Guadalupe Sánchez1, Fernando Jiménez1, Amada Ampudia2 y Vicente Merino1
1Universidad de Salamanca (España)
2Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM (México)

La frecuencia de aparición de la simulación de los problemas cognitivos en los tribunales de justicia se ha incrementado notablemente en los últimos años, siendo el déficit de memoria el trastorno cognitivo más frecuentemente simulado como consecuencia de un daño cerebral adquirido, que haya alterado las funciones mentales. Probablemente sean los fallos de memoria uno de los más socorridos para argumentar su defensa, debido y facilitado por algunas creencias, más o menos generalizadas:

  • El tiempo transcurrido, desde el momento de la comisión del delito hasta el de la celebración del juicio, suele hacer olvidar los acontecimientos.
  • Resulta más fácil y sencillo fingir un déficit comportamental que un síntoma positivo, porque no se tienen que crear alteraciones no existentes (alucinaciones, delirios o paranoias), sino que, simplemente, tiene que "dejar de hacer" algo que ya conoce, como es el hecho de recordar. El desconocimiento específico de la coherencia sindrómica de un determinado trastorno hace, generalmente, que la simulación se manifieste más como una exageración de síntomas que en una invención completa de ellos.
  • La dificultad, por parte de las técnicas neurodiagnósticas, de la detección adecuada del trastorno de déficit cognitivo, en los casos considerados como moderados o leves. Consecuentemente, el diagnóstico y evaluación de las alteraciones o disfunciones cognitivas (y entre ellas la memoria) tras una demencia o traumatismo craneoencefálico (TCE), leve o moderado, constituye un problema de gran trascendencia en el ámbito forense. Si bien en los casos más graves no suele haber discrepancia entre las informaciones aportadas por los exámenes neuropsicológicos y las técnicas de neuroimagen empleadas, en los casos leves o moderados podemos encontrar mayor dificultad en documentar la posible existencia de lesión y estimar sus consecuencias sobre el funcionamiento diario de la vida del paciente.

Todo ello ha motivado a empresarios, abogados, compañías aseguradoras e investigadores a buscar y elaborar metodologías e instrumentos que detecten adecuadamente a los simuladores (Jiménez, Sánchez y Tobón, 2009).

Teniendo en cuenta la premura de tiempo del que disponen los peritos para realizar su trabajo de evaluación e información sobre la persona a analizar, se ha llevado a cabo un estudio en el que hemos encontrado un método rápido (screening) para detectar a los simuladores de deterioro cognitivo, y específicamente en los problemas con su memoria. Trabajamos con dos instrumentos: la Escala de Memoria de Wechsler-III (WMS-III, 2004; sólo algunas pruebas: Dígitos, Parejas de palabras I-II, Caras I-II, Reconocimiento de Parejas de palabras y Escenas I-II) y el Test de Simulación de problemas de memoria (TOMM, 2011) cuyo análisis de los indicativos de precisión, especificidad y sensibilidad diagnóstica podrían ser los más adecuados para detectar a los simuladores. 

Para alcanzar este objetivo se diseñó esta investigación con un total de 156 sujetos divididos en tres grupos de participantes (Normal, n= 57; Deterioro Cognitivo Leve, n= 41; y Simulador informado, n=58) a los que se les han administrado las técnicas anteriormente mencionadas. Para asegurarnos previamente de la existencia de Deterioro Cognitivo Leve se les aplicó, como test de cribaje, el Mini-Examen Cognoscitivo -adaptación española de Lobo et al. (1979) del Mini-Mental State Examination (Folstein, Folstein, & McHugh, 1975)-.

En su tratamiento estadístico se han empleado, además de los estadísticos descriptivos, correlaciones, las ANOVAs correspondientes y el análisis de la curva ROC (Receiver Operating Characteristic) para poder aportar su precisión, especificidad y sensibilidad diagnóstica.

Si nos preguntáramos ¿cuál de las pruebas puede detectar a un simulador y discriminarlo adecuadamente de una persona que no tiene problemas de memoria y contesta honestamente? tendríamos que decir que, en base a los resultados obtenidos, todas y cada una de las 6 pruebas de memoria empleadas en este estudio han resultado ser significativas a distintos niveles, tanto en sus diferencias de sus puntuaciones medias como en su precisión diagnóstica, siendo el TOMM y el Reconocimiento de Parejas de Palabras las que presentaron la mayor precisión diagnóstica (Área bajo la curva AUC =.981 y AUC = .953, respectivamente). Al considerar la sensibilidad (probabilidad para detectar a los verdaderos positivos) y la especificidad (probabilidad de detectar a los verdaderos negativos), solamente del TOMM y el Reconocimiento de Parejas de Palabras mostraron la mayor puntuación (superando el 90 por cien).

Y ¿cuál de estas pruebas podría discriminar a los simuladores de las personas que presentan un Deterioro Cognitivo Leve (DCL)? Los resultados obtenidos muestran que, tanto la prueba del TOMM como la de Reconocimiento de Parejas de Palabras, la de Dígitos y la de Escenas-II son las que pueden discriminar adecuadamente a los simuladores de aquellas otras personas que presentan un DCL. Las pruebas de Caras-II y la de Parejas de Palabras-II no resultaron ser las más apropiadas para diferenciar a estos dos grupos.

En resumen, para detectar a un sujeto que intenta simular, tanto fallos de memoria como deterioro cognitivo leve, podemos utilizar, de una forma rápida (screening), tanto el TOMM como el Reconocimiento de Parejas de Palabras (escala de memoria de Wechsler) porque su precisión, sensibilidad y especificidad diagnóstica son las más elevadas y muy semejantes.

El artículo completo se puede encontrar en la revista The European Journal of Psychology applied to legal context:

Sánchez G., Jiménez F., Ampudia A. y Merino V. (2012). "In search of a fast screening method for detecting the malingering of cognitive impairment". The European Journal of Psychology applied to legal context, 4 (2), pp: 135-138.

Referencias: