Mª Ángeles Bravo Álvarez, María Frontera Sancho y Mª Luisa Herrero Nivela

Universidad de Zaragoza

El trastorno o Síndrome de Asperger (SA) es incluido en los listados oficiales de clasificación de enfermedades mentales (CIE 10, DSM-IV) a principios de los años 90, dentro de la categoría diagnóstica “Trastornos Generalizados del Desarrollo”.

No obstante, el aspecto categorial que exige el diagnóstico establecido a través de estos listados oficiales y la imprecisión de los límites entre los distintos cuadros descritos dentro de la categoría general, ha llevado en los últimos años a adoptar un enfoque dimensional incorporando el término Trastornos de espectro autista (TEA) caracterizado por la alteración cualitativa de un conjunto de capacidades en la interacción social, la comunicación y la imaginación.

En esta línea continua de los TEA, el síndrome de Asperger se sitúa en la zona superior del espectro, representando la parte menos severa y con mayores habilidades cognitivas y de lenguaje.

La clínica del SA, hace referencia a interacciones sociales torpes e inadecuadas, dificultad para utilizar y para interpretar correctamente las claves sociales no verbales, comunicación y uso del lenguaje peculiares (gestualidad y entonación extrañas, habla pedante y tangencial, empleo abusivo del turno de palabra -conversación “unilateral”), gusto por la repetición de ciertas conductas e intereses restringidos, empatía pobre, tendencia a racionalizar los sentimientos, y ausencia de comprensión intuitiva de las experiencias afectivas de otras personas, retraso y torpeza motores (problemas de equilibrio y control postural inadecuado), control escaso o inadecuado de las emociones (reacciones exageradas que pueden resultar, a veces, agresivas o molestas). Algunos casos, desarrollan habilidades especiales ligadas a sus temas de interés. Suelen presentar baja tolerancia a la frustración, respuestas sensoriales inusuales (p.ej., hipersensibilidad y rechazo a ciertas comidas, texturas y sonidos), escasa atención al propio cuerpo, y problemas de atención y de aprendizaje.

La investigación de las disfunciones atencionales en los TEA, ha suscitado en los últimos años un gran interés. Los estudios más significativos de la literatura en el análisis de los procesos atencionales en estos trastornos, contemplan discrepancias en el examen de déficits en la excitación, en la orientación y filtrado, y confirman un rendimiento inferior en comparación a individuos de desarrollo típico en procesos de atención sostenida, dificultad en inhibición de respuestas prepotentes y capacidad para el cambio atencional.

Sumándonos a la misma área de interés, desarrollamos una investigación con el objetivo de comprobar si existía un único perfil atencional en SA. Comparamos a 26 niños, 13 de ellos con diagnóstico confirmado de SA y otros 13 sin diagnóstico psicopatológico conocido, sin comportamiento disruptivo en el aula y no incluidos en la categoría de “necesidades educativas especiales”. Aplicamos una batería de test estandarizados basada en el WISC IV, el Test Stroop, CSAT, y el test de clasificación de tarjetas de Wisconsin.

El análisis realizado pone de manifiesto que los sujetos examinados con diagnóstico de SA muestran diferencias significativas respecto al grupo comparativo y baremos estandarizados en población española, en tareas de atención que requieren la flexibilidad cognitiva, velocidad de procesamiento de la información y mantenimiento de la atención visual. No hemos podido confirmar, de acuerdo a nuestros resultados, dificultades en atención sostenida auditiva ni en codificación de la información.

Nuestros hallazgos son consistentes con estudios anteriores. Resultados dentro de los límites normales en repetición de dígitos y el cálculo, han sido reportados en autismo. Respuestas de alerta y de orientación más lentas en S.A., así como rendimiento más bajo, en sujetos con SA, en comparación a grupo sin alteraciones del desarrollo, en tareas de vigilancia visual.

Diversas investigaciones, atestiguan diferencias significativas entre individuos con SA, y controles en las medidas experimentales de atención que evalúan los procesos tales como razonamiento conceptual, función ejecutiva, toma de decisiones rápida y resolución de problemas.

Respecto a la capacidad de cambio atencional, algunas investigaciones previas indican que los individuos con SA no tienen dificultades con las tareas elementales de cambio perceptivo, pero sí cuando el paso debe llevarse a cabo a nivel conceptual. Nuestros datos mostraron diferencias significativas del grupo con S.A. respecto al grupo comparativo y baremos estandarizados del test Wisconsin en cuanto al número de categorías alcanzadas y número respuestas perseverativas. Estos resultados indican que individuos con S.A. pudieran presentar déficits de atención en el plano conceptual, tal vez en habilidades ejecutivas y de control de la información novedosa, confirmando lo que sugieren algunos estudios. Argumentos tales como la capacidad para organizar la información, para seguir los acontecimientos en curso y hacer ajustes rápidos son, probablemente, consideraciones pertinentes.

No obstante, pese a las conclusiones establecidas en el análisis global del grupo con S.A., la gran heterogeneidad de los resultados obtenidos por cada participante, nos llevan a concluir que no existe un único perfil atencional en los niños con S.A. estudiados y se hace preciso, de cara a una posible intervención, partir de un estudio pormenorizado de cada caso.

Los datos confirman la presencia de déficit atencional, de modo que, nuestro campo de estudio actual intenta diseñar un programa individualizado de acuerdo a las peculiaridades atencionales de cada sujeto diagnosticado con síndrome de Asperger, que permita entrenar funciones de atención mantenida, atención selectiva, atención alternante y atención dividida.

El artículo completo puede encontrarse en la Revista de Psicopatología y Salud Mental:

Bravo Álvarez, M.A., Frontera Sancho M. y Herrero Nivela, M.L. (2012). Perfil Atencional en niños con Síndrome de Asperger. Revista de Psicopatología y Salud Mental, 20, 29-38.

Mª Ángeles Bravo Álvarez. Psicóloga Especialista en Psicología Clínica, en ejercicio profesional privado. Profesora Asociada del Departamento de Psicología y Sociología de la Universidad de Zaragoza, con docencia en la Facultad de Educación. Psicoterapeuta Sistémica y miembro de la Asociación Aragonesa de Terapia Familiar.

Dra. María Frontera Sancho. Profesora Titular del Departamento de Psicología y Sociología de la Universidad de Zaragoza, con docencia en la Facultad de Educación. Desarrolla su principal línea de investigación actual sobre el funcionamiento psicológico y la respuesta educativa y psicosocial a personas con trastornos del desarrollo. Miembro del Consejo Editorial de la Revista Siglo Cero y de la Junta directiva de la Asociación Española de Profesionales del Autismo.

Dra. Mª Luisa Herrero Nivela. Profesora Titular del Departamento de Psicología y Sociología de la Universidad de Zaragoza, con docencia en la Facultad de Educación. Miembro del grupo de investigación del Gobierno de Aragón “Educación y Diversidad” (EDI).

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