El próximo mes de noviembre, entre los días 19 y 22, tendrá lugar en Granada el VIII Congreso Internacional y XIII Nacional de Psicología Clínica, un evento organizado por la Asociación Española de Psicología Conductual (AEPC) que, año tras año, se erige como un destacado punto de encuentro en el que profesionales e investigadores podrán intercambiar conocimientos y reflexiones sobre la actualidad de la Psicología Clínica dentro y fuera de nuestras fronteras.

Entre los ponentes que acudirán al Congreso, se encuentra Michael Kyrios, presidente de la Sociedad Australiana de Psicología (Australian Psychological Society, APS).  El catedrático Michael Kyrios es actualmente el director de la Escuela de Investigación en Psicología de la Universidad Nacional Australiana, habiendo desempeñado funciones académicas, prácticas, profesionales y administrativas. La investigación de Michael se centra en los trastornos del espectro obsesivo-compulsivo, los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo, la depresión, las enfermedades médicas crónicas, y los tratamientos psicológicos, incluyendo las ciber-terapias.  Sus marcos conceptuales y de investigación abarcan las metodologías conductuales, cognitivas, del desarrollo y las basadas en uno mismo.

Michael Kyrios

Michael ha recibido más de 16 millones de dólares de financiación y tiene más de 120 publicaciones. Ha desempeñado cargos editoriales para diversas revistas, entre las que se incluyen la Behavior Therapy, la Behavioural and Cognitive Psychotherapy, y la Journal of Obsessive-Compulsive & Related Disorders. Presidió los Comités Científicos del  International Congress of Applied Psychology  en 2010 y del World Congress of Behavioural and Cognitive Therapies en 2016. Recibió el Ian M Campbell Memorial Prize en Psicología Clínica en 2013 y la Citation for Excellence de la Asociación Americana de Psicología en 2011.

Aprovechando esta ocasión, Infocop le ha realizado la entrevista que reproducimos a continuación:

ENTREVISTA

En primer lugar queremos agradecerle que nos haya concedido esta entrevista, es un honor poder charlar con un psicólogo de tanto prestigio y experiencia, sobre su trabajo.

Actualmente es usted el director de la Escuela de Investigación en Psicología de la Universidad Nacional Australiana, ¿podría comentarnos su opinión acerca de la situación de la investigación en Psicología en su país? ¿Cree que es una disciplina suficientemente impulsada y promovida por las organizaciones estatales?

A pesar de ser un país pequeño, en términos de población, la investigación psicológica en Australia ha tenido un gran impacto. El Ranking Mundial de Universidades QS por disciplinas del 2015, (2015 QS World University Rankings by Subject) seleccionó 6 universidades, de los 30 mejores Departamentos de Psicología del mundo, entre las que se encuentra la Universidad Nacional Australiana gracias a su impacto histórico, particularmente en las áreas de Psicología social y Cognitiva. A pesar de esto, es evidente que aunque la investigación psicológica australiana tiene puntos fuertes, también tiene otras áreas que requieren un mayor crecimiento. Según un informe de 2013 publicado por el “Australian Chief Scientist”, algunos campos de la Psicología australiana tienen unas tasas de citación, por debajo de la media europea, como por ejemplo: la Neurociencia, la Psicología Experimental y la Cognitiva. Sin embargo, la Psicología Aplicada, la Psicología Clínica, la Psicología Educativa y la Psicología Evolutiva, estaban por encima de la media europea.

Con respecto a la financiación de la investigación, a nivel nacional, las dos principales fuentes de financiación son el Consejo Australiano de Investigación y el Consejo Nacional de Salud y de Investigación Médica. (The Australian Research Council and the National Health and Medical Research Council).  A pesar de que hubo unos años de aumento de la financiación por parte del gobierno, especialmente en salud y ciencias médicas, la financiación de la investigación está en decadencia en todos los ámbitos. Según los datos de 2011, que es el último año del que tenemos datos disponibles, el gasto del Gobierno de Australia para investigación y desarrollo, representaron el 0.478% del Producto Interior Bruto (PIB). Esta cifra es inferior a la de Reino Unido (0.586%), Japón (0.774%), Alemania (0.910%), EE.UU (0.929%) o Corea (1.056%). Según las últimas cifras comparativas de la OCDE, Australia se encuentra en el puesto 18 de 20 países. Según los presupuestos 2014-2015 del Gobierno australiano, se estima que el gasto en investigación y desarrollo será el 0.56% del PIB.

