La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado sobre la necesidad de poner en marcha programas de prevención para disminuir la incidencia de enfermedades crónicas no contagiosas (entre las que se encuentran las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias y la diabetes), ya que suponen el 63% de las causas de fallecimiento en todo el mundo y, en conjunto, la causa más prevalente de defunción.

Así lo establece en el informe Global status report on noncommunicable diseases (Informe sobre el estado mundial de las enfermedades no contagiosas), que la OMS acaba de dar a conocer y en el que delimita el punto de partida en el que se encuentra el estado de la cuestión, así como proporciona una serie de consejos y recomendaciones para frenar el avance de las enfermedades crónicas no contagiosas, basándose en datos estadísticos, en los resultados de la evidencia científica y en ejemplos de buenas prácticas.

Según advierte la OMS, si no se establecen medidas eficaces para prevenir la incidencia de este tipo de patologías se calcula que, en el año 2030, supondrán la muerte a cerca de 52 millones de personas.

Durante la presentación del informe, que tuvo lugar el pasado 27 de abril de 2011, Margaret Chan, directora general de la OMS, señaló que "el aumento de las enfermedades crónicas no contagiosas representa un enorme reto" para los gobiernos, e incluso anunció que "para algunos países no es exagerado describir la situación como un desastre inminente, un desastre para la salud, la sociedad y sobre todo para las economías nacionales".

Tal y como se indica en el informe, dentro del conjunto de enfermedades crónicas no contagiosas, las enfermedades cardiovasculares suponen la principal causa de fallecimiento (traduciéndose en cerca de 17 millones de muertes al año), seguidas del cáncer (7,6 millones), las enfermedades respiratorias (4,2 millones) y la diabetes (1,3 millones). Estos cuatro grupos de enfermedades son los responsables del 80% de todos los fallecimientos por enfermedades crónicas no contagiosas, constituyendo, hoy en día, las mayores amenazas para la salud de la población, con consecuencias similares a las enfermedades infecciosas: su impacto afecta negativamente al desarrollo económico y social, a nivel comunitario, nacional y mundial.

Además, las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y los problemas respiratorios crónicos comparten un conjunto de factores de riesgo, como son el consumo de tabaco, una vida sedentaria, el abuso de alcohol y una alimentación inadecuada, y "existe evidencia inequívoca y contundente que pone de manifiesto que estas patologías son prevenibles en gran medida" (pág. 84). En este sentido, y tal y como cita el documento de la OMS, se podrían prevenir millones de muertes si se empleasen mayores esfuerzos en medidas de prevención, tales como la promoción de hábitos de vida saludables (ejercicio físico, dieta equilibrada, etc.), medidas de restricción del consumo de alcohol y tabaco y la mejora del acceso de la población a los servicios de salud.

En el informe, la OMS insiste en la necesidad de establecer una aproximación comprehensiva en los programas de prevención de estas enfermedades, dado que:

  • En cualquier país, la mayor parte de la población está expuesta de manera moderada a los factores de riesgo para el desarrollo de las enfermedades no contagiosas y una minoría se encuentra situada como grupo de alto riesgo. Si se observa en conjunto, el grupo de población de riesgo moderado contribuye en mayor medida al peso de las enfermedades no contagiosas, que el grupo de riesgo elevado. Por este motivo, las estrategias comprehensivas de prevención de estas patologías deben combinar dos tipos de aproximaciones: las intervenciones de salud pública dirigidas a reducir la incidencia de factores de riesgo en la población general y las intervenciones sanitarias enfocadas específicamente a los individuos de alto riesgo.

  • Tanto los programas de prevención primaria dirigidos a la población general como las estrategias sanitarias individuales son imprescindibles para reducir estas enfermedades crónicas y su impacto en la salud. Por ejemplo, los países que han registrado el mayor descenso en la incidencia de enfermedades cardiovasculares han alcanzado, a su vez, mejoras en los índices de supervivencia de los pacientes que han sufrido un problema cardiovascular, debido a la prevención dual y a los programas de tratamiento.

  • Los factores de riesgo están presentes en cualquier edad y es muy problable que determinadas conductas de riesgo se adopten de manera temprana. Por este motivo, se deben llevar a cabo estrategias de prevención a largo plazo, comprehensivas, para disminuir la exposición a los factores de riesgo que inciden en el desarrollo de este tipo de problemas, comenzando en la educación primaria y continuando en la etapa adulta y en la tercera edad.

El énfasis de la OMS en impulsar medidas de prevención de las enfermedades crónicas no contagiosas y de promoción de hábitos de vida saludables, pone de manifiesto el importante desarrollo y protagonismo que está alcanzando la psicología de la salud en el diseño de las políticas sanitarias. La psicólogos, como expertos en el estudio de los factores de riesgo y de protección, así como en la modificación de hábitos de conducta, están realizado valiosas contribuciones en este campo, como, por ejemplo, elaboración de manuales y protocolos de intervención para abandonar el consumo de tabaco, diseño de programas de educación para la salud con el fin de promocionar la práctica del ejercicio físico y una alimentación adecuada entre los escolares o programas de intervención para la hipertensión esencial, entre otros.

El informe Global status report on noncommunicable diseases, que se enmarca dentro del Plan de Acción 2008-2013 de la OMS para el establecimiento de una Estrategia Mundial para la Prevención y el Control de las Enfermedades No Contagiosas, se puede consultar a través de la página Web de la OMS.