“El envejecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida, que provocan un crecimiento de la demanda de servicios, el incremento de las enfermedades crónicas y su asociación a una mayor presión sobre el sistema y del gasto sanitario, la limitación de recursos financieros, y la necesidad de atender a la incorporación de la innovación, son sin duda los principales retos de un Sistema que requiere de profundos cambios”. Así comienza el informe titulado “Soluciones para la gestión de la cronicidad”, que ha elaborado la Sociedad Española de Directivos Sanitarios (SEDISA), y a través del cual se plantean posibles soluciones orientadas a incrementar la eficacia en la gestión de la cronicidad en nuestro Sistema Nacional de Salud, en aras de proporcionar una atención sanitaria de calidad para estos pacientes y una vía para la sostenibilidad del sistema.

El texto, que ha contado con la colaboración de Fresenius Medical Care, y la participación de la Asociación Nacional de Directivos de Enfermería (ANDE), la Sociedad Española de Nefrología (SEN) y la Asociación para la Lucha contra las Enfermedades del Riñón (Alcer), así como una representación del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, recoge el contenido y conclusiones surgidas en el marco del Foro Soluciones para la Gestión de la Cronicidad, en torno a la situación actual de la cronicidad, las estrategias y medidas puestas en marcha hasta la fecha para su abordaje, así como los avances que supondrían la e-salud y TICS aplicadas a la salud, y la gestión eficiente de la cronicidad desde la perspectiva del profesional sanitario, del profesional de enfermería y del paciente.

A modo de introducción, el informe pone de relieve una serie de datos alarmantes, tales como:

  • La mitad de la población padece al menos una enfermedad crónica, una cifra cuyo aumento se ve impelido por el paulatino envejecimiento que está experimentando (se calcula que en 2025, los mayores de 65 años supondrán el 25% de la población).

  • En la actualidad, el 80% del gasto sanitario en España está destinado a los pacientes crónicos y se estima que tres de cada cuatro visitas a los servicios de urgencias son realizadas por estos pacientes.

  • El 52% del gasto de Atención Especializada se destina a mayores de 65 años y los mayores de 70 años son los responsables del 40% de total del gasto sanitario.

  • La mitad de los pacientes crónicos no completa el tratamiento, más del 40% autorregula su medicación y el 14% de los ingresos hospitalarios de personas mayores se debe a consecuencias negativas por la ingesta de algún medicamento (por automedicación).

Todo lo anterior deja entrever la necesidad de realizar una transición demográfica, epidemiológica, terapéutica y asistencial para abordar la problemática de la cronicidad, respetando las condiciones de equidad y sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud.

En línea con el planteamiento adoptado por la Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad del Sistema Nacional de Salud (aprobado por el Ministerio en 2012), el documento sugiere como punto de partida en la reorientación del SNS a la cronicidad, conocer, en primer lugar, la forma en que se aborda actualmente, teniendo en cuenta la evolución que ha experimentado la sociedad en los últimos años, caracterizada por “un cambio en el patrón de enfermedades hacia enfermedades no transmisibles, de carácter crónico y cuya prevalencia se incrementa con la edad”.

Apuntando al empoderamiento de los pacientes junto la coordinación y la visión integral multidisciplinar, como las dos piezas clave sobre las que debe girar toda estrategia de cronicidad, el informe enumera las siguientes características básicas que debería cumplir un sistema sanitario orientado hacia la cronicidad: ofrecer asistencia universal, gratuita/asequible, ser capaz de estratificar los pacientes en función del riesgo, que esté dirigido hacia la prevención de la enfermedad, con pacientes responsables capaces de “autocuidarse” y en el que se da prioridad a los servicios de Atención Primaria, que se encarguen del seguimiento y la coordinación asistencial. Es decir, un sistema sanitario interconectado e interoperable que tenga una visión longitudinal, basado en los itinerarios asistenciales de las personas, no en itinerarios de departamentos de hospitales o centros.

Sin embargo, para poder acometer un cambio de esta naturaleza, el documento se muestra tajante: “la crisis económica y el déficit de recursos no deben ser un freno para obtener resultados en salud y progreso social”, esto es, la cronicidad “debe ser una cuestión de Estado” que cuente con normas de gobernanza, financiación, recursos y provisión de servicios.