Las universidades están recurriendo a otras fuentes de financiación para la investigación como son la financiación de empresas, la filantropía y otras fuentes del estado. A diferencia de los EE.UU., Australia no ha tenido una tradición de financiación filantrópica, ni de colaboración con las empresas. La gran fuerza de la investigación psicológica en Australia se encuentra no sólo en nuestro personal académico y colaboradores, sino también en nuestros licenciados, estudiantes de Máster y doctorandos, que llevan a cabo el grueso de las investigaciones bajo la supervisión del personal académico y cuya investigación se sostiene por la universidad y el sistema de formación en Psicología. Sin embargo, nuestro Sistema de educación terciaria actualmente tiene una financiación insuficiente por lo que los gobiernos están examinando diferentes opciones para que sea más sostenible.

Parte de su investigación se ha centrado en la búsqueda de nuevos tratamientos eficaces para el TOC, con el fin de mejorar las tasas de recuperación, ¿podría contarnos, en líneas generales, en qué han consistido estos trabajos?

Desde el principio, nuestros objetivos de investigación se centraron en la comprensión de los factores cognitivos que influyen en el desarrollo y el mantenimiento del Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) y sus síntomas, con el objetivo final de desarrollar intervenciones dirigidas a esos factores cognitivos. A pesar de que los tratamientos conductuales como la exposición con prevención de respuesta (EPR) han demostrado excelentes resultados, observamos las inmensas dificultades de algunos clientes para llevar a cabo la EPR, la gran proporción de abandonos del tratamiento, la falta de respuesta de algunas personas y el excesivo número de recaídas. También éramos conscientes de que hay “mejores” y “peores” formas de motivar a las personas en su implicación en la EPR o en ayudarles a cambiar la forma de gestionar sus obsesiones. La mayor parte de las estrategias exitosas incluían un componente cognitivo e interpersonal significativo. Así, nos propusimos entender estos componentes cognitivos e interpersonales e incorporarlos en nuestros modelos teóricos y tratamientos. También nos propusimos encontrar formas eficientes y eficaces para la difusión de nuestros tratamientos entre la población con TOC, que se sabe que es reticente al tratamiento debido a problemas de estigma y vergüenza, para transmitirlos a través de nuestro gran continente, donde hay pocos psicólogos especializados trabajando en las zonas rurales y remotas.

A través de nuestro Grupo de Trabajo de Cogniciones Obsesivo-Compulsivas (Obsessive Compulsive Cognitions Working Group - OCCWG) hemos sido capaces de identificar las creencias asociadas al TOC, y, muy influenciados por la obra de Guidano y Liotti, hemos llevado a cabo investigaciones empíricas sobre el Yo en el TOC. Hemos encontrado asociaciones significativas entre la ambivalencia hacia la autoestima, la percepción acerca de la importancia del dominio moral en el establecimiento de la propia autoestima, y la disonancia entre la autoestima implícita y explícita. Estas investigaciones también han ayudado a comprender el desarrollo  de algunas posibles secuelas del TOC y comprender su impacto en uno mismo, que se manifiesta en las cogniciones y respuestas a los pensamientos intrusivos relevantes para el TOC. Según nuestras conclusiones acerca de la pertinencia de estos factores basados en uno mismo, estamos desarrollando, no sólo un modelo conceptual del TOC que incorpora interpretaciones cognitivas y acerca de uno mismo, sino también explicando estrategias terapéuticas y de intervención centradas en el tratamiento del TOC.

A través de nuestro trabajo con los neuropsiquiatras, también hemos podido examinar los déficits neuropsicológicos, los patrones cerebrales funcionales y la metamemoria en el TOC. Estos son factores importantes para entender cómo procesan la información las personas con TOC durante el tratamiento, lo que puede ayudarnos a para predecir los resultados del tratamiento.

Sin embargo, por el momento, nuestra investigación se centra en los factores basados en uno mismo, que influyen en los síntomas y el tratamiento, así como en la difusión de los tratamientos basados en la evidencia vía internet.

Según su experiencia, ¿qué perspectivas de futuro se esperan para el tratamiento del TOC? ¿Qué falta todavía por investigar?

