Desde hace más de medio siglo, se acepta la definición de salud que, en su día, estableció la Organización Mundial de la Salud (OMS): "la salud es el estado de completo bienestar físico, psíquico y social, y no la mera ausencia de enfermedad". Esta definición supone un hito muy importante, al establecerse una concepción en positivo de la salud y, consecuentemente, determina la importancia de la prevención de la enfermedad y la promoción de estilos de vida saludable, siendo especialmente importante en la población infanto-juvenil, porque ésta es el futuro de la sociedad.

A este respecto, si bien es cierto que ha habido importantes avances en cuanto a la erradicación prácticamente en su totalidad de la mortalidad infantil, gracias a los avances de la medicina, tanto en su nivel asistencial como preventivo. Sin embargo, estos avances, junto con la modificación de los estilos de vida, han supuesto un incremento de la prevalencia de otros problemas de salud donde los factores psicológicos y sociales presentan un carácter nuclear. De hecho, los profesionales de la medicina cada vez demandan más la presencia de psicólogos para el desarrollo de programas de promoción y prevención de la salud y, especialmente, en el área infanto-juvenil.  

 
Ana Isabel Rosa

Para hablarnos de éste y otros temas relacionados, Infocop Online tiene el placer de entrevistar a Ana Isabel Rosa, especialista en psicología de la salud y que, actualmente, es profesora titular en la facultad de psicología de la Universidad de Murcia.

ENTREVISTA

Recientemente, en el periódico La Voz de Galicia, se ha publicado una noticia en la que se reconoce la influencia de los nuevos estilos de vida en el desarrollo físico, social y psicológico de los niños. Como especialista, ¿cuál es la dirección de dicha influencia? ¿Cómo está repercutiendo en dicho desarrollo?

A pesar de que en nuestra cultura occidental, la salud se considera como uno de los valores más apreciados, en la práctica, encontramos que existe un sistema de comportamientos, un estilo de vida (actuaciones y actitudes) que entran en contradicción con el valor de la salud. En concreto, la vida sedentaria, la rapidez, la prisa en la elaboración de las comidas, la competitividad, el consumo de alcohol, de tabaco, etc. son valores que chocan frontalmente con el estilo de vida saludable.

Un comportamiento saludable sería aquel que influye en la probabilidad de consecuencias físicas, sociales, psicológicas inmediatas y que, a largo plazo, supone un mayor bienestar físico y psicológico, así como aumenta la longevidad del sujeto. Algunos de estos comportamientos son: la actividad física regular, las prácticas nutricionales adecuadas, el llevar a cabo comportamientos de seguridad (automóviles, armas, medicamentos, juegos, etc.), la reducción del consumo de drogas, las prácticas adecuadas de higiene (caries, alimentos, manos, tratamiento de basuras, etc.), el desarrollo de un estilo de vida que minimice el estrés, el desarrollo de competencias para establecer relaciones sociales y resolver problemas interpersonales, el cumplimiento de las prescripciones de salud, etc.

Bastantes de estos comportamientos saludables, en muchos casos, están dando paso a los mencionados anteriormente y nada saludables para los adultos y, menos aún, para los niños y adolescentes de nuestra sociedad.

¿Cuáles son los problemas, alteraciones o enfermedades derivadas del estilo de vida más prevalentes en la población infantil?

Los problemas más relevantes que se están presentando en esta población son los relacionados con la nutrición y con la actividad física. Destacamos la obesidad que ha crecido de forma exponencial en algunos países desarrollados, siendo un problema de salud pública muy importante; y, en consecuencia, las enfermedades asociadas al sobrepeso -la diabetes, la hipertensión y el colesterol-. Las prisas del adulto y el consumo de alimentos procesados, la falta de tiempo de las familias que lleva a que los niños pasen horas y horas delante del televisor o de la videoconsola, impidiendo que éste se mueva, corra, se relacione con otros niños; la influencia de los medios de comunicación que nos presentan alimentos y estilos de vida llenos de confort, donde la salud, en muchos casos, se sustituye por la "estética", etc. Todo ello, está favoreciendo que estemos preparando para nuestros niños y jóvenes un terreno en el que la enfermedad crece de forma temprana y merma la calidad de vida de nuestros niños y jóvenes.

¿Cuáles son los abordajes más eficaces? En ellos, ¿cuál es el papel del psicólogo?