Dña. María de la Villa Moral Jiménez es Profesora de Psicología Social de la Universidad de Oviedo. Participa hoy, 20 de enero, en la mesa "Dependencias afectivas o emocionales" que tiene lugar dentro del marco del I Encuentro Profesional sobre Dependencias Sentimentales, que se celebra en Madrid.

ENTREVISTA

Participa usted en la mesa "Dependencias afectivas o emocionales", ¿podría extenderse en relación a su intervención en este mesa?

 

Las Dependencias Afectivas precisan de un abordaje interdisciplinar. A mi parecer, en relación a estas dependencias, urge solventar una laguna sociosanitaria, así como tratar de superar las reticencias de los propios psicólogos, psicoterapeutas familiares, expertos en adicciones, y otros profesionales varios sobre la materia, ya que se tiende a trivializar estas patologías como si de un mal de amor pasajero se tratase. Las secuelas de la plaga de programas televisivos del corazón hacen un flaco favor a una rigurosa conceptualización y representación social y actitudinal de esta problemática al trivializar su esencia y existencia y airear relaciones y contactos banalizándolos.

Detectamos con relativa facilidad nuestras emociones, y éstas nos aportan referencias e información íntima. A veces las emociones nos abordan y, metafóricamente, se imponen aunque cada cual queramos constreñirlas. Sentimos y vivimos emociones primarias que nos enfrentan con nosotros mismos y con los otros, a veces disciplinamos las emociones y tendemos a domesticarlas coartando su libre manifestación.

Repensar el mundo de los afectos y los sentimientos desde una visión que desmitifique la tendencia a idealizar las historias de pareja, optimizar nuestros recursos afectivos y de identidad, proponer un entrenamiento en habilidades interpersonales o reeducar nuestra autonomía, etc., representan, entre otras, necesidades acuciantes básicas indicativas de la búsqueda de una buena salud socioemocional.

¿En qué consisten las dependencias sentimentales o emocionales?

Técnicamente las dependencias sentimentales se definen como trastornos relacionales caracterizados por la manifestación de comportamientos adictivos en la relación interpersonal basados en una asimetría de rol y en una actitud dependiente en relación al sujeto del que se depende. Ha de distinguirse entre las calificadas como dependencias relacionales genuinas, esto es con identidad propia y las mediatizadas que se consideran como secundarias a trastornos adictivos. Siendo así, toda dependencia emocional supone un comportamiento desadaptativo contingente a una interrelación afectivodependiente.

A grandes rasgos estos trastornos tienen tres componentes generales: Componentes adictofílicos (que asemejan al dependiente con un adicto convencional) e incluyen aspectos como la dependencia afectiva con subordinación sentimental, vacío emocional, craving o anhelo intenso de la pareja o síntomas de abstinencia en su ausencia; vinculares (patología de la relación) que incluyen, por ejemplo, apego invalidante con menoscabo de la propia autonomía o el estilo relacional; y cognitivoafectivos (psicopatología asociada), que incorporan mecanismos de negación y autoengaño o sentimientos negativos.

¿Cómo se evalúan las dependencias emocionales?

A la hora de evaluar las dependencias emocionales las dificultades de identificación del problema han de ser analizadas bajo una doble vertiente: a) por un lado, la toma de conciencia del problema nuclear por parte del dependiente afectivo, lo cual en parte halla justificación, no sólo en los propios mecanismos de negación y autoengaño que desarrolla a consecuencia de su patología, sino en que no tiene canales informativos, o no hay una cultura sanitaria que le facilite identificar su adicción, atribuyendo sus síntomas (si los percibe) a causas exógenas o instalándose en la sintomatología emergente (por ejemplo depresión secundaria a frustración amorosa); b) por otro lado, el técnico, a su vez, puede desconocer la raíz adictiva del trastorno y centrar su atención, bien en la reacción individual (depresión), bien en la frustración sentimental (estado de) y no en el núcleo adictivo del sujeto (rasgo) que propiciará sucesivos conflictos o evolucionará hacia un proceso todavía más diferenciado como, por ejemplo, un trastorno obsesivo.

En opinión de Walter Riso (2004) algunas de las principales claves diagnósticas residen en criterios como: Pese a los sinsabores, la dependencia persiste e incluso aumenta con el tiempo; la ausencia del otro produce síndrome de abstinencia; intentos de suspender la relación inexistentes o infructuosos; inversión de gran cantidad de tiempo y esfuerzo para estar con el otro a cualquier precio y por encima de todo; y/o sigue alimentando el vínculo pese a ser consciente de graves repercusiones para su salud

En nuestro caso (Sirvent y Moral) estamos elaborando desde hace algunos años un protocolo de evaluación de las dependencias afectivas con ítems mediante los que se evalúan factores como: Tríada dependiente (que incluye la evaluación de búsqueda de sensaciones; craving y abstinencia; necesidad compulsiva de estar con el sujeto del que se depende en su ausencia...); vacío emocional e intolerancia a la soledad; acomodación; antecedentes personales; autoengaño/conciencia del problema...

¿Quién debe evaluar estas dependencias?

