Jorge F. del Valle y Amaia Bravo

La investigación nacional e internacional muestra claramente que los niños y adolescentes en acogimiento residencial como medida de protección, presentan con enorme frecuencia problemas emocionales y conductuales que requieren intervención terapéutica. Cada vez más el acogimiento residencial se va especializando en la protección de niños mayores y adolescentes que, debido a sus problemas psicológicos, no tienen fácil encaje en las medidas de acogimiento familiar. Por consiguiente, muchos niños y, sobre todo, los adolescentes van a presentar cuadros clínicos de mayor gravedad y requerirán la atención psicoterapéutica adecuada. Es en esos casos en los que los servicios de protección derivan a los niños o jóvenes hacia los centros de salud mental infanto-juvenil demandando una atención terapéutica. De este modo, con gran frecuencia se establecen contactos de cooperación entre profesionales de protección infantil y de salud mental.

Conscientes de esta necesidad, un grupo de seis universidades europeas: Universidad de Turku (Finlandia), Universidad Nikolas Romeris de Vilnia (Lituania), Universidad de Edimburgo y Centro Kibble de Glasgow (Escocia) , Universidad VIA (Dinamarca), Universidad de Hamburgo (Alemania) y Universidad de Oviedo en España, desarrollaron un proyecto de investigación denominado RESME, en el marco de los programas Erasmus Longlife Learning con el título On the borders between residential child care and mental health treatment. A lo largo de tres años se realizó una investigación sobre la situación de la cooperación entre ambos sistemas en los diferentes países y se diseñó un paquete de formación para ser impartido conjuntamente a profesionales de los dos sistemas, permitiendo el contacto y compartir experiencias de cooperación. Esta formación fue pilotada en los seis países y como consecuencia se formuló un plan formativo conjunto aplicable en el futuro en diferentes niveles universitarios o de formación de profesionales.

Los resultados del proyecto son muy complejos y abarcan muchos aspectos, pero uno de los más interesantes es que tratándose de países con modelos de servicios de bienestar tan diferentes, las relaciones entre ambos sistemas resultaron ser siempre complejas y con no pocos obstáculos para una buena cooperación. En todos los países la percepción mutua era más bien negativa, considerando desde los servicios de infancia que los profesionales de salud mental no atendían con la necesaria atención y rapidez sus demandas, que las intervenciones no eran lo intensivas que se requerían, que las orientaciones que recibían eran escasas o muy obvias y que en muchos casos no consideraban el problema suficientemente importante. Por su parte, los profesionales de salud mental percibían que los educadores de los hogares de acogida realizaban las demandas con una gran presión, pidiendo soluciones rápidas y milagrosas, y que en muchas ocasiones carecían de información sobre antecedentes de los niños o sencillamente variaba la persona que lo acompañaba a la consulta por cuestiones de turnos.

Sobre estos problemas de coordinación y comunicación entre sistemas se puede consultar el informe completo que se facilita en el link: http://julkaisut.turkuamk.fi/isbn9789522165596.pdf

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