Sandra Costa Ponte y Carmen Tabernero Urbieta

Universidad de Córdoba

La competencia académica es una de las demandas cognitivas y motivacionales más desafiantes a la que los adolescentes deben enfrentarse a lo largo sus vidas. La importancia de lograr un buen rendimiento académico en este periodo del desarrollo reside en su papel para determinar la carrera universitaria o el módulo profesional al que los adolescentes podrán optar y, consecuentemente, su nivel de empleabilidad y futuro laboral.

Por otra parte, los datos indican que hay un elevado número de alumnos que abandonan sus estudios en este periodo (en 2011, un 28% abandonó los estudios antes de finalizar la enseñanza secundaria obligatoria). Es por ello que la investigación está interesada en determinar las variables sociodemográficas (p.ej., sexo) y psicosociales (p.ej., personalidad) que explican y predicen la motivación en el aula (p.ej., un mayor esfuerzo y perseverancia ante el reto de nuevos aprendizajes) y el consiguiente rendimiento académico.

Además, basándonos en la Teoría Social Cognitiva, sabemos que hay una interacción entre estas variables; por lo tanto, aquellos estudiantes con un mayor rendimiento académico también experimentarán un incremento en su motivación, su estado emocional positivo, su autoeficacia, sus metas de aprendizaje y su autoconcepto.

El autoconcepto es una de las variables más estudiadas en relación al rendimiento académico. En los primeros meta-análisis realizados en los años 80 se encontró una relación positiva entre ambos conceptos, siendo dicha relación más estrecha cuando se analizaba específicamente el autoconcepto académico. El autoconcepto se ha definido como una valoración global que el individuo hace de sí mismo a partir de las experiencias personales e interacciones sociales. Dicha valoración global incluye varios aspectos de nuestra vida, por ejemplo, cómo percibimos nuestro cuerpo o nuestras capacidades intelectuales para las matemáticas en relación a nuestros iguales. Aunque inicialmente se conceptualizó como un constructo unidimensional, más adelante se diferenció entre los componentes académicos y no académicos del autoconcepto y, posteriormente, se consideraron factores específicos del autoconcepto académico (p.ej., autoconcepto en matemáticas, ciencias, lengua, etc.), mientras que para el autoconcepto no académico se consideró un componente social, un componente emocional y un componente físico. Por tanto, la investigación ha demostrado el carácter claramente multidimensional del autoconcepto y la necesidad de utilizar autoinformes que engloben dicha multidimensionalidad.

En el contexto español, una de las herramientas más utilizadas es la propuesta por García y Musitu (2009), el AF5 que contempla las dimensiones académica, social, emocional, familiar y física para evaluar el autoconcepto del individuo. El AF5 es un cuestionario validado en población iberoamericana y ampliamente utilizado en la investigación desarrollada en España y América Latina.

Las diferencias de rendimiento académico en función del sexo han sido repetidamente analizadas desde los años 70 y en muy diferentes contextos mostrando resultados contradictorios. Si bien en un meta-análisis se afirmaba que las chicas mostraban una cierta superioridad en el rendimiento académico en los niveles iniciales de la educación, dichas diferencias de sexo desaparecían a medida que se avanzaba en edad y volvían a constatarse, pero en sentido opuesto, en el periodo próximo al comienzo de los estudios universitarios.

Siguiendo con el análisis de las diferencias en el rendimiento y las estructuras psicológicas en función del sexo, desde la Psicología Cultural se afirma que el autoconcepto cumple un papel central en la explicación de dichas diferencias: cómo hombres y mujeres se perciben a sí mismos, perciben su mundo y le dan significado. Así, el autoconcepto gobierna la percepción de la realidad y es un importante mediador en la regulación de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. Para comprender la interacción entre el self y el contexto, dentro de la estructura cognitivo/afectiva creada para dar sentido y coherencia a nuestra propia experiencia, es más probable que las mujeres sean más colectivistas, sociocéntricas y conectadas del contexto mientras los hombres son más individualistas, egocéntricos e independientes del contexto. Esta sería una de las posibles explicaciones al por qué las mujeres presentan un autoconcepto social más elevado que los hombres y cómo este autoconcepto social es reforzado a través de la socialización.

En cuanto a las diferencias de autoconcepto en función del sexo, investigaciones más recientes afirman que las mujeres suelen presentar un autoconcepto académico más elevado que los hombres, mientras que éstos presentan un autoconcepto físico mayor que ellas. No obstante, hay estudios que sugieren que dichas diferencias de género no existen.

Algo semejante ocurre con las investigaciones que encuentran diferencias en el rendimiento académico en función del sexo: algunas investigaciones afirman que los varones son capaces de aprender más que las mujeres en determinadas asignaturas, como por ejemplo matemáticas, mientras que las mujeres son más aptas para otras, como lengua materna e idiomas extranjeros. Sin embargo, estos resultados también son polémicos y controvertidos, puesto que existen otras investigaciones que no corroboran dichas diferencias o explican que las diferencias en el rendimiento de mujeres y hombres en determinadas asignaturas son producto de la socialización experimentada. Los adultos suelen ofrecer a los niños juguetes de construcción, mientras que los juguetes para las niñas están relacionados con el cuidado de los demás y la maternidad. De esta forma, desde la Teoría del Aprendizaje Social, se fomenta implícitamente que los niños desarrollen mejores competencias para el cálculo y la abstracción mientras las niñas desarrollan competencias para la socialización.

