Han pasado ocho años desde que se implantó en nuestro país el Sistema de Permiso de Conducir por Puntos (Ley 17/2005). Este sistema, lleva asociada la regulación de un proceso para la recuperación de los puntos que han perdido los conductores, a través de una serie de cursos de Intervención, Sensibilización y Reeducación vial, impartidos por profesores expertos en seguridad vial, psicólogos especialistas en la materia y víctimas de accidentes de tráfico.

Sin embargo, la participación de los psicólogos en estos cursos está siendo infravalorada e insuficiente, puesto que incluyen en su contenido más horas dedicadas a la formación vial en detrimento de la intervención psicológica de carácter rehabilitador. Todo ello, a pesar de que los estudios realizados sobre accidentalidad en las carreteras han constatado una alta tasa de reincidencia tras la realización de los cursos de Reinserción vial, identificando el comportamiento del conductor como un factor causal clave en los accidentes de tráfico.

Esta situación ha llevado a que, cada vez más expertos en el ámbito de la Psicología del Tráfico y de la Seguridad Vial, insistan en la necesidad de aumentar la participación de los psicólogos en la formación y rehabilitación de conductores.

Jesús Cabezos Fernández

Para hablarnos en profundidad sobre este tema, Infocop Online ha querido entrevistar a Jesús Cabezos Fernández, psicólogo clínico especialista en Psicología del Tráfico y de la Seguridad, y asesor del Consejo General de la Psicología en esta área de especialización profesional.

Jesús Cabezos cuenta con más de 25 años de experiencia en este ámbito de la Psicología, y es co-redactor del primer proyecto de Rehabilitación de Conductores (en base al Real Decreto 1110/1999, por el que se modificó el artículo 41 del Reglamento General de Conductores).

ENTREVISTA

Actualmente, la Ley de Seguridad Vial, impone una serie de medidas reeducadoras –en forma de cursos de sensibilización y reeducación vial- para aquellos conductores que, debido a una infracción, pierden puntos o se les revoca el permiso de conducir. Como experto en el tema, ¿cuál es el perfil de los infractores que llegan a estos programas formativos?

Desde el comienzo de este sistema formativo, las personas profesionales de la psicología afirmamos claramente que el volumen mayor de convocados a estos “cursos” serían personas que desprecian las normas. Por desgracia el tiempo nos ha dado la razón.

Este carácter psicopático de la personalidad del infractor es obvio, sea cual sea el tramo de edad, género, nivel de estudios, etc., el desprecio a la norma, la autopercepción de suficiencia sobre la misma y el envanecimiento del relato de su comportamiento es claro. Las continuas afirmaciones de arrepentimiento y deseos de mejora duran lo que duran tales actividades formativas.

¿Podría decirnos qué diferencias existen entre los cursos destinados a la recuperación de puntos de conducir y aquellos orientados a obtener nuevamente la licencia de conducción?. ¿Qué áreas temáticas se trabajan en cada uno?

He aquí el problema de base. La formación por sí misma no cambia las actitudes. No haber querido comprender este principio básico por parte de las administraciones competentes, está provocando esta confusión en la intervención de las personas profesionales de la psicología. Así, nos encontramos que la intervención no puede circular por objetivos distintos, sino simplemente por tiempo de dedicación, mayor en el segundo caso.

Si la duración de la intervención está en torno a una o dos horas, respectivamente, en “cursos” de entre 12-15 y 30 horas (con ocasionales duraciones mayores), el carácter formativo absorbe cualquier intento rehabilitador.

¿Quién puede impartir estos programas de reeducación vial? ¿Qué papel desempeña la figura del psicólogo en este tipo de intervenciones?

Como se ha señalado, el conjunto de personas que “imparten” esto “cursos” es variado. Al final, podemos encontrarnos con un conjunto de “conferenciantes” que hacen acto de presencia (profesionales de la psicología, miembros de todo tipo de asociaciones de ayuda social y atención a la víctimas del tráfico, …), junto con un formador vial que se esfuerza por completar un temario. Hemos de agradecer a tan amplio colectivo sus esfuerzos y buena fe.

Teóricamente, la persona profesional de la psicología ha de utilizar el tiempo de su participación para una atención más personalizada y buscando elicitar nuevas actitudes que faciliten el cambio de comportamiento. Realmente se le pide un verdadero milagro. Pero quienes así actuamos, tenemos claro nuestro compromiso social y con la seguridad de todas las personas. De ahí nuestro afán de dedicar el tiempo que se nos deje y aumentarlo, si se puede.

A su juicio, ¿considera que el temario formativo contempla los aspectos psicológicos como debería?

He aquí el grave problema. Al haber reducido la intervención a la formación, cuando los “aspectos psicológicos” aparecen, lo hacen en el contexto formativo.

Los asistentes precisan de atención psicológica personalizada. No nos oponemos a que se forme más intensamente a las personas conductoras (y no sólo cuando pierden el crédito social de los puntos); pero el cambio de actitudes conlleva siempre, junto a las actuaciones grupales, actuaciones individualizadas. Y todo esto no es cuestión formativa.

Se sabe que desde la implantación del Sistema por puntos, la tasa de reincidencia posterior a la finalización de los cursos de sensibilización y reeducación vial sigue siendo elevada. ¿Esto es así? En este caso, ¿qué aspectos considera que deberían tenerse en cuenta para fomentar el cambio de actitud en los conductores reincidentes?

Sea elevada o no es lo de menos. Cada parte involucrada en estos procesos puede entender las cifras como considere.

La cuestión clave es la planteada: “fomentar el cambio de actitud en los conductores reincidentes”. Comencemos por el último adjetivo. Ese carácter “reincidente” (inclusivo además del término “poli-infractor”) está presente ya cuando la persona se acerca por vez primera a estos “cursos”. Es pues, necesario que administraciones y personas usuarias de nuestra vías, junto con el conjunto de profesionales que participamos, busquemos detectar tal carácter, y para ello nuestra corporación profesional ofreció un modelo adecuado de evaluación, tanto anterior como posterior, al programa rehabilitador.

Porque esa es la clave de la intervención: la personalización (la individuación de la consideración de la persona poli-infractora) en el diseño de la actuación profesional. Así, el tener que dar una respuesta inmediata, global y económicamente sostenible, al conjunto de personas afectadas ha llevado a confundir los objetivos con los medios. La persona con descrédito ha de tener la mejor atención y un mensaje claro: “vamos a ayudarte, no a que cumplimentes un trámite”.

Para finalizar, ¿desea añadir algún otro comentario?

Creo que las cuestiones planteadas han sido lo suficientemente representativas de los diversos aspectos que conlleva este asunto, como para tener algo más que añadir. Sólo agradecer el esfuerzo a todas las personas profesionales de la psicología que, en estas u otras actuaciones (no olvidemos a quienes actúan evaluando correctamente la aptitud psicológica en C.R.s, diseñando y ejecutando la educación vial de tantos y tantos colectivos, quienes investigan el comportamiento y la ergonomía en dispositivos y vehículos, etc.), ponen en valor la necesidad de nuestra intervención profesional para mejora de la Seguridad Vial.

Porque este es realmente el asunto. Las personas profesionales de la psicología podemos ayudar a la mejora del Tráfico y de la Seguridad de todos los ciudadanos. La Seguridad Pública no es sólo cuestión policial, es también de todas las personas que, realizando actividades privadas que conllevan riesgo para terceros, la podemos comprometer. Y ahí, en el comportamiento y la mente, es donde se halla la psicología.

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