Rosario Ortega Ruíz, Catedrática de Psicología de la Universidad de Córdoba e Investigadora Responsable (IR) en diversos estudios internacionales, europeos y nacionales sobre violencia escolar y bullying, participa en estos días en el Congreso organizado por la Fundación de Ayuda Contra la Drogadicción, "Ser adolescente hoy". Dña. Ortega acerca su punto de vista sobre temas relacionados con la violencia en las escuelas, desmontando algunos mitos y ofreciendo una visión del área en la que está desarrollando su labor.

En las últimas semanas, es frecuente que se haga alusión en los medios de comunicación al incremento de la violencia escolar, concretamente, a una forma de esta violencia que se conoce como acoso o bullying en las escuelas.  

ENTREVISTA

 

¿Se puede afirmar que existe un aumento de la violencia en las escuelas?

R.O.: No tenemos ningún dato o conjunto de datos relevantes que pueda expresar que hay ahora más violencia interpersonal entre iguales en general ni más bullying (o acoso entre escolares).

¿Puede que lo que esté ocurriendo es que la sociedad ha tomado conciencia de la importancia de estos problemas y ahora se denuncian más y se hacen públicos?

R. O.: Es evidente y está contrastado en investigaciones previas que lo que ha aumentado es, por un lado, la visibilidad del problema (los medios se hacen eco, etc., ) y por otro, y de forma muy importante, la sensibilidad social, académica y educativa ante este fenómeno que ha existido siempre con distinto nivel de severidad: congresos, iniciativas de la administración pública, etc.

¿Qué factores influyen en la aparición de la violencia en las escuelas en España?

R.O.: En España, como en el resto de los países del área occidental o mundo desarrollado, los factores están muy bien estudiados y son de diversos órdenes: psicológicos, interpersonales y de ámbito institucional (el bullying es un fenómeno que acontece en marcos de relaciones interpersonales estables y en alguna medida cerrados), sociales, culturales y económicos. Cada factor actúa, como es habitual –y sabemos los investigadores en el ámbito de las ciencias sociales- desde su propio contexto y bajo sus propios parámetros. Es decir, es absurdo y evidentemente erróneo confundir el plano socio-cultural con el psicológico y éste con el político o el económico. Algunos de los grandes errores, que provocan alarmismo y confusión, devienen de que la divulgación de datos no se hace desde el contexto que ha generado la investigación. Así, resulta simplemente un error hablar de porcentajes generales sin especificar de qué tipo de conducta y en qué condiciones se trata. El nivel relacional y psicológico debe ser observado desde el contexto desde el que se estudia y no hacer extrapolaciones que sólo provocan confusión.

¿Qué tipo de relación existe entre fracaso escolar y violencia, en el caso de que exista?

R.O.: Teóricamente ninguna. En la práctica, la llamada conflictividad escolar y los conflictos no resueltos (ver Ortega y Mora-Merchán, 2005; y Ortega y Del Rey, 2004) no deja de ser un caldo de cultivo para que se generen otros problemas, pero éste sería un ejemplo de lo que no hay que confundir, sobre todo en los grandes ámbitos de la comunicación, porque hacerlo puede dar lugar a que se extrapole y se llegue a la falsa creencia que supone que la violencia escolar es un problema más de un "todo revuelto". El fracaso escolar, que ya es un "todo revuelto" hace referencia al más que complejo concepto de no logro de los objetivos académicos. La violencia escolar es un fenómeno de crueldad injustificada, vandalismo, disruptividad y, en general agresión, de unos hacia otros, hacia las cosas, hacia la tarea, etc. Confundir una cosa con otra sólo sirve para lograr sensacionalismos oportunistas.

Algunos psicólogos apuntan que la sociedad actual fomenta y anima comportamientos permisivos e impone pocos límites a niños y jóvenes. Indican que parece que los adultos nos hubiéramos olvidado de que el compromiso moral es una parte imprescindible del desarrollo ¿cabe decir que los jóvenes han perdido el desarrollo del "compromiso moral" y del "sentimiento de culpa", que se está dando una pérdida de los valores de compromiso, esfuerzo, autosuperación, y que esto influye tanto en la tasa de fracaso escolar como en la violencia en las escuelas?

R. O. No se quienes son "algunos psicólogos", pero ciertamente que los y las que yo conozco son algo más serios y sistemáticos haciendo sus conclusiones y no apuntan esas cosas.

