En los últimos años, coincidiendo con la reforma educativa, se ha intensificado el debate sobre la conveniencia y utilidad de los deberes escolares, así como en la cantidad mínima necesaria que redunde en un mayor rendimiento escolar. Mientras que algunos proclaman sus beneficios, argumentando que las tareas que llevan a casa son clave a la hora de ayudar a los estudiantes a consolidar los conocimientos aprendidos, otros defienden un plan de estudios común, libre de deberes escolares. Pese a la polémica en torno a los pros y los contras de asignar tareas para casa, los investigadores coinciden en señalar un aspecto fundamental a tener en cuenta: la calidad de los deberes escolares.

En esta misma línea, la APA (American Psychologists Association-Asociación Americana de Psicología) ha publicado un artículo en su revista Monitor on Psychology, donde aborda en profundidad este tema, a través de una revisión de las principales teorías y estudios realizados.

En primer lugar, si partimos de la idea de que “la práctica mejora el desempeño”, sería lógico pensar que los deberes pueden ayudar a mejorar el rendimiento en las diferentes materias (por ejemplo, dedicar un tiempo a la práctica de la multiplicación o al aprendizaje de vocabulario).

Con relación a esto, el psicólogo social Harris Cooper de la Universidad de Duke (EE.UU) postula la trascendencia de los deberes en cuanto a beneficios académicos, entre ellos, el incremento de la comprensión y la retención del material aprendido. Sin embargo, en una investigación llevada por él mismo, basada en una revisión de estudios publicados desde 1987 hasta 2003, encontró que los deberes se asociaban con mejores resultados en los exámenes realizados en Secundaria, y se halló solamente una débil evidencia de su utilidad académica en Primaria, concluyendo que no todos los estudiantes pueden beneficiarse de las tareas escolares (Cooper y cols., Review of Educational Research-Revisión de la investigación educativa, 2006).

Entre las ventajas más citadas por los defensores de las tareas escolares, se enumeran el desarrollo de la responsabilidad, así como de las habilidades para gestionar el tiempo y de unos buenos hábitos de estudio. Sin embargo, algunos investigadores como Mollie Galloway, profesora asociada de liderazgo educativo del Instituto Lewis & Clark (Portland, Oregón), recuerdan que, a pesar de la creencia arraigada de que la ejecución de tareas repercute positivamente en las habilidades y hábitos de estudio, “no podemos afirmarlo a ciencia cierta”.

A este respecto, puntualiza la APA, incluso cuando los deberes pueden resultar útiles, “nada es bueno en exceso”. Como veremos más adelante, algunos inconvenientes señalados por los investigadores, y que se presentan de forma directamente proporcional al tiempo dedicado a la tarea son: el aburrimiento y el desánimo con los deberes, menos tiempo para las actividades extraescolares y las familiares, falta de sueño e incremento del estrés.

Como posible solución a estos problemas, Cooper postula una teoría: la regla de los 10 minutos, orientada a limitar los deberes, no a eliminarlos. De acuerdo con su planteamiento, la realización de los deberes no debería ocupar más de 10 minutos diarios en el primer curso de Educación Primaria. A partir de aquí, cada curso se incrementaría en 10 min. (por ej.: 30 minutos en 3º), hasta alcanzar las dos horas en Educación Secundaria, que es el límite máximo de tiempo apoyado por la Asociación Nacional de Educación (National Education Association) y la Asociación Nacional de Padres y profesores (National Parent Teacher Association). Asimismo, advierte, “la sobrecarga de tareas no es buena para nadie”. Cuando el hecho de estar comprometidos con los deberes escolares dificulta que los niños puedan participar en otras actividades de ocio, “dejan de servir al interés superior del niño”. Por ello, considera imprescindible disponer a diario de un tiempo no estructurado para jugar.

Pero, ¿se adhieren los profesores a la regla de los 10 minutos? Varios estudios indican que algunos niños llevan a casa mucho más trabajo del que pueden realizar. Robert Pressman y col., investigaron la aplicación de la Regla de los 10 minutos en una muestra de más de 1.100 estudiantes, hallando que los niños de Primaria recibían el triple de la cantidad recomendada de deberes escolares. Los datos revelaron que cuanto mayor era el volumen de tareas para casa, mayor era también el estrés familiar (American Journal of Family Therapy, 2015).

Otro estudio llevado a cabo en escuelas de alto rendimiento, y publicado en el año 2013 en la Revista de Educación Experimental (Journal of Experimental Education), reveló que en Secundaria se excedía igualmente el límite aconsejado de deberes, siendo de un promedio aproximado de tres horas diarias. Aquellos estudiantes que empleaban una gran cantidad de tiempo en los deberes, admitían estar más implicados en clase, pero, por contra, disponían de menos tiempo para la familia, los amigos y las actividades extraescolares, e informaban de un mayor estrés académico, más problemas de salud física, así como de una serie de síntomas específicos (dolores de cabeza, problemas estomacales, falta de sueño…).

Algunos investigadores manifiestan que la utilidad de los deberes escolares no disminuye aun dedicando menos horas semanales para su realización (¿Por qué mandar 50 problemas de matemáticas, cuando 10 pueden ser igual de beneficiosos?). A este respecto, los estudios han demostrado que reducir las tareas en un tercio, e incluso a la mitad, no influye negativamente en los resultados de los exámenes.

A pesar de lo anterior, la experiencia pone en evidencia la dificultad real de cambiar la “cultura de los deberes”, sustentada en creencias erróneas y falsas expectativas relacionadas con los mismos. La solución, a juicio de los investigadores, es que docentes y legisladores educativos establezcan metas claras en relación con las tareas escolares –teniendo en cuenta, a su vez, la opinión de padres y alumnos-, vertebrando los objetivos a través de una serie de preguntas, tales como “¿cuál es el propósito de los deberes?, ¿por qué se han mandado? o ¿quién se puede beneficiar de ellos y quién no?”.

La APA concluye su artículo recordando que, hasta que las escuelas y las comunidades no se comprometan a adoptar una postura dando respuesta a estas preguntas, “las mochilas seguirán volviendo llenas de tareas para llevar a casa”.

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Is homework a necessary evil?

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