¿Qué es la inteligencia emocional? ¿Cómo se desarrolla? ¿En qué ámbitos se puede aplicar?

Estas son algunas de las cuestiones a las que, en los últimos años, han tratado de dar respuesta numerosos expertos e investigadores de la inteligencia emocional. Prueba de ello, son los distintos modelos explicativos que han ido surgiendo en torno a este concepto, así como la aparición de numerosos estudios sobre su aplicación en diferentes áreas de la Psicología, tales como la Clínica, la educativa o la organizacional, entre otras.

Precisamente, con el fin de conocer los últimos avances en inteligencia emocional que se han realizado en nuestro país, tendrá lugar entre los días 22 y 24 de este mes, el II Congreso Nacional de Inteligencia Emocional.

Este evento, celebrado por el COP Catalunya, pretende erigirse como un punto de encuentro referente para que científicos y profesionales españoles puedan compartir las investigaciones recientes en este ámbito.

Nathalie P. Lizzeretti

A este respecto, Infocop Online ha querido entrevistar a la coordinadora del Comité Científico y Organizador del Congreso, Nathalie Pérez Lizzeretti, doctora en Psicología y especialista en Psicoterapia e Inteligencia Emocional, así como profesora en la Universidad Ramón Llull de Barcelona y directora del Centro de Investigación y Desarrollo de la Inteligencia Emocional (CIDIE), dedicado a la psicoterapia, la investigación y la docencia.

Lizzeretti, que participará también como ponente para presentar su modelo de terapia basa en inteligencia emocional (TIE), ha querido concedernos una entrevista para hablarnos en profundidad sobre este tema.

ENTREVISTA

A modo de introducción, ¿podría definirnos qué es la Inteligencia Emocional (IE)?

De forma sencilla podríamos decir que es la competencia para utilizar la sabiduría natural que aportan las emociones.

En concreto los investigadores John Mayer & Peter Salovey, 1997 afirman que “la IE implica la habilidad para percibir con precisión, evaluar y expresar emociones; la habilidad de acceder y/o generar sentimientos cuando facilitan el pensamiento; la habilidad de entender la emoción y el conocimiento emocional; y la habilidad de regular las emociones para fomentar el crecimiento intelectual y emocional”, aportando un modelo estructurado basado en el procesamiento de la información emocional que permite el trabajo sistemático con las emociones.

La ventaja de este modelo con respecto a otros, que la consideran más como un rasgo de personalidad -que se tiene o no se tiene-, es que describir la IE como una habilidad, supone que es algo innato en todo ser humano y, lo más importante, que es susceptible de ser entrenado y desarrollado. Lo que resulta mucho más esperanzador y abre la posibilidad a programas de intervención en vistas a su desarrollo en los distintos ámbitos de aplicación (educativo, clínico, empresarial, etc.).

Pero más allá de lo planteado por estos autores, es importante tener en cuenta que la IE consiste en un conjunto de habilidades de procesamiento emocional que permiten la adecuada gestión de las emociones, que consistiría principalmente en:

  • Integrar todas las dimensiones de la personalidad lo que aporta una percepción holista de las experiencias vitales.

  • Priorizar la información perceptiva, de manera que podamos asignar valor a las cosas. Lo que ineludiblemente confiere a la IE una dimensión ética.

  • Satisfacer necesidades auténticas orientando y dirigiendo nuestras acciones hacia la satisfacción de dichas necesidades, lo que prueba de la bondad intrínseca de las emociones).

¿Cómo se evalúan las habilidades de Inteligencia Emocional? ¿Disponemos de instrumentos de evaluación válidos y fiables para tal fin?

Los métodos de los que se dispone para evaluar la IE desde este modelo son básicamente dos: las escalas de autoinforme y los tests de habilidad. Los más utilizados son el TMMS y MSCEIT.

