En el último número de la Revista Papeles del Psicólogo se ha presentado una investigación que lleva por título "La simulación de enfermedad física o trastorno mental". Los propios autores apuntan, en el siguiente artículo, algunos de los aspectos y conclusiones más destacados de la investigación.

 

Mercedes Inda Caro, Serafín Lemos Giráldez, Ana María López Rodrigo y José Luis Alonso Rionda

 

Mercedes Inda Caro

"En este trabajo se realiza una aproximación a uno de los asuntos más complicados que le puede suceder al profesional de la Psicología, ¿es cierto lo que me está contando el paciente? Dentro de esta duda el psicólogo se puede encontrar con diversas situaciones, una de ellas es aquella donde el paciente simula por completo un trastorno, otra puede ser cuando el sujeto exagera síntomas que sí padece o que padeció y una tercera situación sería cuando el individuo atribuye a una causa unos síntomas reales cuando no existe ningún vínculo entre ambos. Las razones que pueden llevar a una persona a fingir, simular o exagerar un trastorno pueden ser desde las económicas, judiciales o personales, lo que parece es no haber un acuerdo sobre su incidencia ya que va a depender de la fuente que realice el estudio.

Un aspecto complicado cuando se quiere investigar sobre la simulación es encontrar muestras de genuinos simuladores, ya que raras veces estas personas van a reconocer su situación, lo que ha llevado a trabajar con análogos los cuales suelen ser entrenados para simular trastornos. Los resultados de estos trabajos se suelen poner en tela de juicio ya que la ejecución de estas personas en las pruebas suelen ser muchísimo peor que la que realizaría un verdadero simulador.

Un aspecto importante en la evaluación de cualquier conducta es encontrar instrumentos que garanticen la validez y fiabilidad de ese diagnóstico. En el campo de la simulación se han empleado diferentes perspectivas: pruebas neuropsicológicas clásicas como el test de Bender, el test de Retención Visual de Benton, la Batería de Halstead-Reitan o el MMPI, pero debido a los problemas de validez de estos instrumentos para este trastorno se fueron desarrollando tests cognitivos específicos. En este segundo grupo de pruebas se diferencian las pruebas basadas en el paradigma de validación de síntomas, en donde el diagnóstico de simulación se establece en base al porcentaje de respuestas erróneas que emite el sujeto, y el punto de corte se establece teniendo en cuenta las respuestas que emite una persona con una verdadera lesión. Dentro de este segundo bloque también tenemos pruebas que analizan el estilo de la respuesta del paciente, por ejemplo cómo lee palabras muy sencillas o cómo cuenta los puntos que observa en una pantalla, sería el caso del Dot Counting Test (Binks et al., 1997). Un tercer bloque de instrumentos son los autoinformes, entre estos hay que destacar el SIRS de Rogers et al. (1990, 1991 y 1992), el SIMS de Smith y Burger (1997), pruebas que realizan una valoración exhaustiva del comportamiento del paciente al margen de un trastorno concreto. Este tercer bloque sería el ideal para poder ser aplicado en los contextos judiciales. Se trataría de determinar si el individuo está intentando engañar o no a través de respuestas que emite. Las diversas perspectivas a la hora de evaluar un posible caso de simulación llevan a la conclusión de la ausencia de un estándar en el diagnóstico de la simulación, por lo que es necesario adoptar una perspectiva multimétodo cuando se aborda el campo de la evaluación.

Diferentes autores han ido describiendo los signos y síntomas que suelen presentar los individuos que quieren simular diferentes trastornos. Rogers (1997) realiza una revisión muy exhaustiva de este asunto señalando que entre los trastornos que suelen ser objeto de simulación se encuentran el Trastorno de Estrés Post-Traumático, el Síndrome de Daño Cerebral Post-Traumático, amnesia, y trastornos psicóticos. Cada uno tiene sus propias características simuladoras pero se podrían encontrar puntos en común a tener en cuenta a la hora de realizar la evaluación: pedir al paciente que describa cuidadosamente los síntomas que padece en ese momento, que realice una descripción del día a día, realizar una historia de evaluaciones psicológicas anteriores, en este caso sería oportuno tener conocimiento acerca de los tests psicológicos con los que ha sido evaluado; tener cuidado y no cuestionar la información proporcionada al clínico en un primer momento, esperando que avance la evaluación para realizar alguna puntualización sobre la veracidad de esa información; no permitir que estén parientes o amigos cercanos en el momento de la evaluación; cuando se empleen pruebas cognitivas para evaluar la veracidad del trastorno, ante ejecuciones muy negativas, ponerlas en tela de juicio y si se sospecha que se puede estar dando una situación de simulación repetir el test en otra ocasión.

En definitiva, la simulación de un trastorno físico y/o mental es un aspecto que preocupa siempre que se deben tomar decisiones sobre una persona en base a su comportamiento.

En España se han ido tomando estas decisiones siguiendo criterios cualitativos y muchas veces con una metodología subjetiva, es necesario desarrollar instrumentos que permitan a los profesionales de la psicología establecer diagnósticos de simulación con la mayor fiabilidad y validez posible".

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