Existen diferentes perspectivas biológicas y psicológicas en relación con el futuro del tratamiento del TOC. La estimulación cerebral profunda y la estimulación magnética transcraneal, son algunos de los enfoques biológicos emergentes, al igual que el uso de otros agentes utilizados en combinación con la terapia basada en la exposición. La combinación de los enfoques biológicos y psicológicos puede ser un área particularmente útil de investigación y desarrollo. De los enfoques psicológicos, la Terapia de Aceptación y Compromiso, la Terapia de Esquemas, la Terapia Narrativa y el Mindfulness, son enfoques prometedores para complementar los tratamientos basados en la evidencia, junto con la Terapia Cognitivo Conductual. Además, existen investigaciones interesantes comparando los tratamientos de exposición graduada, frente a exposiciones no graduadas. También puede haber beneficios en el desarrollo de tratamientos específicos para determinados tipos de obsesiones y compulsiones como por ejemplo lavarse las manos. Habría que ayudar a las familias y los padres de los individuos afectados de forma sistemática, algo especialmente útil en el TOC. Por otro lado el uso de la rehabilitación cognitiva para abordar los déficits neuropsicológicos, y los procesos de atención y de metamemoria, también podría añadirse en los tratamientos de cara al futuro. Por último, el uso de las tecnologías digitales puede ayudar a difundir los tratamientos basados en la evidencia y mejorar el acceso a los especialistas, especialmente a través de las diferentes modalidades de comunicación.

En los últimos años las nuevas tecnologías han invadido todos los ámbitos de nuestra vida, ¿cómo ha incorporado su grupo de trabajo las tecnologías digitales en la terapia asistida online y en la difusión de los tratamientos?

La difusión de la Terapia Cognitivo Conductual se ve obstaculizada por una serie de inconvenientes como son, la falta de especialistas formados, la lejanía geográfica de personal formado y la reticencia del consumidor al tratamiento.

En respuesta, al igual que otros investigadores, hemos tratado de desarrollar nuevas modalidades para la difusión de la TCC mediante el uso de tecnologías digitales. El gobierno australiano ha sido fundamental en la evolución de la financiación en la difusión online de los tratamientos basados en la evidencia y está incorporando su uso en los entornos de trabajo. Estos marcos tienen como objetivo utilizar profesionales entrenados eficientemente, mientras que, al mismo tiempo, ofrecen opciones adicionales para aquellas personas con trastornos con alta prevalencia, que pueden ser más fácilmente accesibles de forma remota, privada y como parte de una estrategia de intervención temprana.

Nuestro grupo se ha centrado en los programas mediante ordenadores o tabletas, aunque los Smartphone y las aplicaciones de realidad virtual cada vez se usan más. Además, los tratamientos online cada vez están más individualizados, han evolucionado los programas de tratamiento transdiagnóstico, los programas adaptados a factores como la edad, el género y la cultura/raza, el uso de las múltiples modalidades de comunicación, el uso de biofeeback y el uso de avatares y entornos de realidad virtual. Estos avances pueden ayudar a que los tratamientos online sean más atractivos y mejor adaptados al perfil de cada individuo y sus preferencias de comunicación, así como fomentar los tratamientos psicológicos en las áreas remotas. A pesar de las ventajas que tiene el uso de las tecnologías digitales, hay muchas cuestiones a tener en cuenta para la elaboración de guías de buenas prácticas, incluyendo las cuestiones éticas a la hora de llevar a cabo dichos tratamientos online. La Asociación Australiana de Psicología (Australian Psychological Society) ha tomado un rol de liderazgo en la preparación, apoyo y entrenamiento de los psicólogos en estas nuevas y emocionantes innovaciones en la práctica psicológica.

El próximo mes de noviembre va a participar en el VIII Congreso Internacional de Psicología Clínica con una conferencia sobre los avances en el tratamiento del Trastorno Obsesivo-Compulsivo, ¿podría adelantarnos los temas que va a abordar en la misma?

Mi charla versará sobre la investigación que hemos venido realizando recientemente, acerca de la cual he hablado en anteriores preguntas de esta entrevista. Se centrará en los beneficios y limitaciones de la TCC para el TOC, para poder reflexionar sobre las opciones para seguir avanzando. Se expondrán los resultados de las evaluaciones de tratamiento de TOC de nuestro grupo, incluyendo un manual de TCC cara a cara y un programa de terapia online. Más recientemente, como resultado de nuestras evaluaciones y de la investigación experimental, hemos desarrollado un modelo conceptual del TOC incorporando factores cognitivos e individuales, gracias a los que se pueden hacer recomendaciones con respecto a la evolución futura del tratamiento del TOC.

En los informes publicados sobre los países más felices, Australia siempre aparece en los primeros puestos. ¿Cree que las políticas de Salud Mental y las acciones para la mejora de la calidad de vida de su país, están impulsando estos datos?

