Reino Unido el que ostenta el primer puesto, con una puntuación media general de 7,9 sobre 10, mientras que España se situaría en el puesto número 26 con 4,2 puntos y por detrás de países como Australia, Nueva Zelanda, Bélgica, Irlanda, Austria, Holanda, Alemania, Canadá o EE.UU, entre otros.

Efectivamente, la mayoría de las personas estamos habituados al concepto de concepto de calidad de vida y, consecuentemente, la mayor parte de los países aceptan dicho constructo, así como han desarrollado planes concretos de actuación para incrementar la calidad de vida de una nación. Sin duda, los avances en los sistemas sanitarios y sociales han permitido grandes mejoras para el bienestar general de las personas, lo cual se ha traducido en una mayor esperanza de vida asociada a un mejor nivel de salud en general.

No obstante, la calidad de vida también tiene la otra cara de la moneda, puesto que las poblaciones, especialmente en los países más desarrollados, están cada vez más envejecidas y, por tanto, también se ha incrementado el número de personas dependientes. En consecuencia, cada vez es más acuciante la necesidad de servicios de cuidados paliativos que ofrezcan una atención de calidad al final de la vida, es decir, que ayuden a morir con dignidad y con el menor sufrimiento posible. Sin embargo, esta necesidad choca con el hecho de que la muerte es un tabú social en la mayoría de las culturas, lo cual constituye un obstáculo al desarrollo de planes concretos para dar respuesta a esta necesidad.

Sin embargo, los datos no son nada esperanzadores, pues, según informa la Worldwide Palliative Care Alliance, sólo el 8% de la población accede a estos servicios, pese a que unos 100 millones de personas (afectados, familias, cuidadores, etc.) podrían beneficiarse de ellos. La realidad, según dice el Informe elaborado por The Econosmist Intelligence Unit, es que son muy pocas las naciones que incluyen una Estrategia de Cuidados Paliativos concreta en su cartera de servicios, a pesar de las instancias elaboradas por diferentes organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud o la Unión Europea.

Claramente, subraya el informe que estamos analizando, su inclusión en el sistema público supondría un incremento de la calidad de los últimos días de la población, pero también repercutiría en un aumento de la calidad de vida de las personas, no sólo las afectadas, sino también sus familiares, cuidadores, etc.

Así, el informe The quality of death. Ranking end-of-life care across the world destaca las siguientes conclusiones y recomendación en relación con los resultados encontrados en su revisión:

1. La estrategia sobre cuidados paliativos desarrollada en el Reino Unido sería el ejemplo a seguir, puesto que es el país que ha logrado una mayor puntuación en el Índice General, así como en la mayoría de las categorías, destacando especialmente en la calidad de estos servicios. Es decir, los datos indican que éste es el país cuya sociedad y clase política estaría más sensibilizada o concienciada sobre este problema, pero también que es el que facilita más la accesibilidad a los fármacos opiáceos para mitigar el dolor, el que presenta una mayor transparencia en la relación doctor-paciente o un mejor sistema de formación teórico-práctica.

A este respecto, como se indicó más arriba, España se sitúa en el puesto número 26. Si bien, como se indica en un reportaje publicado en el periódico El País el pasado mes de agosto, se ha avanzado mucho, también se subraya la necesidad de incrementar el número de unidades públicas de cuidados paliativos y dotar de más recursos a la atención domiciliaria, lo cual, según las declaraciones realizadas por especialistas a dicho medio de comunicación requiere de un mayor número de psicólogos y de trabajadores sociales.

2. La mejora de los servicios de cuidados paliativos implica combatir la actitud negativa hacia la muerte y los tabúes culturales asociados a este momento del ciclo vital. El hecho de que la muerte esté estigmatizada y de que en la mayoría de las culturas constituya un tema prohibido, promueve que los esfuerzos se dedique prioritariamente a la curación y a la medicalización, aún en los casos en los que ya no hay solución posible y que lo único que puede hacerse es ayudar a morir con el menor sufrimiento posible.

3. La atención al final de la vida, según se reflexiona en este informe, en muchas ocasiones se asocia al debate sobre la eutanasia o el suicidio asistido por médicos. No obstante, esto sólo se refiere a un porcentaje muy pequeño de fallecimientos, casos a los que no se refiere el Índice sobre la Calidad de Muerte y, por tanto, no son objeto de este informe.

4. Es fundamental disponer de tratamientos farmacológicos para mitigar y controlar el dolor. Sin embargo, se estima que hasta 5 billones de personas no acceden a ellos. También se requiere el entrenamiento de médicos y enfermeras sobre los protocolos y pautas de administración. A este respecto, en España se ha avanzado mucho, puesto que presenta una muy buena accesibilidad a este tipo de fármacos, administrados siempre por canales controlados y por facultativos preparados para ello.

5. Se requiere una mayor financiación pública para el desarrollo de servicios de atención al final de la vida de calidad. Aunque muchos países disponen de este tipo de servicios, los escasos recursos asignados, hace que dependan enormemente de otros medios de financiación, como las organizaciones caritativas.

6. Además, incrementar la inversión en cuidados paliativos puede suponer un ahorro para el sistema sanitario. Por ejemplo, un estudio realizado en España en 2006 indicaba que la inversión en ayudas para ofrecer una atención domiciliaria de calidad, podría suponer un ahorro hasta de 61%.

7. El reconocimiento a nivel político es fundamental. Sólo 7 países de los analizados tienen una política concreta a nivel nacional sobre este tema y otras 4 lo están desarrollando.

8. Así mismo, se requiere entrenamiento especializado en cuidados paliativos.

Fuentes:

The Economist Intelligence Unit (2010). The quality of death. Ranking end-of-life care across the world. (Disponible en www.qualityofdeath.org).

El País