Con el objetivo de abordar los problemas y retos futuros a los que se enfrenta la neuropsicología en España, Infocop ha entrevistado a Pablo Duque San Juan. Pablo Duque ha ejercido su labor como neuropsicólogo clínico en el Servicio de Neurología del Hospital Universitario Virgen Macarena, fundando el Programa de Neuropsicología Clínica (un programa de innovación sanitaria reconocido oficialmente) y creando el Plan de Deterioro Cognitivo del Servicio Extremeño de Salud (PIDEX), -primer plan que introdujo neuropsicólogos en la sanida pública-. Así mismo, también ha trabajado en la Unidad de Deterioro Cognitivo y Demencias del Hospital Reina Sofía de Córdoba y actualmente trabaja como director de formación de la Fundación Instituto Valenciano de Neurorrehabilitación, del Centro de Daño Cerebral NISA Vinalopó y del Servicio de Daño Cerebral NISA Aguas Vivas, siendo coordinador de Neurorrehabilitación Pediátrica en este último.

ENTREVISTA

La neuropsicología es una rama relativamente reciente, pero con un gran desarrollo y expansión. ¿Cuáles han sido las principales aportaciones de la neuropsicología al ámbito del deterioro cognitivo?

Esta pregunta es difícil de contestar. Si entendemos por deterioro cognitivo el "menoscabo" de una o más funciones neurocognitivas, no sólo nos estamos centrando en el ámbito de la demencia sino de cualquier evento cerebral, ya sea estructural o funcional, que provoque alteración neuropsicológica, introduciendo trastornos neurovasculares, tumorales o traumáticos. Sin embargo, si nos centramos en el ámbito de la demencia, el campo se nos estrecha y la pregunta es más fácil de centrar. Quizá podríamos diferenciar lo que la neuropsicología ha aportado en el conocimiento teórico, -ámbito de la neuropsicología experimental o cognitiva-, y en el ámbito principalmente clínico, que es en el que siempre he trabajado.

En el ámbito clínico, son tres las aportaciones que yo destacaría. En primer lugar, el conocimiento de patrones neurocognitivos que sirven al neurólogo para centrar el diagnóstico de demencia, -no olvidemos que el diagnóstico de demencia es un diagnóstico neurológico y un neuropsicólogo no debe ni puede hacerlo-, y, con ello, la aparición de instrumentos de cribado, focales (de cada función), o extensos, que le hacen posible al neuropsicólogo el mejor abordaje de exploración y diagnóstico en este campo. En segundo lugar, las terapias de estimulación neurocognitiva. En este ámbito, y escapando de las fiebres pseudocientíficas y mesiánicas del Brain Training, encontramos avances en mejores terapias para retrasar la evolución de la enfermedad que, junto a los acetilcolinesterásicos y otros fármacos para la demencia, ayudan al paciente a conservar mejor su función cognitiva. En tercer lugar, y último, toda la innovación mediante nuevas tecnologías. En este sentido no sólo estamos hablando de incorporar Kinect, Wii, Pantallas Táctiles y otros para la ejercitación neurocognitiva, sino también en el ámbito del diagnóstico clínico.

¿Cuáles son, actualmente, las principales líneas de investigación e intervención en este campo?

Hace poco hice una búsqueda en PubMed y encontré que se han publicado unos seis mil artículos sobre demencia sólo en el último año. Si nos metemos, por ejemplo, en la página www.clinicaltrials.gov del Instituto Nacional de Salud de los EEUU, encontramos que sólo sobre demencia se están llevando a cabo casi 2.000 ensayos clínicos de diferentes tipos. Muchos de ellos versan sobre la aplicación de algunos fármacos ya conocidos (como la memantina) en otros cuadros patológicos de deterioro cognitivo, así como en encontrar nuevas dianas farmacológicas, como por ejemplo, las que irían a "atacar" a la beta amiloide.

Desde un punto de vista de la neuropsicología clínica, aún no está bien definida, (aunque hayan salido algunos ensayos clínicos que buscan "basarse en la evidencia"), cuál debe ser la "pastilla" de tratamiento neurocognitivo para diferentes cuadros de deterioro cognitivo y, por lo general, toda intervención neurocognitiva es, muchas veces, poco científica y basada en la experiencia o los conocimientos de cada neuropsicólogo.

Con una población mundial cada vez más envejecida, las enfermedades como el Alzheimer suponen un gran reto para los sistemas de salud. Teniendo en cuenta su experiencia profesional, ¿qué tipo de atención se está demandando desde los diferentes colectivos implicados: pacientes, familiares, profesionales, etc.?

Cuando montamos el Plan de Atención Sociosanitaria al Deterioro Cognitivo (PIDEX) en Extremadura, entre 2005 y 2007, único plan de estas características en España con la dotación necesaria para llevarlo a cabo, había unas demandas que eran más o menos homogéneas en la población, tanto científica como de familiares y otros colectivos. En primer lugar, se solicitaba formación para los profesionales de Atención Primaria, -médicos de familia y enfermeros-, sobre la detección del deterioro cognitivo y su manejo a lo largo de las diferentes etapas de la enfermedad. En segundo lugar, una demanda por parte de todos los colectivos era una formación continuada de todos los profesionales sanitarios y no sanitarios en todos los aspectos de la demencia. En tercer lugar, existían demandas de gestión clínica: acceso a la primera visita del neurólogo, más tiempo de atención especializada, mejores "herramientas" de diagnóstico, mejores recursos de tratamiento, atención a la familia, etc. Y, en cuarto lugar, había toda una parte demandante sobre recursos sociales y de atención a la dependencia.

Así, nosotros creamos seis unidades especializadas en el diagnóstico, tratamiento y seguimiento del deterioro cognitivo en los servicios de neurología, incluyendo al neuropsicólogo (se contrataron seis), como parte del equipo. También montamos unos treinta servicios de rehabilitación y estimulación neurocognitivas, llevados por terapeutas ocupacionales y coordinados con los neuropsicólogos y el neurólogo. Por otro lado, creamos dos residencias de unas cien camas cada una sólo para pacientes con demencia.

Aun así, le aseguro que esto es insuficiente y que, desgraciadamente, el Sistema Nacional de Salud está todavía "en pañales" en el abordaje de estos casos clínicos, así como en los sistemas de atención a la dependencia y de abordaje social. Sin duda, no sólo hacen falta más trabajadores sociales en sanidad sino que, de verdad, les dejen trabajar con mejores herramientas y recursos.

Como experto en el área, ¿cuál es el estado actual de la neuropsicología en nuestro país? ¿La neuropsicología en España goza del reconocimiento que se merece?

Esta es una pregunta difícil de contestar, dado que mi conocimiento de muchos lugares de España en este campo es muy parcial. La neuropsicología tomó un muy buen impulso con figuras de la talla de Barraquer-Bordas, Jordi Peña-Casanova, Carmè Junqué, Juan Narbona (en la neuropsicología infantil), Juan Manuel Muñoz Céspedes, José Antonio Portellano y muchos otros. En la actualidad, hay un gran número de neuropsicólogos clínicos en España que son profesionales de primer nivel como Javier Tirapu en Pamplona, Javier Chirivella en Valencia, Joan Deus en Barcelona, Marcos Ríos en Madrid, Marisa Arnedo en Granada o Rafael Carles en Murcia (y sólo nombro unos pocos).