En 1964, el famoso autor Donald Horne, describió Australia como “el país de la suerte”, argumentando que el ascenso de Australia en riqueza e influencia, se debe, casi por completo, a la suerte de contar con tantos recursos naturales, más que al sistema político, las empresas, el uso de los avances tecnológicos u otras innovaciones. Gran parte de nuestra “felicidad” se debe a una serie de actitudes culturales con respecto a la infomalidad y la amistad, el antiautoritarismo y la capacidad relativa para todas las clases socieconómicas para interactuar, el amor por la naturaleza y nuestros abundantes recursos naturales, así como a las oportunidades de una economía resistente, dando lugar a una alta calidad de vida. Sin embargo, esto no es así en todos los casos, por ejemplo, sólo por mencionar algunas áreas de desafío, nuestra población indígena experimenta una creciente “brecha” en la esperanza de vida y el bienestar en relación con el resto de la población, nuestra joven lucha con las presiones y la falta de oportunidades del personal, algunas de las comunidades étnicas luchan con cuestiones de identidad e integración social, y las tasas de suicidio entre hombres de edad avanzada siguen aumentando.

Sin embargo, dejando a un lado la política y los juicios sobre el comentario de Horne, es cierto que Australia ha estado en la vanguardia de la evolución de la salud pública y salud mental pública. Con nuestro sistema de salud universal, el acceso al reembolso de los servicios psicológicos, nuestros servicios de salud mental para jóvenes, nuestras innovaciones en terapia online y la estrategia de difusión de la salud mental pública concertada, los australianos han gozado de muchos beneficios gracias a los tratamientos psicológicos basados en la evidencia financiados con fondos públicos. Si bien estas medidas han tenido menos impacto del esperable en algunos sectores de nuestra sociedad, sin duda han tenido un enorme impacto en la vida de una gran parte de la comunidad. Ciertamente, la implantación del acceso a reembolsos de los costes de los servicios psicológicos, ha tenido una gran aceptación por parte de la población, y se ha traducido en una disminución de las prescripciones de fármacos, y en un mayor contacto de las personas afectadas con los profesionales de la salud y de la salud mental. La Sociedad Australiana de Psicología lucha, en nombre de la comunidad, para que no se olvide el impacto de estas políticas en la salud y el bienestar de la población, y para que los gobiernos que hacen frente a los recortes presupuestarios, no se olviden de los beneficios financieros y la obligación moral de tener una población sana y feliz.

¿Según su experiencia, Australia es un país que facilita el acceso de sus habitantes a los tratamientos psicológicos e invierte en tratamientos basados en la evidencia?

Como he comentado, nuestro gobierno financia un sistema de salud universal que facilita el reembolso de servicios psicológicos, mediante la derivación de los médicos de atención primaria, psiquiatras y pediatras a los psicólogos generalistas y clínicos registrados. Aunque los trabajadores sociales y terapeutas ocupacionales también participan en este programa, la gran mayoría de los servicios los llevan a cabo los psicólogos. A pesar de que el número de sesiones financiadas ha bajado de 18 a 10 sesiones al año, todos los tratamientos tienen que estar basados en la evidencia. Actualmente se ha solicitado que el número de sesiones financiadas vuelvan a ser 18 como en un principio, debido a que tienen unas necesidades más graves o complejas están cayendo en opciones alternativas de tratamiento. El gobierno también ha financiado una serie de iniciativas, por ejemplo, terapia online y clínicas virtuales, centros de acogida de salud mental para jóvenes, programas de intervención temprana para psicosis, programas de prevención del suicidio, servicios específicos para al autismo, programas educativos a través de las escuelas, programas públicos de alfabetización en salud mental, programas para la salud mental en el trabajo,… y la lista continúa. Tenemos la suerte de tener este tipo de servicios financiados con fondos públicos gracias a los cuales, los australianos han obtenido numerosos beneficios. Sin embargo, como ha sido evidente en todo el mundo, y en particular en el sur de Europa, vivimos en tiempos de dificultades financieras y el gobierno se ha visto presionado a recortar los presupuestos para este tipo de iniciativas. La Sociedad de Psicología Australiana, espera que su papel de defensa en nombre de la población, ayude a mantener estos servicios tan importantes a nivel nacional.

También creo que nuestras experiencias hasta la fecha y las experiencias de otras sociedades psicológicas en todo el mundo, podrían compartirse para ayudarnos a todos a entender la mejor manera de promover y abogar por nuestra profesión y las comunidades para las que trabajamos. Con este fin hemos tratado de desarrollar acuerdos y colaboraciones con otras sociedades psicológicas nacionales y sería estupendo colaborar también con otros países como España.

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