En esta entrevista, Silvia Moscoso Ruibal, profesora titular de psicología del trabajo en la Universidad de Santiago de Compostela, trata de desgranar, desde una óptica psicológica, cómo se ha podido llegar a la actual crisis económica en la que nos encontramos sumidos y cómo se podría contribuir desde esta disciplina a prevenir una situación similar en el futuro.

 

ENTREVISTA

Actualmente, nos encontramos sumidos en una crisis económica. Como experta en el ámbito del trabajo y de las organizaciones y, en relación con el conocimiento científico disponible, ¿podría explicarnos cuáles son, si existen, los principales predictores o indicadores psicosociales de esta crisis económica?

La psicología ha demostrado hace muchos años ya, que las expectativas económicas de las personas son un potente predictor de la evaluación de la economía de un país. Entre los diversos indicadores, el más conocido y apreciado es el Índice del Sentimiento del Consumidor (ICS), desarrollado por George Katona, que publica la Universidad de Michigan, y que, con pequeños retoques, se calcula mensualmente en todos los países de la Unión Europea. El Índice del Sentimiento del Consumidor consta de tan sólo cinco preguntas, pero su potencia predictiva es enorme. A partir de ICS se crean otros dos subíndices, llamados Índice de Condiciones Económicas Actuales e Índice de Expectativas del Consumidor.

Se considera que la caída del consumo es uno de los elementos centrales de la situación actual que vive nuestro país. Bajo su punto de vista, y según su experiencia, ¿podría explicar cómo ha influido este factor? ¿Cómo podría fomentarse, desde la psicología, un consumo racional y responsable?

Consumo y ahorro son las dos caras fundamentales de la vida económica. En los períodos de crisis y recesión, las personas tendemos a tener comportamientos conservadores de cara al gasto. En otras palabras, evitamos el gasto o lo demoramos a un futuro que, en ocasiones, puede ser lejano. Tal demora del consumo, inevitablemente, tiene repercusiones en el empleo y el desempleo. Si no hay gasto, los productos y servicios son menos necesarios, menos demandados y, en consecuencia, se necesitan menos personas para que los produzcan. En este sentido, todo el consumo es racional, puesto que se deriva de un cálculo de utilidades. Otra cosa es que, en periodos de crisis, el consumo sea responsable. Además, como ya ha demostrado sobradamente la psicología, el consumo y el ahorro no dependen únicamente de la renta, sino también de variables psicológicas como los valores, las características personales y las expectativas.