La Trait Meta-Mood Scale o TMMS fue una de las primeras escalas de autoinforme desarrolladas para evaluar la percepción que tienen las personas sobre sus propias habilidades emocionales, más que sus niveles reales de habilidad. Es decir, para evaluar de forma específica actitudes personales sobre las emociones, el meta-conocimiento que tienen las personas de sus estados de ánimo o lo que actualmente conocemos como Inteligencia Emocional Percibida (IEP). Estas actitudes son importantes en sí mismas pero sobre todo porque predicen indirectamente reacciones emocionales actuales. El interés por evaluar la IEP viene dado porque surge de una reflexión consistente o meta-experiencia del estado de ánimo y la emoción. Es importante que las experiencias emocionales se entiendan sin exagerar ni minimizar su importancia. Consiste en una escala breve con 24 ítems que evalúa tres factores de la IE:

- Atención a las emociones: evalúa si la persona presta atención a sus emociones y se percibe capaz de sentir y expresar los sentimientos de forma adecuada.

- Claridad emocional: indica si la persona comprende bien sus estados emocionales y si es capaz de discriminar entre ellos.

- Reparación de emociones: evalúa si la persona se considera hábil para reparar correctamente sus estados emocionales desagradables e implica la capacidad de cambiar estas experiencias emocionales por otras más positivas y la de prolongar los estados de ánimo agradables.

Las investigaciones indican que una persona con un nivel adecuado de IEP es aquella que no presta excesiva atención a sus emociones pero que sabe discriminar con claridad entre las distintas emociones que experimenta y sabe reparar (o reponerse activamente de) sus estados de ánimo negativos.

El Mayer-Salovey-Caruso Emotional Intelligence Test V2.0 (MSCEIT V2.0; Mayer, Salovey, Caruso y Sitarenios, 2003, 2005) es un test basado en la ejecución de tareas emocionales que tiene como objetivo evaluar las habilidades que configuran la IE de una forma más objetiva que las escalas de autoinforme. Igual que en los tests de inteligencia, la persona pone a prueba sus habilidades a través de diferentes tareas de ejecución que permiten conocer su grado de destreza en cada nivel. Compuesto por 141 ítems permite obtener puntuaciones para las habilidades de percepción, valoración y expresión de las emociones, de facilitación y uso de las emociones para guiar el pensamiento, de comprensión, análisis y utilización del conocimiento emocional y de regulación de las emociones para promover el crecimiento emocional e intelectual. Además de para distintas tareas de tipo emocional, así como un índice global de IE.

Una de las cuestiones que afecta a los test de habilidad de IE es cómo saber cuál es la respuesta correcta a un ítem. En el MSCEIT son tres los métodos que pueden utilizarse para valorar si una respuesta es correcta o no; el método de experto, el target y el general, que es el más utilizado y se basa en el consenso de la mayoría de las personas de una muestra estandarizada. Lo que a mi entender, es una de sus limitaciones, ya que parte de la idea de que la mayoría de las personas son emocionalmente inteligentes, y esto obviamente no es así, sino, viviríamos en un mundo bastante mejor, no??

Pero, ¿cómo podríamos serlo si no nos han educado para ello? Por el contrario, muchos de nosotros recibimos una educación represora en la que no estaba bien aceptada la vivencia y expresión auténtica de las emociones. Hemos aprendido a ser “razonables” y a reprimir y evitar nuestras emociones para no sufrir. Es más, ni siquiera los psicólogos tenemos un adecuado conocimiento emocional. Con frecuencia, en las facultades de Psicología el paso por el tema de las emociones es tangencial y en muchas ocasiones, al finalizar los estudios no se han adquirido algunos conocimientos básicos sobre las emociones. Es algo que hemos podido observar al impartir cursos de formación para psicólogos y psicoterapeutas, y que nos ha sorprendido mucho porque, ¿no somos teóricamente “los expertos en emociones” de la sociedad? Además, si tenemos en cuenta que vivimos en una sociedad de consumo marcada por necesidades compensatorias que provocan una grandísima confusión respecto a cuáles son nuestras auténticas necesidades y motivaciones tanto personales como sociales; podemos llegar a la conclusión de que realmente no somos ni podemos ser emocionalmente inteligentes. Por tanto, los baremos basados en población general pueden no indicar un nivel óptimo de IE sino un criterio de normalidad, que en este caso es cuestionable.

En el futuro, sería adecuado que los tests de nueva creación tuvieran en cuenta estos y otros aspectos si realmente queremos llegar a evaluar de forma válida y fiable nuestra auténtica inteligencia emocional.

