“Si usted tuviera mil millones de dólares para hacer del mundo un lugar mejor, ¿en qué los emplearía? Mi respuesta es siempre la misma. Me gustaría emplearlo en tratamientos psicológicos modernos, basados en la evidencia, para las personas con depresión y ansiedad y para los niños con trastornos de conducta”. Así de contundente se manifiesta Richard Layard, director del Programa de Bienestar en la London School of Economics and Political Science (LSE) del Reino Unido, en un artículo publicado en el periódico Huffington Post,  y que lleva por título Why We Should Put Mental Health First (Razones por las que la salud mental debería situarse en primera fila).

Y, ¿por qué? R. Layard argumenta las siguientes razones por las que tomaría esta decisión:

  • Porque los trastornos de salud mental constituyen un problema “masivo”, con un grave impacto en la vida de las personas. “En los países ricos son la principal causa de pobreza, siendo responsables de más pobreza que la que produce cualquier enfermedad física”:

  • Porque los trastornos mentales suponen importantes costes para el resto de la sociedad. Entre los adultos en edad de trabajar, los problemas de salud mental son los responsables de tantas bajas y gastos sociales como todas las enfermedades físicas juntas. Y entre los niños, los trastornos de conducta suponen el mejor predictor de criminalidad.

“Afortundamente actualmente contamos con muy buenas herramientas para abordar el problema, tratamientos basados en la evidencia, que consiguen una curación total en, al menos, la mitad de los casos tratados y reducen considerablemente la tasa de recaídas”. Estos tratamientos, que ayudan a las personas a cambiar sus patrones de pensamiento, no son tratamientos caros, afirma este experto en análisis económicos. De hecho, si tenemos en cuenta el ahorro que supone la implementación de estas terapias para los sistemas sanitarios y sociales, “se podrían extender estos tratamientos a millones de personas sin coste neto para el resto de los ciudadanos”.

Sin embargo, tal y como critica R. Layard, las políticas actuales no tienen en cuenta estos análisis y los tratamientos psicológicos no se consideran en la cartera de servicios sanitarios o juegan un papel muy secundario: “tan sólo un tercio de las personas con estos problemas reciben tratamiento – en comparación con el 90% de las personas con diabetes que están tratadas”.

Por este motivo, R. Layard realiza un llamamiento para que se realicen acciones que sitúen a la salud mental en el lugar que se merece. “En la actualidad no hay un grupo de presión eficaz a favor de las personas con trastorno mental – y mucho menos en defensa de los tratamientos no farmacológicos.

Fuente:

Why We Should Put Mental Health First

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