Resulta complejo. Suele decirse que quien estudia sobre el amor siempre se queda en alumno. Proponemos una actuación conjunta de un equipo interdisciplinar. Uno de los primeros problemas con los que nos enfrentamos los investigadores es el de concretar con suficiente rigor teórico y metodológico qué es eso de las dependencias afectivas o de la adicción al amor. En ocasiones nos preguntamos que si estos fenómenos tienen carta de naturaleza propia, ¿qué espacio ocupan? ¿Son dependencias o son afectivas?, dicho de otra forma ¿pertenecen al psicoterapeuta o al experto en adicciones, o tal vez a los dos,¼ o a ninguno? De hecho el contingente de terapeutas por el que estos pacientes pasan va desde sexólogos, orientadores familiares, terapeutas de pareja, hasta psicólogos, psiquiatras¼ En definitiva, todos menos expertos en adicciones, que son precisamente la piedra angular.

El que se trate del mundo de la subjetividad, de las reacciones psicofísicas o de las conductas que expresan estados emocionales depende de la perspectiva de análisis. Los investigadores de la esfera socioemocional podrán adoptar una perspectiva filosófica centrándose en los aspectos subjetivos de las emociones; desde la tradición biológica se da prioridad a su soporte orgánico; y, sin embargo, desde una aproximación psicosocial se asocian los estados emocionales y sus manifestaciones a la vinculación a los otros como copartícipes y canalizadores de la emotividad humana. En todo caso, las emociones son a la vez somáticas, cognitivas, sociales y culturales.

¿Cuándo puede diagnosticarse o afirmarse que existe una dependencia emocional?

Probablemente en todos nosotros está presente un cierto nivel de dependencia afectiva de carácter psicosocial. El problema se da cuando el sujeto es controlado por esa necesidad. El miedo a la pérdida, a la soledad y/o al abandono contamina el vínculo afectivo y lo vuelve sumamente vulnerable y patológico.

La sociedad actual genera interdependientes. Los mitos arraigados en el imaginario popular como confundir pasión con amor e incluso la crisis del pensamiento libre podrían, no tanto generar dependientes emocionales, como limitar a las personas en su autopercepción (en vez de reflexionar el afectado se resigna y cree que "debe ser así la cosa"). La interdependencia (social) sería el conjunto de creencias, sentimientos y conductas relativas a la necesidad de asociarse, interactuar y depender de cómo el sujeto es valorado por los demás.

Es por tanto, la intensidad de los afectos toxicofílicos un elemento clave de esa vinculación a los otros que se convierte en dependencia. En este sentido, exponemos abiertamente, que no han de tolerarse asimetrías en las relaciones a expensas de que llegue el anhelado cambio de la situación, en todo caso ha de promoverse solicitando el cumplimiento de los derechos y deberes de cada cual. El amor no ha de ser compasión, ni entrega sin reservas, ni sometimiento o sojuzgamiento, no es daño recibido y/o infligido.

Y es que las dependencias de personas en parte se explicarían por la propia inmadurez afectiva de quien las sufre: personas que no han superado el amor tiránico y posesivo del niño y para quienes amar es el deseo de ser amado, aunque sea doliente. Ello conduce al sujeto a ser víctima de su pasión, a la experimentación de un vacío interior que nunca llenan, a la insatisfacción ante el desasosiego provocado por la sensación de que nunca están plenos, la intolerancia y el miedo a la soledad se convierte en una máxima que actúa como lastre en las relaciones, tal vez reproduciendo las propias experiencias de desapego afectivo en la infancia.

¿Existen diferentes tipos de dependencias sentimentales? De ser así, ¿cuáles son los elementos comunes característicos?

En su conjunto, las dependencias afectivas afectan al nivel de las relaciones interpersonales y a la propia esfera personal, básicamente con indicadores tales como: a) la necesidad de la aprobación de los demás, b) la preocupación excesiva por los vínculos, c) la urgencia con la que precisa disponer de la presencia del otro del que experimenta un enganche emocional por muy frustrante que sea la relación, d) el asimétrico intercambio recíproco de afecto asociado a un persistente vacío emocional, e) el fantaseo excesivo al comienzo de la relación que les suma en un estado de euforia cuando la empiezan o la idealización excesiva de quien no conoce bien que se torna en trauma ante la ruptura, f) la adopción de posiciones subordinadas en las relaciones, asociado a una progresiva autoanulación personal, una empobrecida autoestima y autoconcepto negativo y posibilidades de sufrir maltrato emocional y físico y g) sentimientos de desvalimiento emocional con manifestación de craving y un estado de ánimo medio disfórico con oscilaciones en función de la propia evolución de su situación interpersonal.

A título ilustrativo podemos identificar la codependencia, la bidependencia, la dependencia emocional y la adicción al amor, como principales tipos de dependencia relacional.

¿Pueden considerarse estas dependencias como un trastorno?

