Hasta ahora, diferentes investigaciones habían llegado a la conclusión de que la memoria involuntaria o implícita (aquella de la que no tenemos un conocimiento consciente y que se activa ante estímulos repetidos) permanecía invariable con el paso del tiempo, al contrario de lo que ocurre con la memoria voluntaria o explícita, que se deteriora en las personas mayores.

Sin embargo, esta investigación dirigida por la UNED y el Beckman Institute (Estados Unidos) revela que los mecanismos cerebrales activados con la memoria involuntaria o implícita, también se ven afectados por el paso de los años. El trabajo, publicado en la revista Neurobiology of Aging, pone de manifiesto diferencias en la actividad cerebral que genera ese tipo de memoria en jóvenes y en personas de edad avanzada.

Para llevar a cabo el estudio, cuya autora principal es Soledad Ballesteros (investigadora del departamento de Psicología Básica II de la UNED), los expertos contaron con la participación de 19 jóvenes de entre 20 y 32 años y de 18 adultos, de entre 61 y 72. Todos ellos realizaron la tarea dentro de  un escáner, mientras se registraba su actividad cerebral. Los científicos les mostraron imágenes de seres vivos cotidianos (como un oso o un árbol) y de objetos inanimados (como un silbato o un frigorífico) presentados una o tres veces.

La tarea consistió en pulsar lo más rápidamente posible, un botón, si se trababa de un ser vivo, u otro, si era un objeto inanimado. Ambos grupos respondían de forma más rápida ante objetos repetidos comparados con los no repetidos, mostrando una memoria involuntaria similar.

Sin embargo, los investigadores apreciaron diferencias importantes en la actividad cerebral. Aunque ambos grupos manifestaron reducciones de la actividad cerebral con la repetición de estímulos, en una amplia red de regiones cerebrales anteriores y posteriores sensibles a esta repetición, las personas de edad avanzada mostraron una menor reducción de la actividad y en un menor número de zonas que los adultos jóvenes. Los datos revelan que las personas de edad avanzada consiguen actuar como los jóvenes a costa de presentar una mayor activación cerebral y de mantenerla con la repetición de estímulos.

De este modo, aunque se ha demostrado que la memoria explícita se ve afectada con la edad, estas diferencias no afectan a la conducta, puesto que mayores y jóvenes responden con mayor rapidez a estímulos repetidos frente a los mostrados una única vez, reflejando la misma facilidad con la repetición. “El cerebro en la vejez se adapta para rendir igual que cuando era joven pero con un mayor esfuerzo”, puntualiza la Ballesteros.

Referencia Bibliográfica:

Ballesteros S, Bischof GN, Goh JO, Park DC. (2013). Neural correlates of conceptual object priming in young and older adults: an event-related functional magnetic resonance imaging study”. Neurobiology of Aging, 34, 1254-1264. DOI: 1016/j.neurobiolaging.2012.09.019.

Fuente:

DivulgaUNED

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