De momento y, a falta de instrumentos más precisos en los que ya se está trabajando, las investigaciones realizadas con uno y otro instrumento de evaluación indican que las diferencias individuales obtenidas en IE dependen del procedimiento de evaluación empleado. La IE objetiva, evaluada con el MSCEIT, responde a un tipo de inteligencia más relacionada con la inteligencia cristalizada que con las habilidades de procesamiento de la información no emocional de la inteligencia fluida, y con la dimensión interpersonal y social de la emoción. En cambio, la IE subjetiva, evaluada con el TMMS, responde a una dimensión más intrapersonal de la emoción y está más relacionada con aspectos de la personalidad. La experiencia emocional puede ser vivida a dos niveles distintos: la experiencia directa y la reflexión acerca de la experiencia. Por tanto, nos encontramos con que existen dos dimensiones de la IE, la objetiva y la subjetiva; las habilidades manifiestas y la percepción de autoeficacia.

Entonces nos podemos plantear preguntas como: ¿quién presentará un mayor bienestar y ajuste psicológico, aquél que es emocionalmente inteligente desde un punto de vista objetivo, o aquél que se considera emocionalmente inteligente?

Todavía no tenemos una respuesta definitiva a esta pregunta, pero dado que los tests de habilidad y los cuestionarios de autoinforme miden dos dimensiones distintas de la IE igualmente importantes, podría ser recomendable el empleo conjunto de ambos procedimientos de evaluación. De este modo, se podría obtener una información más completa respecto a la inteligencia emocional de las personas, aportando datos de cómo se perciben y de su funcionamiento particular en los diferentes niveles de habilidad. Pero, además, sería posible conocer la consistencia entre ambos tipos de conocimiento emocional, y estudiar cuestiones tan trascendentes como: de qué factores depende que las personas con una elevada IE se perciban a sí mismas emocionalmente inteligentes o no, si están más adaptadas a su entorno o si son más felices aquellas que se perciben emocionalmente inteligentes o aquellas que disponen de una IE alta, etc. Es decir, si en la práctica es más ventajoso ser emocionalmente inteligente o creerse emocionalmente inteligente, o si es imprescindible el cultivo de ambas dimensiones.

¿Considera que existen diferencias de género y edad en el campo de la IE?

Las investigaciones realizadas hasta la fecha con adolescentes y adultos indican que la IE tiende a aumentar con la edad, y que la cultura es un factor que influye en la percepción que las personas tienen respecto a sus habilidades emocionales, pero no así el nivel de estudios académicos. En cambio, podríamos intuir que en la primera infancia disponemos de un nivel muy alto de IE en estado puro, y que esta se pierde con la educación y la socialización. Pero de momento, no disponemos de instrumentos que nos permitan realizar estudios longitudinales que puedan confirmar esta hipótesis.

Otro aspecto importante es que existen diferencias en IE entre hombres y mujeres. Objetivamente las mujeres tienen más IE que los hombres, aunque se perciben a sí mismas con menos competencias emocionales; afirman prestar más atención a sus emociones, pero consideran que son menos capaces de comprender sus emociones y reparar estados emocionales desagradables que ellos. Este dato es relevante para la Psicología Clínica, entre otras cosas, porque las tasas de prevalencia para la mayoría de los trastornos mentales difieren entre hombres y mujeres, y las investigaciones en IE podrían ayudar a explicar las causas de estas diferencias.

Mucho se ha hablado acerca de la importancia de contar con una buena inteligencia emocional, apuntándose incluso, una relación positiva entre buenas habilidades en este sentido y salud mental. Como experta en el área, ¿qué relación existe entre habilidades o capacidades emocionales y salud mental?

En Psicología y especialmente en Psicología Clínica, al resaltar los aspectos de vulnerabilidad, se ha marginado un tanto la investigación de los factores de protección. En cuanto la facultad para gestionar las emociones es un mecanismo de adaptación innata en todo ser humano, la IE constituye un factor de protección ante el malestar psicológico y los trastornos mentales. Sin embargo, un aprendizaje emocional insuficiente o inadecuado puede impedir el desarrollo de las habilidades que permiten la adecuada gestión de las emociones, y actuar como un factor de vulnerabilidad. Pero afortunadamente, el déficit aquí no haría tanto referencia a la ausencia, sino al escaso o insuficiente desarrollo de algo que potencialmente está y que, por tanto, puede ser desarrollado en cualquier momento.

