Hoy en día es imprescindible reconocer y ensalzar la figura de la "red" como puerta privilegiada de acceso a conocimientos e informaciones, así como apuntar su valor como medio de comunicación y enlace entre culturas.

              

                                 

                  

Las "redes" han significado un cambio estructural, económico, político, social y educativo que ha supuesto la reformulación de la difusión del conocimiento y de la comunicación a todos los niveles, y han llevado a conformar, en último término, una nueva "sociedad de la información". Como toda moneda, la red tiene dos caras, y si bien puede consignarse como una magnifica fuente de transmisión de conocimiento y comunicación, puede convertirse, a su vez, en mensajero de publicidad e información indeseable, así como en punto de partida para nuevos trastornos. En un artículo aparecido en Anales de la Psicología, se indica que "de todos los usos que pueden hacerse de Internet sólo un 8,5% tiene fines educativos o relacionados con actividades escolares".

Estudios como el realizado por un equipo del Departamento de Psicología de la Universidad de Girona nos sugieren que la misma red puede llegar a convertirse en un medio para el acercamiento o en una barrera que genere aislamiento y dificultades, dependiendo de que se haga un uso útil y beneficioso de las nuevas tecnologías o éstas pasen a sustituir al contacto humano directo y se transformen en trastorno de algún tipo. Este estudio, publicado en "Clínica y Salud", señalaba la asociación entre un mayor uso de Internet y diferentes índices psicopatológicos como la depresión, la ansiedad y los trastornos del sueño, e indicaba que puede llegar a conducir a diferentes alteraciones conductuales. En este sentido, ante el vacío que existe frente a estos nuevos trastornos, se han propuesto términos como adicción (IAD, Internet Addiction Disorder), uso compulsivo de la red o uso patológico, para hacer referencia a estas nuevas alteraciones conductuales no incluidas en el DSM-IV.

 La red puede implicar, además, otros riesgos. Imaginemos, por ejemplo, el caso de niños y adolescentes, usuarios habituales de estas tecnologías, que no han adquirido completamente la capacidad para discriminar el contenido o implicaciones de las informaciones que reciben. Al menos un 13% de niños de 10 años encuestados en un estudio realizado en el 2002 para el Defensor del Menor por las organizaciones de protección a la infancia ACPI (Acción Contra la Pornografía Infantil) y PROTEGELES, reconoce haber visitado páginas de contenido "especialmente violento" y un 19% de los menores haber visitado páginas pornográficas. Páginas como las que asociaciones y organismos oficiales han denominado "pro-ANA" (a favor de la anorexia) y "pro-MIA" (a favor de la bulimia), en las que se puede encontrar información que anima a la pérdida rápida de peso mediante dietas hipocalóricas, o en las que se compite por el menor peso, pueden suponer un riesgo grave para la salud de los jóvenes e inducirles a conductas dañinas. Similar efecto puede tener el libre acceso en Internet a imágenes violentas o que agreden a la integridad de la persona.

El estudio realizado para el Defensor del Menor, cuando habla de "acceso de contenido nocivo para el desarrollo del menor, o la propia American Psychological Asociation (APA) advierten de las consecuencias negativas de la exposición de niños y adolescentes a contenidos violentos en medios interactivos y video-juegos dirigidos a niños y adolescentes, hasta el punto que la APA ha adoptado recientemente una resolución recomendando que se reduzca la violencia en estos medios. Esta decisión se ha llevado a cabo después de que el Comité Sobre Violencia en Videojuegos y Medios Interactivos encontrase, en una revisión de estudios, que esta exposición aumenta los pensamientos y conductas agresivas en niños y adolescentes, promueve los sentimientos de rabia y la activación fisiológica y reduce significativamente las conductas de ayuda.

En estos tiempos en que la libre circulación de la información llega a nuestras pantallas de forma indiferenciada, y en el que aumentan los titulares donde se hace referencia a violencia entre niños y adolescentes, es importante que, como señala el psicólogo, pedagogo y escritor Bernabé Tierno, en una noticia aparecida en "El Correo Digital", padres y educadores insistamos en un aprendizaje que ayude a niños y adolescentes a discriminar "cuando les están vendiendo la burra" e incidamos en una educación en valores que "incluya el desarrollo de la fuerza de voluntad, el respeto a los demás y a sí mismo y la generosidad".

Resulta vital la participación de psicólogos en el diseño de programas educativos con el fin de que orienten, no sólo sobre qué contenidos deben enseñarse, sino también sobre cómo pueden enseñarse para aumentar el interés y la motivación de niños y adolescentes por el aprendizaje y para disminuir al máximo las conductas agresivas.