Pilar Capilla1, Héctor González-Ordi2 y Pablo Santamaría3

Centro Integral Psicosomático1, Universidad complutense de Madrid2 y TEA ediciones3

Durante las dos últimas décadas son numerosos los trabajos realizados por diferentes grupos de investigación referentes a los múltiples síntomas físicos, cognitivos y afectivos de la Fibromialgia (FM), así como a su etiopatogenia, clasificaciones y posibilidades terapéuticas. Pero a pesar de la extensa literatura internacional sobre muchos de los aspectos de esta patología, son escasos los trabajos publicados sobre FM y simulación. Sin embargo, sí podemos encontrar autores que documentan la tendencia de los pacientes con FM a exagerar más su sintomatología y a percibir de forma más intensa, dramatizando los cambios somáticos asociados a su enfermedad.

Por otra parte, es conocido que, cuando un paciente se encuentra en una situación de litigancia (v.g, pendiente de ser evaluado para obtener una incapacidad permanente) sus resultados son peores a largo plazo. Esta situación, unida a que la FM es una de las enfermedades que más costes totales provoca en nuestro país, nos llevó a considerar de especial interés poder diferenciar al paciente honesto del simulador en el caso de esta patología en concreto ya que, si bien de los estudios internacionales parece desprenderse que el patrón de exageración de síntomas es frecuente en el paciente con fibromialgia, sabemos que no toda exageración de síntomas es en sí mima simulación y que las conductas aprendidas de dolor no deben considerarse erróneamente como simulación.

Por esta razón, propusimos un protocolo del paciente simulador del dolor crónico que es multimétodo, multisistema, multidisciplinar y basado en inconsistencias (Capilla y González-Ordi, 2009), que en el caso de fibromialgia debe llevarse a cabo utilizando diferentes pruebas médicas, evaluación de la discapacidad y calidad de vida, del dolor y la personalidad, así como la observación conductual (Capilla y González-Ordi, 2012a). No obstante, el patrón de exageración de síntomas presentado, aparentemente por estos pacientes, nos obliga a ser extremadamente cautelosos en el caso de esta patología en concreto y valorar exquisitamente los puntos de corte de las diferentes pruebas  ya que, además, no se comporta como otras patologías del dolor crónico (Capilla y González-Ordi, 2012b; González-Ordi y Capilla, 2012)

La investigación original se llevó a cabo con una muestra de 113 sujetos, distribuidos en diferentes condiciones: (1)  pacientes con FM en situación de litigancia, concretamente estaban pendientes de ser evaluados para obtener una incapacidad laboral permanente o en situación de incapacidad temporal de larga duración y cumplían los criterios de  sospecha de simulación (González-Ordi, Santamaría y Capilla, 2012), (2) pacientes con FM en situación de no litigancia, (3) sujetos análogos, es decir, sujetos a los que se les instruye para que simulen síntomas con la finalidad de obtener el techo de las pruebas y (4) grupo control. Se les aplicaron diferentes pruebas médicas complementarias, la adaptación española de la Escala de Autoeficacia, la Escala de Satisfacción Personal Vital, la adaptación española del Cuestionario de Impacto de Fibromialgia (FIQ), la versión española del cuestionario de Salud SF-36, el inventario Estructurado de Simulación de Síntomas (SIMS) y la adaptación española del Inventario de Personalidad de Minesota-2, Formulario Reestructurado (MMPI-2-RF).

Para buscar patrones diferenciales entre pacientes no litigantes y litigantes con sospecha clínica de simulación, nos centramos en aquellas variables de las diferentes pruebas que mostraron que el paciente con sospecha de simulación respondía de forma diferente al honesto y similar al análogo que había sido instruido específicamente para que mintiera, con la finalidad de detectar qué patrón de respuesta presenta un paciente que miente cuando miente.

Obtuvimos un perfil diferencial entre los pacientes honestos y aquellos con sospecha de simulación que podemos resumir en los siguientes puntos:

1- Los pacientes con sospecha de simulación presentan una menor autoeficacia percibida. Entendiendo por autoeficacia percibida el sentimiento de confianza en las capacidades propias para manejar estresores de la vida.

La autoeficacia percibida es un determinante significativo en el funcionamiento físico del paciente con FM y un predictor de mantenimiento de los logros y mejora a largo plazo.

2- La valoración personal que los pacientes con sospecha de simulación hacen de las distintas áreas de su vida es peor que la de los honestos y similar a los análogos (sujetos instruidos específicamente para simular síntomas propios de la fibromialgia).

3- Las puntuaciones en las escalas del FIQ y SF-36 indican un mayor impacto de enfermedad y un peor estado de salud autoinformado en los pacientes con sospecha de simulación, similar a los análogos que mienten y mucho peor que los honestos.

4- Las puntuaciones en el MMI-2-RF reflejan dos conclusiones. (1) las escalas de validez centradas en la exageración de síntomas no han discriminado entre los distintos grupos de FM, lo que no es de extrañar si consideramos que la evidencia empírica señala que la exageración y dramatización de los síntomas somáticos y cognitivos son intrínsecas a esta patología. (2) las escalas de contenido del MMPI-2-RF, que reflejan que los pacientes con sospecha de simulación y análogos (que mienten deliberadamente) se diferencian de los honestos por la “actitud negativa ante la vida” con que se autopresentan: manifiestan mayor nivel de malestar emocional caracterizado por una mayor presencia de experiencias emocionales negativas, tristeza, infelicidad e insatisfacción con la vida, pesimismo, introversión e inactividad social, baja energía para el cambio, falta de interés y anhedonia significativa, incapacidad para cambiar y superar sus problemas y alcanzar sus metas en la vida, carecen de motivación para el cambio y piensan que la vida es injusta y una dura carga.