Las investigaciones existentes en el ámbito de la psicopatología y la salud en general son todavía muy escasas, pero los datos de nuestras investigaciones y las de otros investigadores apuntan  en la mima línea, y resultan muy interesantes indicando cosas como que:

  • Existen diferencias en el nivel de IE e IEP entre población clínica y no clínica.

  • Los pacientes con psicopatología presentan baja IE.

  • Los déficits en las habilidades de IE permiten identificar perfiles emocionales para distintos trastornos. La conciencia de estos déficits está relacionada con el tipo de psicopatología. Por ejemplo, los pacientes con ansiedad tienen mucha conciencia de estos déficits, no así los pacientes con trastornos de tipo psicótico.

  • La IE, en concreto las habilidades de comprensión emocional permite diferenciar entre pacientes con distintos diagnósticos psicopatológicos.

  • La IE está relacionada con la presencia y gravedad de los síntomas.

  • Una baja IE contribuye a explicar la presencia de algunos trastornos de personalidad.

Pero son necesarios estudios longitudinales que permitan establecer relaciones de causalidad.

En conclusión podríamos decir que:

  • Las personas no son lo emocionalmente inteligentes que creen ser. Es importante evaluar la IE y la IEP.

  • La IE es un factor importante en la psicopatología y por tanto, es necesario seguir investigando en este campo. Puesto que se ha demostrado que la IE está relacionada con la presencia y gravedad de los síntomas en numerosos trastornos psicopatológicos y físicos.

  • La IE es un aspecto que debe tenerse en cuenta en el diagnóstico y el abordaje psicoterapéutico de los trastornos psicopatológicos.

En definitiva, todo indica que la IE es un factor importante implicado en el proceso salud-enfermedad.

¿Qué papel juega el psicólogo dentro del campo de la Inteligencia Emocional?

Un papel fundamental. Como te he comentado antes, si algo se le supone a nuestra profesión es que somos expertos en emociones. Por ello, es crucial que los psicólogos contemos con un profundo conocimiento de las emociones y por supuesto, de la IE.

A este respecto, usted ha desarrollado un modelo de Terapia basada en Inteligencia Emocional (TIE). ¿Podría detallarnos en qué consiste y cuáles son sus objetivos? ¿Qué ámbitos de aplicación tiene este modelo tratamiento?

Se trata de una terapia que tiene por objetivo general el desarrollo de la IE a través del desarrollo de las habilidades para:

  • Identificar la emoción auténtica implicada en los conflictos emocionales a partir de las necesidades asociadas, los correlatos fisiológicos, corporales, cognitivos y conductuales, y reconocer la experiencia emocional de otros a través de sus expresiones verbales, corporales, conductuales y manifestaciones artísticas.

  • Observar la emoción sentida y tomar conciencia de cómo la emoción está relacionada con necesidades primarias y activa nuestras motivaciones más íntimas, por lo que constituye la guía de nuestros pensamientos y conductas.

  • Comprender la naturaleza y adecuación de la experiencia emocional propia o ajena, a fin de dar sentido y coherencia  a la experiencia.

  • Regular tanto la experiencia como la expresión emocional de forma que, atendiendo a su función, pueda ser reconocida y aceptada por uno mismo y por los demás.

Es un modelo terapéutico gestado en el marco de la Psicoterapia Integradora Humanista en cuanto enfatiza en los aspectos propiamente humanos del ser persona, y que integra las diferentes dimensiones de la persona a partir del trabajo focalizado en las emociones. Es vivencial, porque favorece la actualización en el “aquí y ahora” de situaciones inconclusas del pasado y del presente. También es experiencial, porque ofrece la oportunidad de reconstruir de forma creativa y particular la experiencia vivida.

Metodológicamente es integrador, ya que integra procedimientos terapéuticos procedentes de otros modelos. Es creativo, no correctivo, orientado al aprendizaje y al crecimiento. No se centra directa ni exclusivamente sobre los síntomas, y en la versión manualizada puede enmarcase dentro de las terapias breves (duración no superior a 6 meses).

