El movimiento del libre acceso al conocimiento científico está cobrando una importante fuerza en los últimos años. El pasado mes de abril, estudiantes y profesores de la Universidad de Harvard se manifestaron en contra del aumento de las cuotas de suscripción que exigen las editoriales de investigación académicas, como Elsevier, Springer o Wiley, alentando a sus miembros a hacer disponibles de manera gratuita sus investigaciones a través del uso de revistas de libre acceso en detrimento de las publicaciones que exigen el pago de una cuota.

Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), al año se publican cerca de 2,5 millones de artículos científicos, siendo el 90% de estas publicaciones realizadas a través de editoriales que se hacen propietarias de ese material y que exigen el pago de una cuota para el acceso a su contenido, reteniendo para sí los derechos de autor (excepto alguna rara excepción). Todos estos artículos se publican en más de 24.000 revistas académicas, la mayoría privadas, englobadas en más de 2.000 editoriales. Si bien existe un elevado número de editoriales, actualmente tres empresas copan el 42% de las publicaciones (Elsevier, Springer y Wiley). El gasto para el acceso a este conocimiento le supone a la comunidad científica y universitaria un total de 10 millones de dólares al año en concepto de suscripciones, motivo que ha despertado el rechazo de numerosos investigadores e instituciones académicas, que exasperados ante el continuo aumento de las cuotas exigidas por las editoriales han iniciado el movimiento del libre acceso, basado en la libre circulación de las ideas y los avances científicos y en la democratización del acceso a dicha información.

Este movimiento de libre acceso, denominado en inglés Open Access, defiende que cualquier lector (sea investigador o no) pueda acceder al contenido de las publicaciones científicas sin restricciones, lo que implica la posibilidad de descargar, copiar, distribuir o imprimir el artículo, respetando la propiedad intelectual del autor del trabajo. Algunas editoriales y prestigiosas publicaciones académicas son defensoras de esta iniciativa, como La Public Library of Science (PLoS), Frontiers o, en nuestro entorno, la Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal (Redalyc) y Psicothema, una publicación editada conjuntamente por la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo y el COP Asturias, entre otras.

En la actualidad, más de 10.000 docentes universitarios se han unido en contra de las editoriales científicas de pago. A estas protestas hay que sumar ahora la medida extraordinaria adoptada por la Universidad de Harvard, una de las instituciones académicas más prestigiosas y con más recursos económicos del mundo, que ha vuelto a reabrir el creciente debate en torno al acceso a los resultados de las investigaciones científicas.

En una nota emitida por la Biblioteca de Harvard, se señala que las grandes editoriales han creado una "situación insostenible" para la universidad, al advertir que ya no se podían seguir sufragando los gastos de las editoriales científicas a las que está suscrita esta biblioteca, y que ascienden a más de 3 millones y medio de dólares al año. En los últimos seis años, informaban en dicha nota, la cuota para el acceso online de los artículos pertenecientes a dos grandes editoriales se ha incrementado un 145%. Por este motivo, han solicitado la movilización del personal académico e investigador, con el objetivo de que envíen sus trabajos a revistas de libre acceso, una iniciativa que han apoyado con su firma 2.100 investigadores y docentes universitarios de dicha institución.

Robert Darnton, director de la Biblioteca de la Universidad de Harvard, en declaraciones a la revista The Guardian, ha manifestado su indignación ante el elevado coste económico que supone el acceso al conocimiento y las políticas restrictivas de acceso de dichas editoriales. "Todos nos enfrentamos a la misma paradoja" – ha señalado- "Somos los que realizamos la investigación, escribimos los artículos científicos, referenciamos investigaciones de otros equipos, formamos parte del comité de revisores de manera gratuita y después tenemos que comprar los resultados de nuestro trabajo a precios exorbitantes" (…) "este sistema es absurdo y está causando un grave daño a las bibliotecas (…) Simplemente no podemos seguir costeando el aumento de los precios de subscripción. A largo plazo, la respuesta será el libre acceso a las publicaciones de las revistas, pero para lograr dicho objetivo necesitamos un esfuerzo conjunto".

El resultado de esta decisión de la Universidad de Harvard está siendo seguido muy de cerca por las principales universidades de todo el mundo y es muy probable que sirva de ejemplo para otras instituciones académicas.

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