La medicación antipsicótica puede resultar contraproducente a largo plazo. Así lo ha manifestado recientemente el psiquiatra Thomas Insel, director del Instituto Nacional de Salud Mental de EE.UU. (National Institute of Mental Health - NIMH), -la agencia de investigación biomédica en salud mental más importante de todo el mundo-, quien ha señalado además que el NIMH apoya la investigación que se centre en programas de intervención en psicosis que combinen la educación familiar, el apoyo en el empleo y la terapia cognitivo-conductual, que han demostrado una “eficacia total en la reducción de la probabilidad de recaídas, el aumento de la capacidad de funcionamiento en la vida diaria, y en la mejora de la resolución de problemas y de las habilidades interpersonales”.

Mediante un escrito publicado el pasado 28 de agosto de 2013 en su blog, Thomas Insel ha señalado que los profesionales de la salud mental deben tener en cuenta los resultados obtenidos en recientes investigaciones, -como la del equipo de Lex Wunderik (publicada en la revista JAMA este mismo año)-, que muestran que los antipsicóticos, tanto los de primera como los de segunda generación, a pesar de sus aparentes beneficios a corto plazo, “pueden empeorar las perspectivas de recuperación” de los pacientes si se mantienen a largo plazo.

Específicamente, Wunderink y sus colegas realizaron un seguimiento de más de 7 años a 103 pacientes con esquizofrenia y otros trastornos relacionados, que habían experimentado un primer episodio de psicosis. A los seis meses tras la remisión de los síntomas asociada al tratamiento antipsicótico, los pacientes fueron asignados al azar a un programa de tratamiento antipsicótico de mantenimiento o a un programa de retirada paulatina y suspensión de la medicación. Los resultados obtenidos mostraron que a los 7 años, el grupo de pacientes sin medicación había alcanzado una tasa de recuperación funcional dos veces superior al grupo de pacientes medicados (40,4% de recuperación frente al 17,6%).

“Una de las primeras lecciones que recibí como psiquiatra en formación hace 35 años fue el valor de los fármacos antipsicóticos”, comienza escribiendo T. Insel. Y continúa: “Estos medicamentos llevan estando disponibles para el tratamiento de la psicosis durante más de medio siglo, desde el prototipo de primera generación de fármacos, hasta llegar actualmente a unos 20 medicamentos diferentes, entre los que se encuentran los fármacos de segunda generación, comunmente denominados "antipsicóticos atípicos". Los síntomas como las alucinaciones, los delirios y las ideas paranoides se reducen fiablemente mediante estos fármacos (…) Sin embargo, el mantenimiento a largo plazo de la enfermedad mental crónica es otra cuestión. Recientemente, los resultados obtenidos en varios estudios han sugerido que estos medicamentos pueden ser menos eficaces en los dominios que más importan a las personas con enfermedad mental grave: la recuperación completa de su bienestar y de un lugar productivo en la sociedad”.

Tras revisar las recientes investigaciones sobre seguimiento a largo plazo en psicosis, el director del NIMH se pregunta sobre las implicaciones de estos resultados: “¿Qué dice esto sobre el uso a largo plazo de los antipsicóticos? ¿Son potencialmente peligrosos? ¿Son necesarios durante toda la vida de una persona? (…) Parece que lo que hoy llamamos  "esquizofrenia" puede comprender trastornos con muy diferentes trayectorias. Para algunas personas, el mantenimiento de la medicación a largo plazo podría suponer un obstáculo para su plena recuperación. Para otros, el suspender la medicación podría ser desastroso. En todos los casos, tenemos que ser conscientes de que la reducción de los llamados “síntomas positivos” (alucinaciones y delirios) puede ser necesaria, aunque rara vez suficiente para que los pacientes recuperen su funcionamiento normal. Ni los medicamentos antipsicóticos de primera generación ni los de segunda generación, hacen mucho para aliviar los llamados síntomas negativos (falta de sentimientos, falta de motivación) o los problemas de atención y de capacidad de razonamiento, que pueden ser grandes obstáculos para llevar una vida sana y productiva. La educación familiar, el apoyo en el empleo, y la terapia cognitivo-conductual cuentan con toda la eficacia demostrada en la reducción de la probabilidad de recaídas, el aumento de la capacidad de funcionamiento en la vida diaria, y en la mejora de la resolución de problemas y de las habilidades interpersonales. El NIMH apoya la investigación sobre este tipo de intervenciones, que se centran en una combinación de enfoques – la remisión de síntomas, la participación de la familia y la recuperación funcional-.”.

Thomas Insel continúa su escrito reconociendo la limitación de los programas de intervención en esquizofrenia centrados en una aproximación farmacológica: “Somos conscientes de que para muchas personas, los tratamientos actuales no son lo suficientemente buenos. Se requieren tratamientos nuevos y mejores si queremos aumentar los resultados para todos los pacientes”. En contraposición, destaca los resultados obtenidos con otros programas integrales, como el Programa de Recuperación Después del Episodio Inicial de la Esquizofrenia (The Recovery After Initial Schizophrenia Episode - RAISE)  -un programa que combina la medicación en dosis bajas, con la psicoeducación familiar, el apoyo educativo y en el empleo, y la terapia congnitivo-conductual-, llamando la atención de los profesionales médicos y psiquiatras sobre la necesidad de ser más cuidadosos a la hora de administrar fármacos antipsicóticos: Tenemos que preguntarnos si a largo plazo, algunos individuos con antecedentes de psicosis podrían encontrarse mejor sin ningún tipo de medicación. Ésta es una decisión difícil, donde los daños deben sopesarse frente a los potenciales beneficios”.

Las palabras de Thomas Insel suponen una relevante reflexión sobre los perjuicios de la medicación antipsicótica y un reconocimiento del valor de los programas de tratamiento cognitivo-conductual en psicosis sin precedentes en la historia, si tenemos en cuenta la institución que su figura representa: eminentemente psiquiátrica y centrada en un enfoque biologicista de la salud mental. “Los resultados a largo plazo en personas con "esquizofrenia" nos recuerdan que, 100 años después de la definición de este trastorno y 50 años después de la aparición de los “medicamentos revolucionarios", todavía tenemos mucho que aprender”, concluye el director del NIMH.

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NIMH

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