La visión de la psicopatología desde la que parte, concede gran importancia al proceso vital de la persona. La psicopatología se entiende como una interrupción del fluir vital de la persona, que se inicia con una decisión semiconsciente o inconsciente con la que se busca no romper la homeostasis del sistema contextual al que pertenece. Es decir, nos interesa saber el significado que cada persona da a su experiencia y a sus circunstancias, puesto que entendemos que el síntoma constituye la metáfora del propio sufrimiento. Dicho de otro modo, entendemos que hay tantas depresiones como personas que padecen depresión, tantas ansiedades como personas que padecen ansiedad, y, sin negar la existencia de una sindrómica común, nos interesa saber el significado particular que cada persona otorga a su experiencia.

“Los seres humanos necesitamos prestar atención y dar significado a nuestras experiencias emocionales para poder integrar nuestras vivencias. La experiencia emocional auténtica es la mejor guía para solucionar problemas y orientar nuestro proceso vital.” (Lizeretti, 2012)

También es importante tener en cuenta que, desde nuestra perspectiva, no existen emociones negativas, las emociones son siempre positivas, en cuanto a que la emoción auténtica siempre cumple una función más o menos importante para la persona. Lo que puede ser disfuncional, puede ser el procesamiento que hace la persona de su experiencia emocional, y esto debido a una IE poco desarrollada. A menudo, por falta de educación emocional o por experiencias traumáticas, que bloquean o distorsionan el proceso emocional.

La intervención se centra en las emociones básicas miedo, alegría, tristeza y rabia, de las cuales surgen todas las demás.

En un ensayo clínico con pacientes con trastorno de ansiedad en el que se comparó la eficacia de la TIE (Terapia basada en Inteligencia Emocional) con el TCC estándar, pudimos comprobar que con la TIE la tasa de mejoría en  Ansiedad fue del 92,3%, y en los síntomas de la agorafobia el 100% de los pacientes presentaban una mejoría superior al 30% al finalizar el tratamiento. Además, se observó un incremento significativo de las habilidades de Inteligencia Emocional, que al finalizar el tratamiento presentan valores de población no clínica. El efecto de la TIE fue  significativamente mayor que el TCC sobre todas las variables estudiadas, entre las que se incluían síntomas clínicos, trastornos de personalidad, calidad de vida, la alianza y el vínculo terapéutico, y, por supuesto la IE. De forma que la tasa de mejoría al finalizar el tratamiento y en el seguimiento, fue significativamente superior a la del TCC. El cambio producido en ansiedad fue 2,23 veces mayor y de 1,4 veces en agorafobia. También pudimos comprobar que, con la TIE, los cambios eran más lentos pero más eficaces y duraderos que con el TCC en el seguimiento. Lo que parece lógico, puesto que el TCC focaliza en los síntomas y el TIE los aborda indirectamente.

En resumen, ¿qué ofrece el modelo de la Terapia Basada en Inteligencia Emocional (TIE)?

  • Una forma de entender la personalidad, la psicopatología y la terapia centrada en la emoción.

  • Un modelo para la comprensión del mundo emocional

    • Recoge e integra las principales investigaciones sobre emociones e IE y salud

    • Una guía para el diagnóstico emocional.

  • Una herramienta estructurada y sistemática (manualizada) para el trabajo focalizado en las emociones en psicoterapia.

En cuanto a los ámbitos de aplicación, creo que puede aplicarse a cualquier trastorno psicopatológico, e incluso en otros ámbitos de intervención no clínicos como el educativo. Desde el Centro de Investigación y Desarrollo de la Inteligencia Emocional (CIDIE) estamos llevando a cabo otro ensayo clínico con pacientes con depresión, y estamos realizando la adaptación a población clínica infantil. Pero nos consta de algunas experiencias que se están implementando con otros grupos diagnósticos, como trastornos de la conducta alimentaria y con fibromialgia.

Actualmente, usted coordina el Grupo de trabajo de Inteligencia Emocional del COP Catalunya, ¿podría explicarnos en qué dirección se está trabajando desde este grupo?

Pues actualmente estamos muy centrados en difundir y promover la investigación y la práctica de la IE con acciones como el Congreso Nacional de Inteligencia Emocional, que se celebra en Barcelona los próximos días 22, 23 y 24 de este mes, en el que se pondrán en común las últimas investigaciones sobre la IE en los diferentes ámbitos de estudio (salud, educación, organizaciones, deporte, etc.), y se darán a conocer diferentes aplicaciones y programas de intervención en los talleres vivenciales y en los simposios.

