Josep M. Blanch 
Universidad Autónoma de Barcelona

El trabajo constituye un medio de supervivencia económica y un factor de desarrollo de la vida, social, política, cultural y personal, que funciona, además, como fuente de salud y de enfermedad, de bienestar y malestar físico, psíquico y social. Por ello, los cambios y las crisis en el entorno sociolaboral contemporáneo son de la máxima relevancia psicológica. Este texto trata sobre algunos de los desafíos que la actual metamorfosis de este escenario plantea a la Psicología del Trabajo (PT) como disciplina y como profesión. Con él, no se ofrece un recetario de respuestas sobre lo que hay que saber sobre el tema, sino una propuesta para la reflexión sobre las implicaciones psicológicas de las nuevas configuraciones del empleo, el desempleo y el subempleo.

La metamorfosis del escenario laboral contemporáneo

El fordismo-keynesiano consistió en un régimen económico-político y sociolaboral basado en un contrato social entre capital, trabajo y estado (economía, sociedad y política) del que derivaron una serie de objetivos y estrategias compartidos, como los de crecimiento económico, pleno empleo formal, derechos laborales, libertad de mercado y protección social. Este modelo de articulación de trabajo, ciudadanía y bienestar tuvo lugar en el seno de una sociedad vertebrada por la accesibilidad individual a un empleo regulado por un contrato indefinido, remunerado con un salario digno y desarrollado en el marco de una empresa, una profesión y una carrera estables. Esta utopía social, que parecía destinada a implantarse progresivamente a escala planetaria y de modo definitivo, duró no más de una generación: desde la segunda posguerra hasta la irrupción de la hegemonía del neoliberalismo económico, ideológico y político, al final de los setenta. Desde entonces, la implantación del capitalismo flexible, informacional y global ha configurado un escenario caracterizado por un alto grado de desregulación del mercado de trabajo, de la que ha derivado una doble crisis laboral que se plantea en dos frentes interrelacionados:

  • El de la cantidad de empleo ofertado, que determina la tasa de desempleo y las fronteras de la inclusión/exclusión sociolaboral, que se hacen especialmente visibles en fases de insuficiencia estructural de puestos de trabajo, que conlleva desempleo masivo y crónico.

  • El de la calidad del empleo disponible, afectada por procesos como la inestabilidad y la intensificación del trabajo, así como por la precarización de la vida laboral en el subempleo, que se abre paso como factor de vulnerabilidad social y como problema de salud pública de primer orden.

Mientras el subempleo afecta a colectivos que tienen la "suerte" de trabajar en algo (por lo que el sentido común le asigna el estatus de problema "menor"), el desempleo comporta problemas "mayores" para los colectivos afectados por el mismo. Entre ellos, destacan particularmente el de las personas jóvenes que buscan y no encuentran su primer empleo digno y que, por ello, ven retrasado indefinidamente su acceso normalizado a la vida adulta; así como el de las personas de media edad que han sido desalojadas del mundo del trabajo asalariado y que son demasiado jóvenes para jubilarse y demasiado mayores para superar una entrevista de selección y, por supuesto, el de todo tipo de miembros de minorías con bajo perfil de empleabilidad y consiguientes especiales dificultades de inserción en el mundo del trabajo.

El nuevo (des)orden laboral posmoderno y posfordista da lugar a un mundo complejo y dinámico, donde se combinan y confunden, según países y épocas, diversos tipos y tasas de empleo, subempleo y desempleo y formas más o menos residuales de trabajo servil, sumergido e informal. Todo ello en contextos donde se articulan situaciones de déficit estructural de puestos de trabajo (joblessness) -ante las que la psicología del trabajo puede hacer poco más que tomar nota-, de déficit individual de competencias para trabajar en los puestos ofertados (worklessness) –que acaso la PT pueda contribuir a minimizar y prevenir- y de déficit de calidad psicológica de los puestos de trabajo ofertados –situación que supone un importante reto teórico y práctico para la psicología del trabajo y de las organizaciones-. Este panorama refleja la crisis de un cosmos laboral vertebrado en torno a la panacea del pleno empleo; esto es, de trabajo asalariado como vía universal de integración social, política, cultural y económica y como condición indispensable de la calidad de vida, de la salud y del bienestar psicológico.