Francisco Montesinos

Universidad Euroepa de Madrid

El dolor es el principal motivo de consulta médica. En nuestro país más de 6 millones de personas sufren cefaleas o dolor de espalda, articular y cervical. Sus consecuencias son notables a nivel físico, psicológico, social y laboral. Desde hace años vienen desarrollándose tratamientos psicológicos que se están convirtiendo en una alternativa eficaz a para mejorar la calidad de vida de aquellos pacientes que no responden a los tratamientos médicos. Después de varias décadas en las que apenas se han observado avances basados en la evidencia científica en el tratamiento psicológico del dolor crónico, los investigadores están cuestionando el modelo más extendido (el llamado “Modelo de Miedo-Evitación”), que destaca el papel de los pensamientos catastróficos en la generación del miedo. El modelo sostiene que estos pensamientos son los causantes del característico estado de “hipervigilancia”  de estos pacientes, y generan estrés y llevan a  evitar múltiples actividades que aumentan el dolor.

Las terapias cognitivo-conductuales basadas en la evidencia y derivadas de este modelo propugnan la modificación de los pensamientos catastrofistas y el afrontamiento de las situaciones que aumentan el dolor. Un nuevo modelo, defendido por Lance McCracken, de la Universidad King’s College de Londres y Francisco Montesinos, de la Universidad Europea de Madrid y terapeuta de www.institutoact.es   en su artículo “Tendencias actuales y futuras en psicología y dolor crónico: ¿es hora de cambiar?” que acaba de ser publicado en la revista “Pain Management”, proponen un cambio de rumbo hacia el denominado “Modelo de Flexibilidad Psicológica” que está superando las limitaciones del anterior y que está generando tratamientos más eficaces. La nueva perspectiva de tratamiento  (la Terapia de Aceptación y Compromiso) sigue considerando la evitación pero se centra mucho más en la acción y en el presente, y en lugar de la modificación de pensamientos negativos propone técnicas de “mindfulness” o “conciencia plena” para aprender a vivir con dolor y ser más flexible a la hora de afrontar  los retos de la vida a pesar de la  presencia del dolor. De modo que para estas nuevas terapias, el objetivo no es tanto disminuir la experiencia de dolor como lo que llaman “reducir la dominancia del dolor”, aumentando así la tolerancia a dicho dolor, al comprobarse que la lucha del paciente para tratar de mitigar o reducir las sensaciones dolorosas con frecuencia las exacerba, sobre todo en los casos en los que el dolor alcanza una intensidad más elevada.

Entre las debilidades del Modelo de Miedo-Evitación señaladas por McCracken y Montesinos destacan su enfoque limitado en elementos cognitivos y emocionales, la falta de énfasis en procesos de la psicología  normal, y el hecho de que no especifica procesos de recuperación y cambio terapéutico. Los autores sostienen que el Modelo de Flexibilidad Psicológica supera las limitaciones del anterior. Se trata de un modelo que incluye múltiples procesos psicopatológicos y cada uno de ellos se asocia a un proceso de tratamiento. Además incluye una aproximación específica de tratamiento (ACT). El modelo permite explicar el círculo vicioso de la exacerbación del dolor y la discapacidad que atrapa al paciente en sus pensamientos, interpretaciones, sentimientos y patrones de comportamiento. La evidencia hasta la fecha incluye ya 7 ensayos controlados aleatorizados en el campo del dolor crónico además de otros muchos estudios.

Además, los autores reflexionan acerca de cómo facilitar la evolución y contribuir a un cambio de modelo. Dado que las elecciones de terapeutas e investigadores reflejan patrones de comportamiento y es inevitable que surjan barreras ante la posibilidad del cambio, se contemplan distintos acercamientos para abordar dichas barreras, que pasarían por la colaboración entre diferentes grupos de investigación, y el establecimiento de alianzas entre profesionales orientados a la investigación y profesionales orientados a la clínica. La existencia de consenso en la investigación no es suficiente para que se apliquen las técnicas que gozan de mayor evidencia, y se ha constatado la tendencia en muchos terapeutas a desviarse de la aplicación de los tratamientos tal como sugieren las guías. Por ello, habría que considerar barreras en los clínicos como la incertidumbre y la ansiedad que forman parte del proceso, así como otros factores que bloquean la evolución como la necesidad de tiempo y el coste económico que supone. Finalmente se destaca el papel que pueden jugar las organizaciones profesionales y los centros de trabajo a la hora de apoyar nuevas iniciativas y una cultura de cambio, y se apuesta por una invitación a los clínicos para que comiencen por la adopción de métodos específicos y cambios graduales.

Más información:

McCracken, L.M. & Montesinos, F. (2014). Current and future trends in psychology and chronic pain: time for a change? Pain Manage, 4, 2, 113-121

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