Pablo Fernández-Berrocal - Universidad de Málaga

Introducción

La Inteligencia Emocional (IE) ha sido propuesta por diversas editoriales publicadas en la prestigiosa revista JAMA como un concepto clave para comprender y organizar las destrezas vinculadas con las habilidades interpersonales y de comunicación en el ámbito de la profesión médica. El olvido de su relevancia tiene un coste muy elevado en la medicina actual como demuestran diferentes investigaciones recientes.

El equipo de Tamblyn llevó a cabo un seguimiento de médicos recién licenciados durante varios años en Canadá (Tamblyn, Abrahamowicz, Dauphinee, et al., 2007). Este estudio mostró una relación entre sus habilidades de comunicación clínica, evaluadas mediante un examen oficial del Consejo Médico de Canadá, y las denuncias posteriores registradas ante las autoridades médicas. En concreto, los médicos cuyos resultados en la prueba de habilidades de comunicación estaban en el cuartil inferior tuvieron un riesgo significativamente mayor de denuncias por parte de los pacientes. El caso de las denuncias médicas puede parecer anecdótico, pero, en este estudio, el 17% de los médicos tuvo al menos una denuncia en un periodo de seguimiento de 10 años. España tampoco ha sido inmune a este proceso iniciado en países como Estados Unidos o Gran Bretaña, como muestra el dato de que las demandas a los profesionales de la medicina se han cuadruplicado en los últimos diez años. 

Estos resultados y similares han provocado que, tanto las universidades como las instituciones médicas, hayan focalizado su atención en la mejora de las habilidades emocionales y sociales del personal médico.

La utilidad de la IE en la medicina

La literatura científica existente ha mostrado su utilidad en cuatro ámbitos (Grewal y Davidson, 2007):

  • En la relación médico-paciente, y en aspectos relacionados con la calidad del cuidado y la satisfacción del paciente.
  • En el rendimiento, el nivel de implicación y satisfacción profesional de los médicos.
  • En los procesos de selección en centros educativos y profesionales médicos, y
  • En el entrenamiento y desarrollo de las habilidades de comunicación clínica.

Ilustraremos con algunos estudios su repercusión tanto en los pacientes como en los profesionales. Un médico con unas adecuadas habilidades de comunicación clínica como ha mostrado el estudio de Tamblyn disminuye el número de demandas recibidas, pero también, como han revelado otros estudios, el grado de adherencia de los pacientes al tratamiento prescrito y su nivel de satisfacción con la consulta (Birks y Watt, 2007).

Por otra parte, un dominio de estas habilidades por parte de los profesionales mejora la precisión y rapidez a la hora de diagnosticar a los pacientes, así como los niveles de satisfacción laboral de los propios médicos. Ambos aspectos, a su vez, suelen estar relacionados en un circuito que se retroalimenta. Como indican los estudios con médicos en formación, estos profesionales sufren con frecuencia síntomas de depresión y burnout que afectan de forma drástica a su rendimiento profesional. Por otra parte, los médicos con más emociones positivas y más felices son más empáticos con sus pacientes y comenten menos errores.

Implicaciones

Estas investigaciones nos llevan a la conclusión de la necesidad urgente de replantearnos los requisitos y competencias mínimas para ser un médico eficaz en el siglo XXI. Diferentes universidades en Estados Unidos están ya incluyendo en los procesos de selección la evaluación explícita de la IE de los médicos en formación para garantizar sus habilidades de comunicación clínica antes de finalizar sus estudios. Esto, a su vez, supone que los médicos en formación son entrenados en estas competencias antes de su incorporación al mundo laboral para evitar o disminuir las consecuencias nefastas previamente resaltadas tanto en los pacientes como en ellos mismos.

España es, por fortuna, uno de los países líderes en la investigación en IE, así como en el desarrollo de programas para mejorar las habilidades emocionales y sociales de las personas tanto en la escuela como en diferentes instituciones y organizaciones públicas como privadas. En este sentido, sería un proceso casi natural poder trasladar este conocimiento sobre el dominio de las habilidades emocionales y sociales a la formación de los profesionales de la medicina para que la calidad de nuestro sistema sanitario siga mejorando al mismo ritmo que los países de nuestro entorno más cercano.

A modo de conclusión

A modo de conclusión, nos gustaría resaltar que la investigación sobre la IE tiene el potencial de enriquecer nuestra comprensión sobre cómo podemos formar a médicos y organizaciones sanitarias de excelencia. El desafío para los próximos años será diseñar programas eficaces para que los médicos del siglo XXI tengan a partes iguales los conocimientos técnicos más evolucionados sobre las enfermedades, así como la IE necesaria para establecer una comunicación clínica efectiva y positiva con sus pacientes.

El artículo original en el que se basa esta noticia puede encontrarse en la revista El Médico:

Fernández-Berrocal, P. (2010). Inteligencia emocional para médicos del siglo XXI. El Médico, 1112, julio 2010, 22-25.

Referencias:

Tamblyn, R., Abrahamowicz, M., Dauphinee, D., et al. (2007). Physician scores on a national clinical skills examination as predictors of complaints to medical regulatory authorities. JAMA, 298, 993-1001.

Grewal, D. y Davidson H. A. (2008). Emotional intelligence and graduate medical education. JAMA, 300, 1200–1202.

Birks, Y. F. y Watt, I. S. (2007). Emotional intelligence and patient-centered care. Journal of the Royal Society of Medicine,100, 368-374.

Sobre el autor:

Pablo Fernández Berrocal. Es Catedrático de Psicología de la Universidad de Málaga. Es el director y fundador del grupo y Laboratorio de investigación sobre Emoción y Cognición de la Universidad de Málaga, así como de otros proyectos de I+D relacionados con la evaluación y el desarrollo de la Inteligencia Emocional. Es coautor entre otros libros de Corazones Inteligentes, Autocontrol Emocional, Desarrolla tu Inteligencia Emocional o Manual de Inteligencia Emocional. Colabora de forma habitual en numerosas revistas científicas nacionales e internacionales. Las principales aportaciones de esta línea de trabajo han sido publicadas en revistas como Cognition and Emotion, Personality and Individual Differences, Journal of Psychopathology and Behavioral Assessment, International Journal of Social Psychology o Behavioral and Brain Sciences. En la actualidad, desarrolla programas de mejora de la Inteligencia Emocional en diferentes ámbitos y organizaciones tanto educativas, sanitarias y empresariales.   

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