En cuanto a investigación, estamos trabajando en dos proyectos: uno es el Proyecto PIE-MT en colaboración con la Facultat de Psicologia, Ciencias de la Educación y del Deporte Blanquerna de la Universidad Ramón Llull y la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia de la Generalitat de Catalunya, cuyo objetivo es el desarrollo de la IE de los menores tutelados a través de la aplicación de un programa de intervención que hemos diseñado.

Es un proyecto muy bonito al que estamos dedicando muchas energías, porque creemos que responde a una necesidad social. De hecho,  la Fundación SERES nos otorgó el Premio ABC Solidario de este año, y siempre va bien que reconozcan nuestro trabajo, más cuando se realiza con el corazón y creyendo de verás en lo que hacemos.

El segundo consiste en un estudio de tipo epidemiológico, con el que queremos conocer el nivel de IEP y de ansiedad de la población general, y cómo se relacionan estos aspectos con la metacognición, es decir, los pensamientos que tenemos acerca de nuestros pensamientos. Se trata de un proyecto a largo plazo, pero los resultados que tenemos hasta ahora, revelan datos muy interesantes, a la vez que alarmantes, en cuanto estamos viendo que, por ejemplo, más del 50% de la población presenta puntuaciones clínicas en ansiedad. Pero este y otros datos los presentaremos en el congreso.

A su juicio, ¿en qué situación se encuentra actualmente la Inteligencia Emocional y a qué retos futuros se enfrenta?

¿Qué tenemos?

  • A nivel teórico disponemos de la base, un modelo sistematizado de procesamiento emocional que, la verdad, resulta muy útil. Pero necesitamos completarlo con teorías explicativas que permitan por ejemplo, comprender las implicaciones de la IE en el desarrollo y mantenimiento de los trastornos psicopatológicos

  • A nivel de evaluación hemos comprobado que existen dos dimensiones de la IE: Inteligencia Emocional Percibida e Inteligencia Emocional Objetiva, ambas igualmente importantes.

  • Pero necesitamos desarrollar instrumentos que además de informar de en qué habilidades o nivel de procesamiento emocional tenemos dificultades, nos informen de en qué emociones presentamos dichas dificultades. Por ejemplo, las personas en general no procesamos con la misma eficacia una emoción como alegría que la ira. Podemos gestionar muy bien la primera, pero tener graves dificultades en la segunda. Basándome en nuestra experiencia (sobre todo en el ámbito clínico), creo que este es un aspecto fundamental que se deberá tener en cuenta en la evaluación de la IE.

  • A nivel de investigación disponemos de numerosos estudios realizados en población general con variables de ajuste, estudios correlacionales que aportan datos para el diagnóstico emocional. Pero se requieren más investigaciones en poblaciones específicas, en especial la clínica (por las implicaciones que supone), discriminar -como te comentaba- entre el procesamiento que hacemos de unas emociones y otras, y estudios que nos permitan determinar efectos de causalidad entre la IE y multitud de variables como el bienestar, la satisfacción con la vida, el rendimiento académico, laboral o deportivo, etc., así como comprobar la eficacia de las intervenciones que realizamos orientadas al desarrollo de la IE.

Sabemos que usted participará como ponente en el próximo Congreso de Inteligencia Emocional que tendrá lugar en Barcelona los próximos días 22, 23 y 24 de octubre, y de cuyo Comité Científico y Organizador es también coordinadora. ¿Podría señalarnos algunos de los temas que se van a tratar durante el encuentro?

Pues la verdad es que se va a hablar de muchas cosas…

En las conferencias plenarias contaremos con los principales investigadores sobre IE a nivel nacional. Estarán:

La Dra. Ana Gimeno-Bayón Cobos, especialista en Psicoterapia y Focusing. Fundadora junto al Dr. Ramón Rosal del Instituto Erich Fromm de Barcelona, dedicado a la docencia, la psicoterapia y la investigación. Directora del Máster de Psicoterapia Integradora Humanista, colabora con distintas universidades y es autora de numerosos artículos y libros sobre psicología y psicoterapia, que nos hablará de un tema muy novedoso e interesante como es “El papel del cuerpo en la Inteligencia Emocional".

