David Álvarez-García
Universidad de Oviedo

¿En qué medida los futuros maestros conocen y manejan recursos para la prevención y el tratamiento de problemas de convivencia? ¿En qué medida se sienten satisfechos con la formación recibida al respecto? ¿Es suficiente con la experiencia docente para conocer y manejar estos recursos? Para responder a estas preguntas, se ha evaluado al alumnado de último curso de la Diplomatura de Magisterio de la Universidad de Oviedo -futuros maestros de Educación Infantil y Primaria-, durante el curso académico 2008/2009.

En cuanto a la primera pregunta, los resultados obtenidos muestran un conocimiento pobre de ciertos recursos para la prevención y el tratamiento de los problemas de convivencia escolar.

Los futuros maestros reconocieron desconocer especialmente instrumentos para la evaluación de la convivencia escolar, legislación educativa sobre convivencia escolar y ciertos elementos de la organización escolar implicados en la convivencia. En cuanto a esto último, el alumnado evaluado informó tener un escaso conocimiento de documentos del centro, como el Plan Integral de Convivencia o el Plan de Acogida, así como de ciertos órganos y profesionales implicados en la convivencia escolar, como el técnico especialista en Servicios a la Comunidad, la Comisión de Convivencia, la Inspección educativa o colectivos del entorno que trabajan en la prevención de la violencia escolar.

Hay otros recursos para la convivencia escolar ante los cuales, los futuros maestros evaluados, muestran un mayor conocimiento que hacia los anteriores, siendo, sin embargo, aún bastante mejorable. Entre ellos, se encuentran cómo detectar situaciones de acoso escolar (bullying) y posibles trastornos de comportamiento; técnicas basadas en la Educación en Resolución de Conflictos, como la asamblea de aula, el consenso de normas, la mediación escolar o los programas de "alumnos ayudantes"; y habilidades para el manejo de conflictos, como las habilidades de comunicación, de autocontrol emocional y de resolución de conflictos a través de la negociación o de la mediación.

Por último, hay ciertos recursos para la convivencia escolar y el manejo de la clase que el alumnado dice conocer especialmente, sobre todo ciertas técnicas conductuales, como el uso adecuado de reforzadores y la economía de fichas; dinámicas de grupo; y el aprendizaje cooperativo. Sin embargo, respecto a este último, cuando se les pregunta por una técnica concreta como es el "rompecabezas" o "jigsaw" de Aronson, en su gran mayoría informan desconocerla.

En cuanto al segundo objetivo, el alumnado evaluado se muestra en su mayoría poco satisfecho con la formación recibida. Un 35,7% se muestra poco satisfecho, frente al 15,1%, que se muestra bastante o muy satisfecho.

En relación con el tercer objetivo, los resultados obtenidos muestran que recibir una formación satisfactoria sobre convivencia escolar da lugar a un mayor conocimiento de recursos para su prevención y tratamiento, pero que la experiencia docente adicional no garantiza, en sí misma, un mayor conocimiento de estos temas. La experiencia docente puede dar lugar a una mayor seguridad y confianza en la forma de impartir las clases y en el trato al alumnado, dominando mejor el discurso expositivo, haciéndole más preguntas durante las clases, ofreciéndole más feedback, dando una visión más global de la materia, etc., pero no implica necesariamente un mayor conocimiento de legislación, técnicas o documentos de centro específicos o novedosos. De hecho, el Decreto 249/2007, la mediación escolar o el Plan Integral de Convivencia, -por poner algunos ejemplos-, no han resultado ser significativamente más conocidos por el profesorado en formación, con más de dos años de experiencia docente ajena a las prácticas, que por el que carece de esa experiencia. Una correcta formación se revela, por lo tanto, necesaria para conocer qué son y en qué consisten estos recursos. La práctica, por su parte, favorecerá la seguridad y la destreza en su aplicación y manejo y servirá de base para una valoración crítica de los mismos. Formación y experiencia tienen un papel complementario y necesario de cara a la eficacia docente.

Los resultados obtenidos en la muestra manejada son coincidentes con los obtenidos en estudios previos realizados en otras universidades con inquietud por explorar este aspecto de la formación inicial del profesorado, tanto en nuestro país (Granada, Huelva,...) como fuera de él (Londres, Ohio, Arizona,...). Estos estudios previos, realizados con muestras locales, ya advertían que, a pesar de la importancia que los futuros docentes conceden al problema de la violencia escolar, éstos presentan carencias en su conocimiento del fenómeno y también sobre cómo actuar sobre él. Advertían, asimismo, de la baja competencia percibida por los futuros docentes en cuanto a su capacidad para abordar los problemas de convivencia y su demanda de una mayor formación en este ámbito.

En este contexto, cobra una especial relevancia el papel de los profesionales de la Psicología de la Educación. Por un lado, deben ofrecer al profesorado una adecuada formación en el ámbito de la convivencia escolar, tanto inicial como permanente, dándole a conocer los recursos más actuales y eficaces en cada momento. Por otro lado, resulta fundamental el asesoramiento por parte de los miembros de los Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica y de los Departamentos de Orientación a sus compañeros docentes en cuanto a los recursos más eficaces para la mejora de la convivencia y el manejo del aula.

El artículo completo se puede encontrar en la revista European Journal of Education and Psychology:

Álvarez-García, D. (2010). La formación inicial de los futuros maestros en recursos para la convivencia escolar y el manejo del aula. European Journal of Education and Psychology, 3 ,2, 187-198.