5- Al aplicar las pruebas de screening (SIMS) vemos que existe una ausencia relativa de discriminación en la exageración de síntomas en el caso de FM, entre pacientes honestos y pacientes con sospecha de simulación, datos que van en la misma dirección y por la misma razón que los encontrados en las escalas de validez del MMPI-2-RF, si bien las puntuaciones son más altas en los pacientes litigantes con sospecha de simulación.

De estos datos se desprende la necesidad de una correcta evaluación del paciente con fibromialgia para la detección de la simulación, ya que si es complejo hacerlo en cualquier paciente con dolor crónico, lo es más en esta patología que lleva inherente, en muchos casos, un patrón de exageración. En el artículo se propones posibles puntos de corte para cada una de las herramientas consideradas, así como estimaciones de su sensibilidad y especificidad en el estudio. Queremos recordar, enfáticamente, que ninguna prueba aislada puede diagnosticar simulación y que es siempre desde la convergencia de datos de diferentes pruebas desde el ámbito médico y psicológico como puede abordarse y la única manera existente de no catalogar erróneamente a un paciente honesto como simulador.

El artículo completo puede encontrarse en la Revista Clínica y Salud :

Capilla Ramírez, P., González-Ordi, H, Santamaría, P, Pérez-Nieto, M.A. y Casado Morales, M.I. (2013). Fibromialgia: ¿exageración o simulación? Clínica y Salud, 24, 185-195.

Referencias:

Capilla Ramírez, P. y González-Ordi, H. (2009). Protocolo para la detección de la simulación del dolor en la práctica clínica: estudio de casos. TRAUMA Fundación Mapfre, 20, 255-263.

Capilla Ramírez, P. y González Ordi, H. (2012a). Fibromialgia. En H. González Ordi, P. Santamaría y P. Capilla Ramírez (Eds). Estrategias de detección de la simulación. Un manual clínico multidisciplinar. Madrid: TEA ediciones.

Capilla Ramírez, P. y González-Ordi, H. (2012b). Simulación en Patología dolorosa crónica del raquis cervical (cervicalgia/esguince cervical). Revista Española de Medicina legal, 38, 76-84.

González Ordi, H., Capilla Ramírez, P., Santamaría Fernández, P. y Casado Morales, M.I. (2012). Abordaje multidisciplinar para la detección de la simulación en lumbalgia crónica. Trauma, 23, 145-154.

González Ordi, H., Santamaría Fernández, P, y Capilla Ramírez, P. (2012). La simulación como estilo de respuesta. En H. González Ordi, P. Santamaría y P. Capilla Ramírez (Eds). Estrategias de detección de la simulación. Un manual clínico multidisciplinar. Madrid: TEA ediciones.

González-Ordi, H., Santamaría, P. y Capilla (eds.). (2012). Estrategias de detección de la simulación, un manual clínico multidisciplinar. Madrid: TEA ediciones.

Pilar Capilla Ramírez. Doctora en Psicología. Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, Psicoterapeuta. Máster en Terapia de Conducta. Máster en Biomecánica del Aparato Locomotor. Máster en Valoración del Daño Corporal incapacidades y Minusvalías. Directora Médico del Centro Integral Psicosomático de Madrid y Médico de FREMAP. Co-editora del libro Estrategias de Detección de Simulación. Un manual clínico multidisciplinar. Actividad Investigadora actualmente en simulación de síntomas en dolor crónico y trastornos afectivos.

Héctor González Ordi. Doctor en Psicología. Especialista en Psicología Clínica. Profesor del Departamento de Psicología Básica II (Procesos Cognitivos), Facultad de Psicología, Universidad Complutense de Madrid. Co-adaptador del Inventario Estructurado de Simulación de Síntomas - SIMS. Co-editor del libro Estrategias de Detección de Simulación. Un manual clínico multidisciplinar. Centrado en la investigación y desarrollo de protocolos multisistema-multimétodo-multidisciplinar de evaluación de la validez de los síntomas en dolor crónico, ansiedad, depresión y estrés postraumático, en el contexto médicolegal.

Pablo Santamaría-Fernández.  Licenciado en Psicología y Máster en Metodología de las Ciencias del Comportamiento de la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en la creación, desarrollo y adaptación de instrumentos de evaluación, con especial interés en la evaluación de la personalidad y la detección de simulación de trastornos, habiendo sido adaptador de múltiples pruebas relevantes en este área (v.g., MMPI-2-RF, PAI, SIMS...). Ha desarrollado su labor profesional en el departamento de I+D+i de TEA Ediciones desde el año 2000, pasando a ser su director en el año 2011 hasta la actualidad.

Artículos Relacionados
Mitos y concepciones erróneas en torno a la evaluación de la simulación y la validez de los síntomas
La detección de la simulación de síntomas: de la impresión clínica al desarrollo de protocolos estandarizados
En busca de un método rápido para detectar la simulación del deterioro cognitivo
ESTRATEGIAS DE DETECCIÓN DE LA SIMULACIÓN: UN MANUAL CLÍNICO MULTICISCIPLINAR
CELEBRACIÓN DEL CURSO “LA DETECCION DE LA SIMULACIÓN EN EL ÁMBITO CLÍNICO, LEGAL Y FORENSE”
DETECCIÓN DE LA SIMULACIÓN EN EL CONTEXTO MÉDICOLEGAL