Recientemente la Asociación Americana de Psicología (APA), ha publicado en su web, un artículo sobre la ira y la forma de abordarla. El material es de interés tanto para profesionales de la psicología, como para cualquier persona que quiera saber más acerca de este tema, ya que está escrito de forma sencilla y concisa.

Infocop ha creído interesante presentaros un resumen del documento. Para quien quiera consultarlo, se puede ver el artículo completo pinchando aquí.

Todos sabemos lo que es la ira y todos la hemos sentido en algún momento. Se trata de una emoción humana totalmente normal y por lo general, saludable. No obstante, cuando perdemos el control de esta emoción y se vuelve destructiva, puede ocasionar muchos problemas en el trabajo, en las relaciones personales y en la calidad de vida.

¿Qué es la ira?

La ira es un estado emocional que varía en intensidad: desde una irritación leve hasta una ira intensa. Como otras emociones, está acompañada de cambios tanto psicológicos como biológicos, y puede ser causada por sucesos externos (un atasco o un vuelo cancelado) o internos (una preocupación o un recuerdo traumático).

Cómo expresar el enojo

La forma natural e instintiva de expresar un enfado es responder de manera agresiva. Se trata de una respuesta natural ante las amenazas, e inspira sentimientos intensos, con frecuencia agresivos, y conductas que nos permiten luchar y defendernos cuando nos sentimos atacados.

Hay que tener en cuenta que, para sobrevivir, es necesario un determinado grado de enfado. Sin embargo, no se pude atacar a cada persona u objeto que nos irrita o molesta. Los límites respecto hasta dónde podemos llegar con nuestra ira, lo imponen las leyes, las normas sociales y el sentido común.

Las personas utilizan una diversidad de procesos conscientes e inconscientes para lidiar con los sentimientos que provoca la ira. Las tres reacciones principales son expresar, reprimir y calmarse:

  • Expresar los sentimientos con firmeza pero sin agresividad es la manera más sana de manejar la ira. Para hacerlo, se debe aprender cómo dejar claro cuáles son sus necesidades y cómo atenderlas sin lastimar a otros. Ser firme no significa ser prepotente ni exigente; significa respetarse a sí mismo y a los demás.

  • Otra manera de abordar esta emoción consiste en reprimir el enfado y después convertirlo o redirigirlo. Es decir, cuando se contiene la ira, se deja de pensar en ella y en cambio se centra en hacer algo positivo. El objetivo es inhibir o reprimir la emoción y convertirla en una conducta mucho más constructiva. El peligro de este tipo de respuesta es que no permite exteriorizar las emociones, pudiendo causar a largo plazo hipertensión u otros síntomas psicosomáticos. Además, inhibir la ira, puede conducir a expresiones patológicas, como por ejemplo, las respuestas pasivo-agresivas (desquitarse indirectamente, sin decir el motivo, en lugar de hacerlo de frente) o una actitud cínica y hostil duradera.

  • Por último, puede calmarse interiormente. Esto significa no sólo controlar su conducta externa sino también controlar sus respuestas internas, siguiendo los pasos para reducir su ritmo cardíaco, calmarse y dejar que los sentimientos pasen.

Manejo de la ira

El objetivo del manejo de la ira es reducir el malestar emocional y la activación fisiológica que provoca. Si uno no puede cambiar las cosas o personas que provocan el enfado, ni evitarlas, se puede aprender a controlar las reacciones.

¿Por qué se enfadan algunas personas más que otras?

Algunas personas se exaltan más que otras, enfadándose con mayor facilidad y más intensamente. También, hay quienes no demuestran su ira gritando pero están continuamente irritados y malhumorados.

Las personas que se enojan con facilidad, por lo general, tienen lo que se denomina baja tolerancia a la frustración, es decir, no aguantan los inconvenientes.