De modo que nos sumamos a este polémico tema: realizamos un primer estudio en el cual investigamos las relaciones existentes entre el autoconcepto en estudiantes de E.S.O. con su rendimiento académico. Asimismo, nos propusimos estudiar si aparecían diferencias tanto en el autoconcepto como en el rendimiento académico según el sexo de los alumnos.

Este primer estudio fue realizado en Córdoba y contamos con una muestra de 324 estudiantes de la E.S.O., siendo 215 (53,10%) varones y 190 mujeres (46,60%).

Para medir el autoconcepto utilizamos el AF5. Para medir el rendimiento académico, calculamos la media de las notas de las asignaturas: Matemáticas, Lengua Castellana y Literatura, Idioma Extranjero, Ciencias de la Naturaleza, Ciencias Sociales, Geografía e Historia y Educación Física.

Los resultados muestran que los estudiantes presentaron un autoconcepto elevado en todas las dimensiones, siendo las dimensiones con mejores puntuaciones la social y familiar, frente a la académica y emocional. Igualmente, los chicos presentaron mejores puntuaciones que las chicas en cuatro de las cinco dimensiones (académica, social, emocional y familiar), mientras que ellas sólo los superaron en la dimensión física. Dichas diferencias no fueron significativas.

En relación al rendimiento académico, nuestros resultados corroboraron la existencia de diferencias de género: las chicas puntuaron significativamente más alto que los chicos en Lengua Castellana y Literatura e Idioma Extranjero. Por otro lado, no encontramos diferencias significativas en función del sexo en el rendimiento académico en las materias de ciencias o matemáticas. Recordamos que algunos estudios previos afirmaban que los chicos obtenían mejores resultados en dichas disciplinas.

Finalmente, las dimensiones académica y familiar del autoconcepto actuaban como predictores del rendimiento académico, mientras que la edad y la dimensión física influían negativamente en dicho rendimiento. En este sentido, los resultados matizan que los estudiantes que tienen mayor autoconcepto sobre sus capacidades y habilidades académicas obtienen mejores resultados académicos. Asimismo, si el estudiante se percibe con un elevado autoconcepto familiar asociado al apoyo que encuentra en su entorno familiar tendrá mayores probabilidades de lograr un mejor rendimiento escolar. Por tanto, un ambiente familiar positivo y constructivo implica mayor éxito académico.

También consideramos interesante estudiar la influencia de la variable clase social sobre el rendimiento académico. Así, los resultados encontrados en un segundo estudio, apuntan que el rendimiento de un alumno procedente de un contexto socioeconómicamente desfavorecido y escolarizado en dicho contexto disminuye a medida que incrementa su edad, mientras que dicha influencia desaparece en contextos socioeconómicamente más favorecidos. Además, en este segundo estudio analizamos la influencia de las metas de aprendizaje que los estudiantes desarrollan a lo largo del curso como predictoras del rendimiento académico. Los resultados muestran una influencia positiva de dichas metas; sin embargo, la influencia de las metas desaparece en contextos socioeconómicamente desfavorecidos.

Concluimos que para que una educación de calidad produzca un rendimiento académico satisfactorio, urge trabajar aspectos que traspasan el componente meramente cognitivo de los estudiantes. Las competencias curriculares deben considerar también los elementos emocionales del individuo, entre los que destacamos el autoconcepto del alumno en todas sus dimensiones académica, social, emocional, familiar y física. Asimismo, los centros educativos reciben alumnado multicultural, con diversidad de creencias y valores.

Por tanto, principalmente desde las instituciones educativas se deben combatir aquellos valores que dificultan la convivencia, tales como las diferencias de género y los estereotipos asociados a dichas diferencias. Y, al mismo tiempo, debemos fomentar la educación en valores para que sea posible una sociedad más justa, igualitaria y respetuosa.

El artículo completo se puede encontrar en la revista Iberoamericana de Psicología y Salud:

Costa S. y Tabernero C. (2012). "Rendimiento académico y autoconcepto en estudiantes de Educación Secundaria Obligatoria según el género". Revista Iberoamericana de Psicología y Salud, 3 (2), 175-193.

Referencias:

García, F. y Musitu, G. (2009). AF5: Autoconcepto Forma 5 (3nd ed.). Madrid, Tea.

Sobre las autoras:

Carmen Tabernero Urbieta. Catedrática de Psicología Social en el Departamento de Psicología de la Universidad de Córdoba. En su investigación presenta un modelo motivacional social-cognitivo-emocional para estudiar la interacción entre las disposiciones personales y los mecanismos autorreguladores en el comportamiento individual y colectivo.

Sandra Costa Ponte. Licenciada en Pedagogía, Especialista en escritura y lectura de estudiantes con discapacidad intelectual y Doctoranda del Programa Psicología Aplicada de la Universidad de Córdoba. Actualmente investiga los procesos cognitivos y emocionales implicados en el rendimiento académico.

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