Bajo el lema La Psicología Clínica y de la Salud Actual: Tratamientos y Oportunidades para la Profesión, la Sociedad Española para el Avance de la Psicología Clínica y de la Salud. Siglo XXI (SEPCyS) celebrará la octava edición de su reunión anual los próximos días 13 y 14 de mayo en Madrid.

Entre los principales temas que se abordarán en este evento, se dedicará una atención especial al problema de la violencia en las relaciones interpersonales y a su tratamiento psicológico y, para ello, contará con la participación de especialistas de gran prestigio internacional como, Daniel O´Leary, profesor en la Universidad de Stony Brook de Nueva York. A este respecto, Infocop Online entrevista en primicia al profesor O´Leary, quien, como experto en la materia, nos habla sobre el tema que abordará en la conferencia inaugural de la VIII Reunión de la SEPCyS, titulada "El estado actual de la agresión hacia la pareja".

 
Daniel O´Leary

ENTREVISTA

En relación con el problema de la violencia de pareja, la evidencia empírica está demostrando que existen indicadores de estas conductas desde las primeras relaciones sentimentales. ¿Cuáles son los principales factores de vulnerabilidad? ¿Cómo se desarrolla y se consolida una situación tan problemática como esta?

Tradicionalmente, el factor de riesgo sobre el que existe un mayor conocimiento es el hecho de haber experimentado situaciones de violencia en la propia familia de origen, bien como observador bien por haber sido víctima de maltrato físico. Sin embargo, en relación con los resultados encontrados en el meta-análisis realizado por el equipo de Sandra Stith, ahora sabemos que, aunque la violencia en la familia de origen constituye un factor de riesgo significativo, su capacidad predictora de la aparición de situaciones de maltrato en la pareja es pequeña. Otros factores de riesgo importantes, encontrados en un estudio realizado en una muestra representantiva de la población norteamericana, han sido la presencia desde edades muy tempranas de un consumo abusivo de alcohol y/o el diagnóstico de trastorno explosivo intermitente. Además, el uso temprano de violencia física hacia una pareja, incluso antes del matrimonio, constituye otra variable de riesgo significativa. Finalmente, tanto el maltrato psicológico hacia la pareja como las desavenencias en el matrimonio constituyen también importantes factores de vulnerabilidad para la violencia de pareja.

En consecuencia, invertir recursos en la prevención de este problema es fundamental. A su juicio, ¿cómo deberían ser los programas de prevención de la violencia de género para optimizar su eficacia y eficiencia?

La prevención de la violencia en la pareja y del abuso psicológico puede iniciarse desde diferentes contextos. La agresión física hacia la pareja tiene lugar en, aproximadamente, el 30% de los estudiantes de educación secundaria y universitaria, tanto en EEUU como en España, tal y como han demostrado en sus investigaciones los profesores Marina Muñoz-Rivas y José Luis Graña. En consecuencia, estos datos justificarían la necesidad de desarrollar programas para la prevención de la violencia de pareja, dentro de los currículos de educación para la salud, desde la fase de noviazgo, en los institutos de enseñanza secundaria. Además, algunos adolescentes presentan un mayor riesgo de desarrollar otros tipos de comportamiento agresivo hacia pareja más serios; estos chicos se encuentran, a menudo, en clases o centros escolares especiales para personas con problemas del conducta o de tipo emocional, y requieren ayuda en el desarrollo de habilidades de relación interpersonales y en la comprensión de lo que es una relación de pareja saludable.

Por otro lado, las personas casadas con dificultades en su relación constituyen otro grupo que, con frecuencia, nos solicita ayuda en relación con sus problemas de pareja. A este respecto, en nuestra revisión sobre este tema (Jose y O´Leary, 2009), se evidenció que alrededor del 40%-60% de los matrimonios que acuden a terapia de pareja presentan, en algún grado, agresión física y, en dichos comportamientos violentos, habitualmente están implicados ambos miembros de la pareja.

¿Cuáles deberían ser los componentes de estos programas?

En cuanto a los componentes de los programas para prevenir o reducir la agresión física en la pareja, hay muchos aspectos a destacar, y es imprescindible reconocer que diferentes niveles e intensidades de agresión física requieren diferentes niveles e intensidades de intervención. En mi opinión, tener un único programa para todos los hombres (o para todas las mujeres) que presentan un problema relacionado con la violencia en la pareja, simplemente, no tiene ningún sentido, y las altas tasas de abandono que se encuentran en los programas de tratamiento para hombres maltratadores en EEUU, con frecuencia, parecen deberse al hecho de que muchos de ellos no aceptan que dichos programas de intervención o de tratamiento se ajusten a ellos. En primer lugar, como mínimo, debería haber intervenciones para aquellos hombres que presentan un nivel grave de maltrato, que sean obligatorios por la vía legal. En segundo lugar, debería haber tratamientos específicos para hombres y mujeres que necesitan apoyo psicológico para aprender a manejar su ira y para desarrollar estrategias de autocontrol emocional, así como para hombres y, ocasionalmente, mujeres que tienen conductas esporádicas de agresión física y niveles de agresión psicológica altos. En tercer lugar, debería haber programas específicos para parejas que presentan niveles bajos de agresión física, donde no hay lesiones y donde la mujer no teme a su marido.