El pasado mes de septiembre, el Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica del Reino Unido (National Institute for Health and Clinical Excellence, NICE) publicó una nueva guía sobre Depresión infanto-juvenil, dirigida a los responsables de políticas de actuación sanitaria, profesionales de la salud y trabajadores sociales, así como al público en general.

La Guía, titulada “Depression in children and young people: Identification and management in primary, community and secondary care” (Depresión en niños y adolescentes: identificación y tratamiento en atención primaria, comunitaria y secundaria), ofrece una serie de recomendaciones avaladas por la evidencia científica, sobre el diagnóstico y el tratamiento de niños y adolescentes que padecen un trastorno depresivo, y exhorta tanto a los responsables en políticas de salud como a los profesionales de los Servicios Sanitarios y Sociales, a tomarlas como referencia a la hora de diseñar servicios de calidad.

El manual define el trastorno depresivo como un “grupo amplio y heterogéneo de criterios diagnósticos, caracterizado por un estado de ánimo depresivo y pérdida de placer en la mayoría de actividades, y que, frecuentemente, va acompañado de síntomas de ansiedad”. Dada la complejidad de su diagnóstico en la población infantil, destaca la necesidad de realizar un trabajo coordinado entre los Centros de Salud Mental Infanto-Juvenil y los servicios de atención primaria y secundaria, a fin de mejorar la detección temprana y así poder aplicar un tratamiento correcto y adaptado a las necesidades individuales de este colectivo.

Asimismo, la NICE considera esencial que todos los profesionales que participen en el proceso de evaluación, tratamiento y cuidado de estos niños y adolescentes, cuenten con la formación y experiencia adecuadas para poder llevar a cabo de manera eficaz el tipo de intervención que recomiendan estas normas de calidad.

La Guía subraya la importancia del papel que juegan padres y cuidadores en todos los aspectos, e insiste en la necesidad de hacerlos partícipes en todas las etapas de evaluación, diagnóstico y tratamiento. Tal y como advierte el texto, es imprescindible que toda la información que reciban los niños y adolescentes sobre su diagnóstico y las diferentes opciones de tratamiento, esté adaptada tanto a su edad como a su nivel de desarrollo emocional y cognitivo, para que puedan comprenderla y así formar parte activa en cualquier toma de decisiones.

Antes de iniciar un tratamiento, los expertos recuerdan la conveniencia de evaluar otros factores que puedan contribuir a desarrollar y/o mantener un trastorno depresivo, tales como la presencia de síntomas depresivos en los padres -considerándolo como un importante factor de riesgo-, o el estar padeciendo bullying, entre otros.

Según estas recomendaciones basadas en los estudios de mayor rigurosidad, existe poca evidencia científica acerca de la eficacia de los fármacos antidepresivos en niños y adolescentes, por lo que aconseja la Terapia de apoyo no directiva y la Terapia cognitivo-conductual como tratamiento de primera elección, considerando la posibilidad de utilizar antidepresivos en casos de depresión moderada y severa, únicamente cuando no haya ningún tipo de respuesta positiva después de seis sesiones de tratamiento psicológico. No obstante, si la terapia combinada no se muestra eficaz tras 6 sesiones o la familia declina el tratamiento farmacológico, la Guía aconseja realizar una revisión por parte del equipo multidisciplinar y considerar una terapia psicológica alternativa.

La Guía puede consultarse y descargarse de manera gratuita desde el siguiente enlace:

Depression in children and young people: Identification and management in primary, community and secondary care

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