El Dr. Rafael Bisquerra Alzina, catedrático de la Universidad de Barcelona (UB) y director del Máster en Educación Emocional y Bienestar, y del Máster en Inteligencia Emocional en las Organizaciones de la UB y fundador del GROP (Grup de Recerca en Orientació Psicopedagògica). Experto en educación emocional que nos hablará sobre "Inteligencia emocional y Psicología Positiva: Aplicaciones educativas para la construcción del bienestar".

El Dr. Joaquín T. Limonero, profesor titular de Psicología y miembro del Grupo de Investigación en Estrés y Salud (GIES) de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona. Experto en una amplia gama de temas relacionados con los cuidados paliativos, las reacciones emocionales del enfermo y de los familiares, la resiliencia e inteligencia emocional, que nos hablará de "El poder de las emociones en nuestras vidas".

También contaremos con la presencia del Dr. Natalio Extremera, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de Málaga, que es co-director del Máster en Inteligencia Emocional de la Universidad de Málaga, y autor de numerosas publicaciones en prestigiosas revistas científicas de carácter nacional e internacional. Cabe destacar que es el autor de la adaptación al castellano del MSCEIT, que ha sido publicado por TEA. El Dr. Natalio nos hablará sobre si "¿La docencia puede perjudicar seriamente la salud?” Y nos ofrecerá algunas directrices para reducir el estrés docente desde la inteligencia emocional.

El Dr. Pablo Fernández Berrocal, catedrático de Psicología en la Universidad de Málaga y director del laboratorio de emociones, así como co-director del Máster de Inteligencia Emocional que se imparte en dicha universidad, nos hablará de la importancia de la "Inteligencia emocional para tiempos convulsos".

El Dr. Antonio Cano Vindel, psicólogo especialista en Psicología Clínica, catedrático de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), editor y director de la revista Ansiedad y Estrés, director del grupo de investigación Cognición, Emoción y Salud de la Universidad Complutense de Madrid, y autor de más de ciento cincuenta publicaciones. Que nos hablará sobre los "Desórdenes emocionales en Atención Primaria".

Y finalmente, yo misma, que hablaré sobre el modelo que hemos desarrollado a lo largo de los últimos años: "La terapia basada en la Inteligencia Emocional".

También contaremos con numerosas simposios en las que se abordarán temas tan diversos como el papel de la IE en oncología, trastornos de la conducta alimentaria, en psicoterapia, en el trabajo y las organizaciones, en educación, en el desarrollo social y familiar, en colectivos en situación de vulnerabilidad, etc.

Además, me gustaría destacar los talleres vivenciales en los que los asistentes podrán experienciar en primera persona diversas intervenciones orientadas al desarrollo de la IE.

Como ves, el programa es bien variado e interesante. La idea es poder satisfacer el interés de todos aquellos que estén interesados en conocer los últimos avances sobre IE desde cualquiera de sus ámbitos de estudio.

¿Cuáles son sus expectativas con respecto a la celebración de este Congreso?

Nuestro principal objetivo es seguir fomentando la investigación en IE. Invitando a los investigadores de nuestro país a ampliar sus estudios, y a los profesionales a demostrar la eficacia de sus intervenciones. De hecho, este congreso científico pretende ser un lugar de encuentro para los investigadores, pero sobre todo, un lugar de encuentro entre los investigadores y los profesionales que están llevando a cabo el trabajo de campo.

Porque puede suceder y, de hecho, sucede con frecuencia que los científicos pierdan de vista la finalidad última de sus investigaciones que no es más ni menos: la de mejorar la vida de las personas y de las sociedades. ¿Qué sentido tiene sino la ciencia?

En definitiva, esperamos ver cómo, una vez demostrada la importancia de la IE en la vida de las personas, el estudio de la IE tiende cada vez más hacia un periodo en el que todos orientemos nuestros esfuerzos hacia el diseño y validación empírica de programas de intervención, que nos ayuden a ser más emocionalmente inteligentes, contribuyendo de esta forma a la construcción de un mundo mejor para todos.

Para finalizar, ¿desea añadir algún otro comentario?

No. Simplemente agradecer vuestra atención y la oportunidad de explicar lo importante que es la IE para todos.

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