Yo, como profesora de Psicología no apunto nada parecido. Creo, más bien, que la sociedad tiene que plantearse seriamente cómo lograr que las generaciones infantiles y juveniles tengan el lugar que les corresponde como ciudadanos y ciudadanas en formación. Reciban y aprovechen, es decir se les haga partícipes de derechos y responsables de deberes, de su propia formación. Aprendan, en la práctica el ejercicio de la democracia y el valor de la convivencia. Aprendan a respetar la vida y las cosas de los demás y la suya propia. Logren identidades psicológicas, sociales y morales enriquecidas, ajustadas y bien adaptadas, para afrontar los aprendizajes y los cambios a los que se enfrentan y a los que se enfrentarán en el futuro, etc. Todo ello no es una buena utopía, que también, sino todo un programa de reformas educativas formales e informales, desde la familia hasta la calle, que debe abordarse por los poderes públicos y con el apoyo decidido de una sociedad que debería de dejarse ya de tanta tontería de guerra de religiones y asumir que la educación es de todos y todas y para todos y todas y que debe ser de calidad, laica y democrática. El compromiso moral, es al mismo tiempo y de forma indisociable, un compromiso social y ciudadano.

Varias encuestas reflejan que el número de horas que pasan los niños frente al televisor ha aumentado sensiblemente en los últimos años ¿en qué medida se pueden estar relacionando esas conductas violentas con los modelos sociales que se ofrecen en televisión y la violencia contenida en videojuegos, y de forma más general, con los modelos que se muestran a través de la publicidad?

R. O. Afirmar, con propiedad, en qué medida uno y otro fenómeno ser relacionan requiere investigación específica que, en nuestro país está por hacer. Los trabajos que se han realizado, señalan, como tendencia general, que en la aparición de estos fenómenos inciden diversos factores (psicológicos, familiares, sociales y culturales), que en su conjunto señalarían el grado de vulnerabilidad a la que están sometidos los individuos y los grupos. En mi opinión la televisión basura y agresiva, los videojuegos violentos y crueles, y otras formas de comunicación vacua y estupidizante contribuyen a que la cultura esté contaminada de violencia y que el contexto sociocultural sea violento, de ello no se derivan relaciones causa-efecto, pero hace mucho tiempo que la investigación psicológica y social, dejó de vivir de las fantasías de las causas y los efectos lineales.

Parece evidente que los psicólogos tienen mucho que aportar al ámbito educativo y de la prevención de la violencia en las escuelas ¿considera suficiente la participación que están teniendo dentro de la enseñanza, así como en el diseño de los programas educativos y de prevención de la violencia en las escuelas?

R. O. En general considero muy productiva la participación que los y las psicólogas están teniendo en las escuelas y en el sistema educativo general, pero evidentemente no es más que una opinión general. Más datos habrían de ser tomados de forma sistemática y con análisis de los componentes, los modelos, las actuaciones, etc. que componen lo que es la práctica profesional de los psicólogos y psicólogas educativos. Trabajo de investigación que hasta donde yo se también está por hacer.

En un sentido más amplio ¿qué papel deberían ocupar los psicólogos dentro del ámbito educativo y de prevención de violencia en este ámbito?

R. O. El que ocupan, ocuparse de estos asuntos desde su propio rol profesional allí donde lo ejerzan: en las escuelas, en los centros de trabajo, en los centros asistenciales, culturales, sanitarios, etc. Claro que para ello deberíamos formarlos adecuadamente, cosa que no está pasando, necesariamente, en las facultades ni postgrados.

¿Qué se puede ofrecer desde la Psicología para contribuir a solucionar las dificultades que se están haciendo patentes en cuanto a violencia en las escuelas?

R. O. Tantas cosas y tan interesantes se pueden y se deben hacer que sólo mencionaré algunos ejemplos: Investigación psicoeducativa seria y bien controlada; diseminación sensata e inteligente de resultados; elaboración rigurosa del conocimiento nuevo; intervención bien diseñada y controlada de programas y proyectos de intervención; apoyo a las entidades sociales y culturales para luchar, en todos los ámbitos, contra la violencia, entre otras cosas; programas y proyectos concretos de atención a víctimas, agresores y espectadores de la violencia; investigación interdisciplinar para saber hasta qué punto todas las violencias están conectadas (maltrato infantil –hacia los y las niñas- de género –normalmente hacia las mujeres- acoso laborar, acoso escolar etc.)... Hay mucha tarea para psicólogos y psicólogas.