El pasado mes de julio, el periódico El País publicó un interesante reportaje titulado Google ya es parte de tu memoria, donde se analizan los efectos del uso habitual de las nuevas tecnologías sobre los procesos de memoria y de aprendizaje, el denominado efecto Google, así como, su impacto sobre el funcionamiento del cerebro humano.

La psicología, en general, y diversas áreas de conocimiento de nuestra disciplina (cognitiva, neuropsicología, evolutiva, etc.), en particular, muestran un interés cada vez mayor por estudiar científicamente y, en muchas ocasiones, con la ayuda de las técnicas de neuroimagen, el alcance real de dicho efecto. De hecho, el pasado 15 de julio, la revista Science publicó la versión online de dos artículos sobre este tema.  

El primero de ellos –Google effects on memory: cognitive consequences of having information at our fingertips ("El efecto Google sobre la memoria: consecuencias cognitivas de tener la información a golpe de teclado"), realizado los Betsy Sparrow (Universidad de Columbia), Jenny Liu (Universidad de Wisconsis-Madison) y Daniel M. Wegner (Universidad de Harvard), consistía en un estudio experimental en el que se solicitaba a los participantes que prestaran atención a diferentes informaciones de contenido curioso y novedoso. Tras la presentación de los estímulos informativos, se les ofrecía la posibilidad de escribir dicha información en el ordenador y almacenarla. A partir de aquí, a un grupo de participantes se les indicó que la información registrada iba a borrarse, a otro que iba a guardarse en un archivo de fácil acceso y a un tercer grupo que se quedaría en uno de difícil acceso. Al solicitar a los participantes que trataran de recordar la información que se les había presentado previamente, los resultados evidenciaron que la tasa de recuerdo era mayor en el grupo que creía que iba a eliminarse el archivo de información, después la de los participantes que creían que la información iba a almacenarse en un archivo de acceso difícil y, finalmente, la de aquellos que pensaban que dicho archivo tendría un fácil acceso. Es decir, el grado de confianza en la posibilidad de acceso a la información influía en el esfuerzo cognitivo que realizaba la persona para memorizar y/o aprender la información facilitada. Los resultados de esta investigación, son coherentes con el artículo de John Bohannon, Searching for the Google effect on people´s memory ("Buscando el efecto Google sobre la memoria de las personas"), que concluye que las personas que utilizan de manera habitual Internet influye en los procesos de memoria, relación que se encuentra mediada, no tanto porque la persona confíe en que la información se encuentra disponible online, sino en la propia capacidad para acceder a ella.

La influencia del avance tecnológico en las distintas capacidades cognitivas del ser humano, no obstante, no es un tema novedoso en la psicología, ejemplos anteriores podrían encontrarse en la influencia de la aparición de la calculadora o de los teléfonos móviles o con memoria sobre los procesos de cálculo mental o de recuerdo de números de teléfonos, respectivamente. La diferencia, quizá, radique el uso habitual de Internet se ha implantado, extendido y generalizado a todas las parcelas de nuestra vida cotidiana –la aparición de nuevas palabras como "googlear", podría ser una buena prueba al respecto-.

Sin embargo, dos son las preguntas clave que se plantean y que se aborda también en la noticia del periódico El País: ¿el uso habitual de Internet ha tenido efectos de corte más positivo o más negativo? Y ¿cuál ha sido el impacto real sobre el funcionamiento y la morfología del cerebro humano?

En relación con la primera de las preguntas, parece que las nuevas tecnologías han influido positivamente en determinados procesos o capacidades y negativamente en otros. De nuevo, el quid de la cuestión es lograr el equilibrio entre lo que se considera uso adecuado y abuso. Así, en la noticia de El País, se recoge la opinión de distintos expertos en la materia. Concretamente, Beatriz Azagra, profesora en la Universidad Complutense, reconoce que Internet es un soporte muy bueno para los procesos de enseñanza-aprendizaje en la escuela, pero que éste no puede sustituir al profesor y ha de ser controlado para no sobreestimular al niño con más información de la que realmente puede asimilar. Por su parte, en declaraciones a este medio, la psicóloga Esther Legorgeu defiende que las nuevas tecnologías influyen negativamente en ciertos procesos cognitivos, concretamente en la memoria a corto plazo, la memoria a largo plazo, la capacidad de comprensión y la de imaginación, al requerirse un menor esfuerzo mental para resolver las tareas; pero, simultáneamente, estarían influyendo de manera positiva al fomentar el autoaprendizaje y el desarrollo de la memoria visual. No obstante, estas consideraciones podrían tener otra lectura y es que las nuevas tecnologías nos ha permitido ser más eficientes, porque se estaría utilizando Internet como una especie de "memoria externa", tal y como defiende Betsy Sparrow.

La siguiente cuestión sería si el uso habitual de las nuevas tecnologías está dejando su huella en el funcionamiento de nuestro cerebro, es decir, ¿se ha traducido en cambios a nivel funcional y/o morfología del procesamiento cerebral? De nuevo, los datos no son concluyentes. Concretamente, en declaraciones al periódico El País, Ricardo Pellón –profesor en la UNED y especialista en psicobiología- defiende que, aunque en un futuro el uso de Internet sí que podrían registrarse funcionales o, incluso, estructurales, aún es pronto para que se hayan producido, si bien es cierto que sí que se ha constatado la presencia de cambios en el comportamiento. Sin embargo, el jefe de Neuroimagen de la Fundación de Investigación de Enfermedades Neurológicas (CIEN), Juan Álvarez-Linera- considera que Internet ya está produciendo cambios que pueden registrarse a nivel funcional, puesto que se han creado y/o modificado ciertas conexiones neuronales, que se traduce en que la reducción de ciertas capacidades, como la memoria, se compensa con la optimización de otros recursos cognitivos como los procesos de planificación y de búsqueda de información.

Para concluir, podríamos decir que las nuevas tecnologías –Internet, los teléfonos móviles inteligentes, etc.- han entrado de lleno en todas las áreas de nuestra vida cotidiana, lo importante es aprender y enseñar a hacer un uso adecuado de éstas para optimizar lo máximo posible nuestra capacidad y eficiencia.

Fuentes: