Mónica Romero-Sánchez y Jesús L. Megías
Universidad de Granada

Según el Informe Mundial sobre Violencia y Salud (2003), la violencia sexual puede definirse como "todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de ésta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo".

A pesar de que las mujeres corren un mayor riesgo de sufrir violencia por parte de sus parejas que por otras personas, la violencia sexual infligida fuera de la pareja es común en numerosos escenarios, siendo la prevalencia entre estudiantes universitarios de especial relevancia. En EEUU, por ejemplo, se estima que aproximadamente un cuarto de las violaciones ocurre entre universitarios (U.S. Bureau of the Census, 1996).

Uno de los factores de riesgo que mayor interés ha despertado en torno a las agresiones sexuales entre universitarios es el uso-abuso de alcohol. El alcohol es señalado como uno de los factores de mayor riesgo en la ocurrencia de violaciones y está presente en una amplia proporción de incidentes sexuales: la mitad de las agresiones sexuales son cometidas por hombres que previamente habían ingerido alcohol mientras que, en el caso de las mujeres, entre un 30% y un 79%, declaran haber ingerido alcohol al mismo tiempo que su agresor (Abbey, Ross y McDuffie, 1994).

A pesar del gran número de agresiones sexuales que ocurren diariamente en el mundo, se estima que sólo se denuncian entre un 10% y un 16% (Echeburúa, 1994). Una de las razones por las cuales las mujeres no informan de tales delitos es debido a los estereotipos de género que subyacen a la violencia sexual. Los estereotipos sobre las víctimas de violación incluyen afirmaciones tales como "ella incitó a su agresor" o "interiormente disfrutó de la experiencia". Aquellas mujeres que sienten que estos estereotipos les son aplicados tienden, en menor medida, a reconocer y etiquetar la experiencia sufrida de agresión sexual. Dichos estereotipos sobre la víctima son denominados Mitos sobre la Violación y han sido definidos, recientemente, como "creencias descriptivas o prescriptivas sobre la violación (sobre sus causas, contexto, consecuencias, agresores, víctimas y la interacción entre ellos) que sirven para negar, minimizar o justificar la violencia sexual que los hombres ejercen sobre las mujeres" (Bohner, 1998).

En el estudio que aquí se presenta se plantearon tres objetivos principales: 1) conocer la incidencia en la población universitaria española de la estrategia de los chicos de dar alcohol a las chicas para facilitar su aceptación a mantener contactos sexuales; 2) estudiar el efecto que ejercen los mitos sobre la violación en las valoraciones que realizan los propios universitarios/as sobre el uso de esta estrategia; y 3) conocer la valoración social de las chicas que beben alcohol cuando se encuentran interaccionando con chicos en contextos de fiesta.

En esta investigación participaron 349 estudiantes pertenecientes a la Universidad de Granada. Los resultados encontrados, en relación a la incidencia del uso de alcohol, mostraron que el 28% de los chicos encuestados reconoció haber invitado alguna vez a una chica a copas para conseguir mantener contactos sexuales con ella. Por su parte, el 44% de las chicas indicó haber sufrido esta práctica en alguna ocasión.

Sobre la valoración del uso de esta estrategia, se encontró que los chicos y, en general, aquellas personas (chicos y chicas) que poseían más mitos sobre la violación, rechazaron menos el uso del alcohol como forma de conseguir mantener contactos sexuales con una chica. De igual forma, se observó que los chicos, más que las chicas, y quienes sostenían mitos sobre la violación, percibían como más "promiscuas" a aquellas chicas que aceptaban tomar alcohol cuando se encontraban interaccionando con chicos.

Los resultados encontrados en este estudio aportan nuevos datos sobre la incidencia de conductas sexualmente coercitivas entre la población universitaria española, conductas como la de dar alcohol para conseguir mantener relaciones sexuales. Dicha conducta o estrategia puede no ser considerada como una conducta explícita de agresión sexual pero conlleva un debilitamiento de la capacidad de las mujeres para resistirse a una interacción sexual no consentida, facilitando al agresor conseguir su objetivo.

Finalmente, los hallazgos sobre la percepción de las chicas que ingieren alcohol en contextos determinados, sugieren la pervivencia del "doble estándar" en relación a la ingesta de alcohol por parte de hombres y mujeres. Así, en el caso de las mujeres, el consumo de alcohol en contextos de fiesta sigue asociada a intenciones sexuales, de tal forma que dicha ingesta incrementaría su responsabilidad percibida sobre lo que pudiera sucederle (por ejemplo, una agresión sexual), pero no ocurre lo mismo en el caso de los hombres, siendo éstos considerados menos responsables de sus acciones debido a una pérdida de control por la ingesta de alcohol.

Estos resultados sugieren la importancia de poner en marcha pautas para programas y campañas de prevención que conciencien a los jóvenes de que el uso de estrategias implícitas o sutiles (p.e. invitaciones a ingerir alcohol) para conseguir mantener relaciones sexuales, no dejan de ser formas de minar la capacidad de las mujeres para decidir libremente sobre su sexualidad. Por otro lado, también sería necesario desmitificar aquellas creencias que no hacen sino apoyar valoraciones que justifican la ocurrencia de agresiones sexuales (p.e. pensar que una chica que acepta invitaciones a beber alcohol es responsable de lo que le ocurra por "haberse puesto en peligro") con la consecuente culpabilización de la víctima y exoneración del agresor.

El artículo original puede encontrarse en la revista The Spanish Journal of Psychology:

Romero-Sánchez, M. y Megías, J.L. (2010). Alcohol use as a strategy for obtaining nonconsensual sexual relations: incidence in spanish university students and relation to rape myths acceptance. The Spanish Journal of Psychology, 13, 2, 864-874.

Referencias: