Laura María Haro1, Rebeca Mondéjar2, María del Mar Muñoz2, María José Molina2, Amaya Olaverriy José Antonio Santiago2

1Universidad de Psicooncología. AECC. Cuenca

2Servicio de Oncología Médica. Hospital Virgen de la Luz. Cuenca

Las náuseas y vómitos (emesis) producidos por la quimioterapia y la radioterapia pueden afectar significativamente la calidad de vida de los pacientes con cáncer. Suelen aparecer en un 20-30% de los pacientes y son uno de los efectos secundarios más temidos. Pueden ser agudos, durante las primeras veinticuatro horas tras la administración de quimioterapia, o tardíos, hasta 2-3 días después.

Un tipo especial de emesis son las náuseas y vómitos anticipatorios. Se trata de una respuesta condicionada que aparece en el 25% de los pacientes antes de recibir el ciclo de quimioterapia ya que se basa en un aprendizaje de una experiencia negativa con dicho tratamiento. Suele aparecer tras la infusión del cuarto ciclo de quimioterapia, alrededor del tercer mes de tratamiento. Ocurre en pacientes que han desarrollado náuseas y vómitos importantes durante los ciclos previos.

Otros factores de riesgo implicados son: pacientes jóvenes (menores de 50 años), mujeres, que presentan algunos síntomas como sensación de calor o sudoración, debilidad o mareo generalizado después de la última sesión de quimioterapia, con historia de cinetosis, que reciben al mismo tiempo tratamiento con radioterapia, con altos niveles de ansiedad y labilidad emocional, con bajo nivel de motivación con el tratamiento, con mal estado general o funcional o falta de descanso y sueño previos. La presencia de varios de estos factores aumenta la probabilidad de poder experimentar náuseas o vómitos anticipatorios.

La Guía NCCN Antiemesis 2013 señala la importancia de prevenir las náuseas y los vómitos con fármacos óptimos durante cada ciclo de quimioterapia. Los nuevos antieméticos, como el palonosetrón o el aprepitant, suelen evitar las náuseas y los vómitos agudos y tardíos provocados por la quimioterapia pero no mejoran la emesis anticipatoria. Si se controla la emesis aguda y tardía difícilmente aparecerá la emesis anticipatoria.

Si aparecen episodios de náuseas y/o vómitos anticipatorios, los antieméticos no suelen mejorarlos. Los tratamientos indicados para este tipo de emesis serían las técnicas conductuales como la relajación, la desensibilización sistemática, la hipnosis e imaginación guiada junto con la musicoterapia.

Algunos ensayos clínicos muestran que las benzodiacepinas: alprazolam 0,5-2 mg (la noche antes del tratamiento con quimioterapia) y el lorazepam 0,5-2 mg (la noche previa y el día del tratamiento), añadidos al tratamiento antiemético y al apoyo psicológico, mejoran los vómitos anticipatorios.

Según la Guía de Práctica Clínica del Sistema Nacional de Salud de 2008 existe evidencia consistente sobre la eficacia de la psicoterapia con técnicas conductuales como la desensibilización sistemática o ejercicios de relajación llevadas a cabo por personal especializado.

Las intervenciones conductuales son especialmente apropiadas porque la emesis anticipatoria es una respuesta condicionada, y es mejor aplicarlas antes de que se instaure esta respuesta no deseada. La evidencia sugiere que las técnicas conductuales pueden reducir las náuseas y vómitos anticipatorios, consiguen disminuir los niveles de ansiedad y angustia y, en menor medida, disminuyen el dolor relacionado con el cáncer y las náuseas.

Se han utilizado técnicas como la hipnosis, el biofeedback, yoga y muchas variaciones de métodos de relajación. Es de interés que aunque los niveles de ansiedad de los pacientes no están influenciados siempre, estas técnicas pueden controlar dicha emesis.

Como sugieren diferentes estudios, la relajación muscular progresiva es una técnica útil para complementar el tratamiento antiemético farmacológico clásico ya que puede mejorar los efectos secundarios producidos por la quimioterapia.