Para ello, considera relevante retomar la inversión en el sistema sanitario para hacerlo sostenible, identificando prioridades y reorganizando los recursos sanitarios para afrontar los cambios demográficos y las innovaciones terapéuticas. De hecho, el SNS cuenta con desarrollos conceptuales y herramientas muy válidas para afrontar la cronicidad, “pero es necesario llevarlos a la práctica”, como ya se está haciendo en otros países, donde estas políticas se están implementando “a mayor velocidad, de una forma más efectiva y uniforme en todo el territorio”

Para apoyar esta afirmación y justificar la evolución urgente que requiere el actual modelo asistencial, los autores exponen dos ejemplos de experiencias de éxito para la gestión de la cronicidad que ya se están dando en nuestro país: el modelo del País Vasco y el modelo navarro. Ambos han demostrado “que es posible una atención sanitaria orientada a los pacientes crónicos basada en un modelo de coordinación y continuidad, situando a los profesionales de Atención Primaria en el centro de la toma de decisiones, valorando las necesidades del paciente, ofreciendo un plan de cuidados personalizados y coordinando la atención a domicilio u hospitalaria”.

Siguiendo la estela de los modelos anteriormente mencionados, el documento subraya la importancia de identificar e implantar políticas estables y a largo plazo que, realmente, sitúen al paciente en el centro del sistema y tenga acceso al tratamiento en condiciones de equidad “sin importar la región en la que viva”. Este nuevo sistema sanitario debería basarse en el continuo asistencial, la promoción de la salud y la prevención primaria. Se considera aquí la continuidad asistencial como una característica primordial de la Atención Primaria, intrínsecamente relacionada con la satisfacción de los pacientes crónicos y con su calidad de vida, asociándose, a menos medicalización, menos intervencionismo, menos hospitalizaciones y, por consiguiente, a su contribución con la sostenibilidad del Sistema Sanitario.

Por tanto, para mejorar la salud de las personas, la atención sanitaria debe reorientarse hacia un modelo menos centrado en los aspectos biológicos, y más centrado en aspectos psicosociales y vinculados a los estilos de vida. El objetivo es el empoderamiento de los pacientes, de modo que los enfermos crónicos sean cada vez más autónomos y proactivos en la gestión de su enfermedad.

Para la puesta en marcha de este nuevo modelo es imprescindible realizar algunos cambios: Atención Primaria potente, reorientación del hospital y coordinación con Servicios Sociales. Y, no menos indispensable, un equipo multidisciplinar en el que participen activamente psicólogos, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, nutricionistas, trabajadores sociales, etc.

Por otro lado, la gestión de la cronicidad exige plantear la perspectiva estratégica de la interoperabilidad organizativa, con un enfoque operativo en el que las TIC se convierten en herramientas imprescindibles, puesto que son el soporte del cambio organizativo y cultural en la gestión y en los procesos, por su capacidad para vertebrar la información de los pacientes y el sistema (a saber, permiten garantizar la accesibilidad a cualquier prestación, garantizan la continuidad asistencial, favorecen la aparición de nuevos canales de comunicación entre ciudadanos y servicios sanitarios, potencian la seguridad de las decisiones clínicas, permiten al clínico mantener una actualización continua de la información, etc.).

Cabe señalar que el informe dedica una parte importante a la enfermedad renal crónica, considerándola como una de las enfermedades más prevalentes en la actualidad, con cifras que rondan el 11% de la población adulta en España, y cuya magnitud está estrechamente relacionada con el envejecimiento de la población, la hipertensión, la obesidad, las alteraciones cardiovasculares y la diabetes, por lo que se prevé que podría aumentar en los próximos años.

Según el documento, si bien la insuficiencia renal es la que más recursos humanos, técnicos y farmacológicos consume, también es una de las enfermedades sobre las que mejor se puede actuar y comenzar a incorporar estrategias clave basadas en: prevención, educación al paciente, implicación asistencial multidisciplinar, y acceso equitativo a soluciones clínicas y tecnológicas innovadoras eficientes que permiten reducir el coste sociosanitario y la carga asistencial.

A razón del texto, el SNS debería considerar la insuficiencia renal crónica como un área de trabajo específica dentro de la Estrategia de Crónicos, contemplando dentro del plan de actuación y manejo de esta patología, los indicadores de evaluación clínica y asistencial para intensificar las políticas sanitarias desarrolladas o identificar áreas de mejora.

Para ver el informe completo, pincha el siguiente enlace:

Soluciones para la gestión de la cronicidad

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