Indudablemente su entidad diagnóstica está demostrada, si bien las reticencias de algunos profesionales han de interpretarse desde el desconocimiento de tales problemáticas, así como del escaso interés investigador que suscitan al considerarse temáticas menores. Otra posibilidad es la relativa a la consideración de si las dependencias afectivas podrían ser un subproducto psicológico de una sociedad despersonalizante en la que los contactos se mediatizan, en donde los imperativos y las seducciones de lo efímero se imponen y en la que abundan los desencuentros ante crisis identitarias y referenciales. Asimismo, podría tratarse de la enésima adicción que descubren ahora los profesionales para sorprendernos, con lo que incluso se cuestiona su entidad y se achacaría este nuevo invento a la elucubración de quienes patologizan la vida cotidiana.

Al profundizar en su análisis uno se percata de que son trastornos claramente diferenciados de otros como la depresión sociotrópica, el trastorno límite de la personalidad o el apego ansioso.

¿Existen modelos explicativos para las dependencias afectivas?

Como hemos comentado, en la sociedad contemporánea están surgiendo nuevas dependencias con y sin sustancias (alcohol, otras drogas, juego, comida, Internet, etc.), entre ellas las que nos unen/separan a personas calificadas como dependencias relacionales. Cualquier modelo explicativo de las mismas ha de vincularse a un análisis comprehensivo de algunos de los desórdenes contemporáneos.

¿Con que frecuencia se diagnostican este tipo de problemáticas?

Es difícil de precisar, máxime, como hemos indicado, por los escasos instrumentos diagnósticos y, en ocasiones, por el enmascaramiento de ciertos síntomas o la inadecuada interpretación de los mismos por parte del experto. Salvados estos escollos, también habría que ser riguroso con la conceptualización de las dependencias afectivas.

Se estima que las dependencias afectivas las sufren más de un 11% de la población en grado severo e incluso porcentajes cercanos al 50% reconocen padecer síntomas de dependencia. En nuestra investigación (Sirvent y Moral) se confirma que un alto porcentaje de población general se declara dependiente emocional (49.3%) y adicto al amor (56.5%) e, igualmente, informan de sufrir/haber sufrido conflictos relevantes de pareja (46.7%) y en sus relaciones familiares (52.6), resultando sumamente significativo la intensidad con la que reconocen padecer tales desajustes.

¿Existen factores que favorezcan y/o protejan frente a la dependencia emocional? ¿Existe tal vez un perfil de persona especialmente vulnerable a la dependencia emocional?

Unas habilidades sociales y/o interpersonales adaptativas en relación al contexto interactivo en el que se manifiesten, un buen concepto de sí mismo y una adecuada autoestima, junto a una optimizadora inteligencia emocional, así como una identidad psicosocial saludablemente desarrollada mediante fructíferos procesos socializadores en el seno familiar y del grupo de iguales, así como a través del modelamiento simbólico o, entre otros indicadores, una visión desmitificadora de la idealización de las relaciones de pareja y una fortaleza emocional, representan los principales factores de protección frente a la posibilidad de verse afectado por una dependencia sentimental.

Contrariamente a lo expuesto, carencias y/o déficits de los indicadores explicitados con anterioridad coadyuvan en la posibilidad de mostrarse más vulnerable frente a tales trastornos.

En relación al posible perfil he de manifestar abiertamente mi reticencia a indicar los rasgos diferenciadores de un perfil-tipo al uso, si bien, podrían apuntarse algunas señas identificativas tanto de los dependientes emocionales como de las parejas de las que dependen.

¿En qué ámbito de la Psicología se incluyen las dependencias emocionales?

Depende del abordaje que se adopte, ya sea clínico o de carácter más psicosocial. Como comentaba, siendo mi especialidad la psicología social, he de precisar que a través de la adopción de una perspectiva psicosocial por parte de los investigadores de la esfera socioemocional se incide en el presupuesto de la construcción social de las emociones, lo cual representa el reconocimiento de una modulación social del fenómeno ya que son reformuladas intersubjetivamente y que se hallan influenciadas por factores de muy diversa índole.

A un nivel más aplicado se incide en labores preventivas a nivel personal (entrenamiento en habilidades sociales, reestructuraciones cognitivas, entrenamiento en habilidades interpersonales), grupal (dinamización grupal en grupos terapéuticos de autoayuda) y comunitario (promoción de hábitos socioemocionales saludables, sensibilización social, involucración en tareas de cambio actitudinal, optimización de los recursos, etc.)

¿Cuál es el papel del Psicólogo en las dependencias emocionales?

Las labores psicoterapéuticas suelen ser más densas de lo habitual. Las tres dimensiones principales de estos trastornos: vincular, personológica y adictiva, hacen delicada y compleja tanto la evaluación como la intervención. Inicialmente, se parte de una constatación de quienes desde el ámbito teórico y profesional trabajamos en ello que no es otra que el reconocimiento de que es una adicción tan peculiar que el mayor experto se podría sentir desorientado.

En conclusión, en las principales vías de estudio, y las consiguientes propuestas de evaluación e intervención, se ha de incidir sobre la necesidad de una rigurosa conceptualización y aproximación diagnóstica diferencial de este tipo de dependencias en relación con otros conceptos afines (apego ansioso, sociotropía, personalidad autodestructiva, etc.), así como a la

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