En el estudio de Yoo, el entrenamiento en relajación muscular progresiva más imaginación guiada mejoró los niveles de ansiedad, depresión y al mismo tiempo que las pacientes experimentaban de forma significativa menos náuseas y vómitos después de la quimioterapia y menos emesis anticipatoria. A los 6 meses, la calidad de vida en el grupo tratamiento era mayor que en el grupo control.

En el estudio realizado por Molassiotis la intervención incluyó la utilización de relajación una hora antes de la primera sesión de quimioterapia y durante 5 días (seis sesiones). Cada sesión duró 25 minutos e incluyó 11 grupos musculares y fue seguida por 5 minutos de técnicas de imaginación. Los resultados mostraron la menor aparición y menor duración de las náuseas y vómitos sin verse afectada la intensidad. Las pacientes del grupo experimental presentaron menos alteraciones del estado de ánimo a largo plazo, pero no se encontraron diferencias significativas en cuanto a los niveles de ansiedad de ambos grupos.

El entrenamiento en desensibilización sistemática controla y reduce las náuseas anticipatorias producidas durante la quimioterapia.

La hipnosis podría ser una intervención clínicamente valiosa para emesis anticipatoria en los niños con cáncer pero se han realizado pocos estudios controlados con adultos.

En conclusión, el mejor tratamiento para la emesis anticipatoria es el control de la emesis aguda y tardía. La emesis anticipatoria debe resolverse mediante técnicas psicológicas.

Las intervenciones psicológicas conductuales deberían incorporarse en el protocolo de antiemesis ya que pueden mejorar los estándares de cuidado de pacientes con cáncer que experimentan efectos secundarios de la quimioterapia.

El artículo completo puede encontrarse en la Revista Psicooncología:

Haro, L.M., Mondéjar, R., Muñoz, M., Molina, M.J., Olaverri, A. y Santiago, J.A. (2013) Tratamiento psicológico de las náuseas y vómitos anticipatorios inducidos por quimioterapia o radioterapia. Psicooncología, 10 (2-3), 289-298.

Laura Haro Martínez. Es Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Máster en Psicooncología. Psicóloga en Asociación Española contra el Cáncer.

Rebeca Mondéjar Solís. Es Licenciada en Medicina por la Universidad de Valladolid. Especialista de Oncología Médica en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón. Facultativo especialista en Oncología Médica del Hospital Virgen de la Luz de Cuenca.

José Antonio Santiago Crespo. Es Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Madrid. Especialista de Oncología Médica en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón. Jefe de la Sección de Oncología Médica del Hospital Virgen de la Luz de Cuenca.

Amaya Olaverri Hernández. Es Licenciada en Medicina por la Universidad de Valladolid. Facultativo especialista en Oncología Médica del Hospital Virgen de la Luz de Cuenca.

María José Molina Garrido. Es Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Murcia. Especialista de Oncología Médica en el Hospital General Universitario de Elche. Facultativo especialista en Oncología Médica del Hospital Virgen de la Luz de Cuenca. Tesis doctoral por la Universidad Miguel Hernández de Elche.

María del Mar Muñoz Sánchez. Es Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Madrid. Especialista de Oncología Médica en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón. Facultativo especialista en Oncología Médica del Hospital Virgen de la Luz de Cuenca.

Artículos Relacionados
Nuevo portal sobre cáncer: www.onconocimiento.net
Decálogo para el buen tratamiento informativo del Cáncer
Guía de práctica clínica para el manejo de dolor en niños con cáncer
Desenmascarar los mitos sobre el cáncer, campaña de la Unión Internacional contra el Cáncer
La Realidad Virtual en las intervenciones psicológicas con pacientes oncológicos-4 de febrero, Día Mundial contra el Cáncer
El dolor irruptivo oncológico o la Cenicienta revelada
Intervención psicosocial en adolescentes con cáncer: 15 de febrero - Día Internacional del Niño con Cáncer
Salud mental y malestar emocional en pacientes con cáncer