Infocop Online continúa con su sección de En Portada sobre la prevención de las alteraciones del comportamiento alimentario en la población infantojuvenil. Por ello, a continuación, se presenta un artículo en el que se realiza una exhaustiva revisión sobre los programas de prevención de carácter integral para las alteraciones relacionadas con la alimentación y el peso.

David Sánchez-Carracedo y Gemma López-Guimerà
Universitat Autònoma de Barcelona

El espectro de los problemas relacionados con la alimentación y el peso (PRAP). Razones para una aproximación integrada

Aunque hasta la fecha las investigaciones en los campos de la prevención de la obesidad y de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) han seguido caminos separados, investigadores de ambos campos hemos comenzado a reconocer los beneficios que podrían derivarse de una aproximación integrada a la prevención de los denominados problemas relacionados con la alimentación y el peso (PRAP), los cuales incluirían los TCA, comportamientos anoréxicos y bulímicos (tales como ayuno, vómito o uso de laxantes, diuréticos y fármacos), conductas no saludables de control del peso (tales como dietas restrictivas sin supervisión médica), insatisfacción corporal, sobrepeso y obesidad (BodyWise and BodyWorks, 2005; Neumark-Sztainer, 2003; Shaw, Ng y Stice, 2007).  

Se han esgrimido razones tanto de tipo conceptual como práctico para contemplar este conjunto de problemas como parte de un mismo continuo y para desarrollar intervenciones dirigidas a prevenir de forma integrada este amplio espectro de alteraciones. Una importante razón de tipo conceptual es la co-ocurrencia de estos problemas. Resultados de estudios transversales y longitudinales sugieren que las personas pueden presentar más de uno de estos trastornos simultáneamente y que pueden progresar de uno a otro a lo largo del tiempo (Fairburn, Welch, Doll, Davies y O’Connor, 1997; Field et al., 2003; Neumark-Sztainer, Story, Hannan, Perry e Irving, 2002; Neumark-Sztainer et al., 2006, 2007). Otra razón conceptual es que se han identificado posibles factores de riesgo comunes para este conjunto de alteraciones. Entre ellos: (1) factores individuales, como el seguimiento de dietas y de conductas no saludables de control del peso, uso de medios de comunicación y la interiorización de los mensajes e imágenes que éstos transmiten, insatisfacción corporal, preocupaciones relacionadas con el peso y la apariencia, burlas relacionadas con el peso, y autoestima; (2) factores familiares y del grupo de pares, tales como patrones de comidas familiares, modelado de seguimiento de dietas y exposición a burlas; (3) factores escolares y comunitarios, tales como actitudes relacionadas con la alimentación y el peso de entrenadores y profesores y disponibilidad de alimentos; y (4) factores sociales, tales como normas para el "cuerpo ideal", discriminación por el peso y mensajes mediáticos relacionados con la alimentación, la actividad física y la imagen corporal (Day, Ternouth y Collier 2009; Haines y Neumark-Sztainer, 2006; Hill, 2007; Neumark-Sztainer, 2005, 2007, 2009; Neumark-Sztainer et al., 2006, 2007).

Con respecto a las razones de tipo práctico, comenzaremos señalando la posible falta de coherencia entre los mensajes preventivos transmitidos en ambos campos (Neumark-Sztainer, 2003). Los jóvenes pueden verse confundidos si, por un lado, en las intervenciones dirigidas a prevenir la obesidad evaluamos su índice de masa corporal (IMC) y los animamos a restringir el consumo de grasa y a hacer más ejercicio, mientras que, por el otro, en los programas de prevención de los TCA, se insiste en que el peso corporal está genéticamente determinado y que es difícil de cambiar, que debemos aceptar nuestro peso y figura corporal, que no hay alimentos prohibidos y que deben evitar realizar dietas restrictivas. Tales contradicciones pueden hacer que los educadores en la salud perdamos credibilidad frente a nuestra audiencia (Neumark-Sztainer, 2003; O’Dea, 2005). En este sentido, el creciente interés político y sanitario en el campo de la prevención de la obesidad, con un foco situado en la dieta, la actividad física y el control del peso, podría, de forma no intencionada, tener efectos negativos en áreas tales como la imagen corporal, el seguimiento de dietas, las burlas relacionadas con el peso y la apariencia, la obsesión con el peso y otros factores de riesgo de los TCA, malogrando los esfuerzos y desarrollos realizados en el campo de la prevención de los TCA y de la insatisfacción corporal (Neumark-Sztainer et al., 2006; O’Dea, 2005; Striegel-Moore, 2001). Es cierto que esta cuestión es motivo de controversia (ej. Schwartz y Henderson, 2009) y que algunos autores defienden que resulta prematuro afirmar que la prevención de la obesidad pueda tener tales efectos iatrogénicos, pues las variables relacionadas con estas alteraciones se han evaluado muy pobremente en los programas de prevención de la obesidad (Carter y Bulik, 2008). En nuestra opinión, precisamente por esta razón, y guiándonos por la máxima primero no hacer daño, no deberíamos descartar este posible efecto y deberíamos evaluar con mayor precisión y claridad variables de interés para ambos campos en los programas preventivos. Finalmente, otra razón de tipo práctico para la integración de ambos campos es que implementar programas dirigidos a prevenir el amplio espectro de los PRAP sería más eficiente, en cuanto a la relación costes-beneficios, que continuar administrando programas separados, reduciendo así costes en términos de tiempo, materiales y formación de profesionales (Irving y Neumark-Sztainer, 2002; Neumark-Sztainer, 2007).

Desarrollos en el campo de la prevención de los TCA