El 15 de junio se celebró el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Según los datos de la ONU, se estima que entre el 4 y el 6% de las personas mayores han experimentado algún tipo de maltrato en su domicilio y que la incidencia de este problema va en aumento en la medida en que el porcentaje de población mayor se va incrementando a lo largo de los años.

Dentro del grupo de mayores, las mujeres son más vulnerables a ser víctimas de este tipo de abusos, que incluyen maltrato físico, sexual, psicológico, emocional, financiero y material y que pueden adoptar diversas formas como el abandono, la negligencia o las pérdidas graves de dignidad y respeto.

Precisamente el pasado mes de mayo, la asociación  VAWG (Violence Against Women and Girls), bajo el auspicio de organizaciones internacionales, como el Banco Mundial y el Instituto Mundial de la Mujer, publicó un documento sobre la violencia contra el colectivo de mujeres mayores (Brief on violence against older women).

Tal y como expone la asociación VAWG, el discurso para el desarrollo mundial y la acción en igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres se ha centrado en las mujeres y niñas en edad reproductiva, y como consecuencia, las mujeres mayores de 50 años no han sido tenidas en cuenta en este diálogo crítico que pretende impulsar el desarrollo de programas para mejorar la salud y el bienestar y reducir el impacto de la violencia.

Según se establece en el informe VAWG, las mujeres mayores de 50 años, que representan la cuarta parte de las mujeres en el mundo, se enfrentan a una violencia y maltrato específico derivado conjuntamente del sexismo y de la discriminación por la edad, y que está sustentado en la idea de que las mujeres son “inútiles” una vez que han dejado atrás su edad reproductiva.

Asimismo, el estado de salud, la discapacidad, la dependencia o la presencia de enfermedades como el VIH son factores que pueden tener también un impacto negativo, junto con la identidad de género y la edad, en las opciones, las expectativas sociales y los roles de estas mujeres, aumentando su desventaja y vulnerabilidad a la violencia y su exclusión social.

Esta realidad tiene implicaciones en las decisiones y acciones que deben llevarse a cabo a escala nacional, institucional y comunitaria. Por este motivo, la asociación VAWG ha establecido una serie de recomendaciones para el desarrollo de proyectos que integren la prevención y la respuesta a la violencia que pueden sufrir las mujeres mayores. Entre dichas recomendaciones, la asociación VAWG señala la necesidad de asegurar que las definiciones legales de “asalto sexual” o “violación”, que habitualmente  se refieren a los contactos sexuales forzados o no deseados y a la penetración, se amplíen a otras formas de violencia sexual que pueden causar también un intenso sufrimiento y malestar psicológico y que son comunes en la violencia ejercida contra las mujeres mayores. Asimismo, el informe menciona la necesidad de incluir al colectivo de mujeres mayores en los programas de tratamiento de enfermedades, como los de VIH, y en los programas generales de salud pública y de respuesta a situaciones de emergencias y catástrofes.

A nivel institucional, el informe subraya la necesidad de fortalecer las instituciones gubernamentales con el objetivo de prevenir y controlar la violencia y asegurar que la violencia contra las mujeres mayores está incluida explícitamente en sus directrices, garantizar que los programas de protección social son accesibles para las mujeres y los hombres mayores, evaluar la posible estigmatización de estas mujeres como barrera de acceso a los programas y garantizar que los profesionales que prestan atención y cuidados al colectivo de mujeres mayores sean sensibles y estén capacitados para establecer una intervención eficaz y apropiada de apoyo a supervivientes mayores de violencia sexual, entre otras medidas.

Se puede acceder al informe completo en el siguiente enlace:

Brief on violence against older women

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