Jerónima Vázquez-Ortiz(1), Rosario Antequera(2) y Alfonso Blanco Picabia(3)
(1)Asociación Oncológica Extremeña y Centro Universitario Santa Ana, (2)Facultad de Psicología de la Universidad de Sevilla y (3)Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla

Si centramos la preocupación principal en la supervivencia, pueden parecer secundarias ciertas cuestiones como el miedo a la desfiguración física, el sentimiento de pérdida de atractivo sexual, el miedo al rechazo por parte de la pareja o la alteración de las relaciones íntimas. Este planteamiento, unido a la dificultad comunicativa en lo referente a aspectos íntimos y/o sexuales, puede conducir a muchas mujeres mastectomizadas o a sus parejas a no expresar abiertamente estas preocupaciones y a no utilizar estrategias de afrontamiento activas para superarlas. De esta manera, los problemas relacionados con el impacto negativo sobre la imagen corporal y la vida sexual pueden cronificarse, condicionando en el tiempo el bienestar personal, de la pareja y la calidad de vida. Conocer en profundidad este tipo de reacciones ante la mastectomía por cáncer de mama, así como la evolución de las mismas a través del tiempo, nos ayudará a saber cómo y cuándo debemos intervenir para ayudar a superarlos. Éste ha sido el objetivo principal de nuestro estudio, en el que participaron numerosas mujeres, unas habían sufrido reciente la mastectomía radical y otras habían superado el primer año tras la operación.

De nuestro trabajo se desprende que la mastectomía por cáncer de mama se asocia a mayor incidencia de actitudes negativas en relación al propio cuerpo, como son la devaluación del sentimiento del atractivo físico y los sentimientos negativos en torno a la propia desnudez. Así mismo, algunos aspectos importantes de la sexualidad se alteran por cuanto se producen cambios negativos en el nivel de interés sexual, en la frecuencia de contactos íntimos con la pareja y en la incidencia de casos en los que la pareja deja de acariciar o besar la zona del pecho como parte del juego sexual. Los cambios en la imagen corporal y en la sexualidad están asociados entre sí, así como al miedo al rechazo por parte de la pareja y a la falta de comunicación adecuada entre ambos en lo referente a estos temas íntimos.

Con respecto a la evolución de estos problemas en el tiempo, de nuestros resultados se desprende que los aspectos psicosexuales y de la imagen corporal, que se alteran tras la mastectomía por cáncer de mama, no mejoran con el tiempo y perduran transcurrido el primer año desde la operación hasta, al menos, los cinco años siguientes desde la realización de la misma, si no se realiza ningún tipo de terapia psicológica.

De esto, se deduce la importancia de realizar intervenciones psicoterapéuticas y psicoeducativas, individuales y/o grupales, donde se aborden de forma general la adaptación emocional a la enfermedad y, de forma específica, los problemas concretos asociados a la imagen corporal y al ajuste psicosexual. Dichas intervenciones deberían realizarse, como parte del protocolo terapéutico, a todas las mujeres tratadas por cáncer de mama ya desde los primeros días después de la intervención o, incluso, antes, como preparación al impacto de la misma.

Las intervenciones psicológicas más inmediatas después de la cirugía radical, además de abordar la adaptación emocional, deben estar dirigidas a fomentar el ajuste psicosexual y a mejorar las actitudes en torno a la imagen corporal; en este trabajo terapéutico hay que involucrar necesariamente a la pareja. Es un error pensar que no es momento para preocuparse por esos temas, porque lo cierto es que esas preocupaciones existen en muchas pacientes y en sus compañeros, aunque no se expresen abiertamente. Por un lado, las intervenciones deben ir encaminadas a la adaptación a las nuevas sensaciones corporales de la zona del pecho (p.ej., tacto de la cicatriz) y la nueva imagen corporal (p.ej., acostumbrarse a verse desnuda). De otro lado, el trabajo terapéutico debe ir encaminado a la prevención y abordaje de temores y preocupaciones en torno a la reanudación de las relaciones y al miedo al rechazo por parte del compañero (los cuales se producen en un porcentaje elevado de mujeres, como se puso de manifiesto en nuestro trabajo). En este sentido, se puede fomentar la comunicación sexual dentro de la pareja en lo relacionado con temas como los siguientes: cuándo es más conveniente reanudar las relaciones sexuales, en su caso, cuáles son los motivos para esperar, cuáles son los temores, suposiciones e ideas que cada uno guarda interiormente, qué piensa cada uno sobre lo que la mastectomía puede, o no, hacer cambiar las relaciones sexuales y las conductas sexuales habituales entre ellos, etc. Es muy probable que el diálogo despeje temores, alivie preocupaciones y aclare los sentimientos, fomentando la intimidad afectiva y física en la pareja.

Una vez conseguidos los anteriores objetivos terapéuticos, sería conveniente trabajar sobre la prevención de ciertas actitudes que suelen provocar malestar, aversión o evitación como son las relacionadas con las caricias sexuales en la zona del pecho. Diferentes técnicas de habituación o desensibilización, aplicadas poco tiempo después de la operación, conseguirán que tanto la paciente como su pareja se acostumbren mejor a las nuevas sensaciones táctiles del pecho, de manera que las mismas puedan seguir siendo una fuente de estimulación afectiva y sexual. De este modo, la zona pectoral podría llegar a ser considerada como cualquier otra zona del cuerpo, con su aspecto y sensaciones físicas particulares, sin que se evite de forma sistemática porque recuerde a la enfermedad y genere malestar. Es importante fomentar el uso de las caricias entre los miembros de la pareja como parte esencial del juego sexual, de manera que se pueda seguir disfrutando de la intimidad sexual igual que antes de que la enfermedad oncológica hiciera aparición en sus vidas.

El artículo original se puede encontrar en la revista Psicooncología:
Vázquez-Ortiz, J., Antequera, R. y Blanco A. (2010): Ajuste sexual e imagen corporal en mujeres mastectomizadas por cáncer de mama. Psicooncología, 7(2-3), 433-451.

Sobre los autores:

Jerónima Vázquez Ortiz. Es Doctora en psicología por la Universidad de Sevilla y profesora titular del Centro Universitario Santa Ana (adscrito a la Universidad de Extremadura). De otra parte, trabaja para la Asociación Oncológica Extremeña (AOEx) ejerciendo su labor como psicooncóloga en la Unidad de Onco-Hematología del Área de Salud Llerena-Zafra del Servicio Extremeño de Salud. Sus líneas de investigación se centran en la psicología de la salud y la psicooncología.

Rosario Antequera Jurado. Es Doctora en psicología y profesora titular de Universidad del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos de la Universidad de Sevilla. Sus líneas de investigación se centran en la evaluación y el tratamiento psicológico en los ámbitos de la psicología de la salud, la psicogerontología y la psicología de la reproducción.

Alfonso Blanco Picabia. Es catedrático de psiquiatría de la Universidad de Sevilla. Fundador y ex-presidente de la Sociedad Española de Psicooncología. Actualmente, es también responsable de la Unidad de Psicología del Departamento de Psiquiatría (Hospital Virgen Macarena de Sevilla). Ha sido director de varias tesis doctorales sobre intervención psicológica en pacientes oncológicos y autor de diversos trabajos sobre psicooncología. 

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