Francisco Balbuena Rivera

Universidad de Huelva

La proporción de niños y personas adultas con TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) se ha incrementado en los últimos años. ¿Por qué? Y lo que es más importante, ¿cómo afecta al entorno socioeducativo y familiar?

Aunque hay algunos investigadores que atribuyen tal incremento al uso desigual de las guías utilizadas a la hora de diagnosticar el TDAH, tal razón por sí misma resulta insuficiente. Como serio argumento para decir esto está que el TDAH se aborda desde distintas perspectivas (médica, clínica, socioeducativa, etc.,).

Por ello, derivado del abordaje diverso del TDAH, se han esgrimido como factores potenciales de influencia en su diagnóstico los siguientes: 1. Los distintos instrumentos y criterios clínicos usados, habitualmente en un solo contexto, como por ejemplo, la escuela, frente a la opinión de otros autores que juzgan imprescindible realizar el diagnóstico también en otros entornos; 2. La presencia del TDAH con otros trastornos de conducta, requiriendo esto la adaptación específica por parte de la familia, escuela, etc., a las necesidades especiales de la persona con TDAH; 3. La presión que ciertas compañías farmacéuticas llevan a cabo para la búsqueda de nuevos casos, al depender de ello la prescripción de fármacos como el metilfenidato para el TDAH.

Vinculado con el primer factor arriba referido, el del uso de diferentes instrumentos y criterios, hay que destacar que existe una notable discrepancia entre padres y/o entre éstos y los docentes acerca de la frecuencia e intensidad de los síntomas característicos del TDAH. Esto, sin duda, torna el diagnóstico de este trastorno algo incierto. Por eso, en un intento de reducir esto cabe instruir a los padres en el manejo de algunas escalas de observación de la conducta de sus hijos, como en ciertas intervenciones socioducativas que se han mostrado eficaces, al constatar que las mismas ayudan a los padres en las tareas cotidianas que realizan con sus hijos. Asimismo, se ha visto que las pruebas usadas para diagnosticar el TDAH difieren en Europa de las que se utilizan en Estados Unidos, dado el carácter más restrictivo de las primeras, como ya afirmábamos antes al señalar que el diagnóstico del TDAH se hace sólo en un contexto y no en varios. Vinculado con esto, muchas pruebas e instrumentos usados para diagnosticar el TDAH han sido elaborados y baremados en población anglosajona, lo que impide analizar los factores socio-culturales que podrían afectar la ejecución e interpretación de los resultados. Otro serio inconveniente es que la mayor parte de las pruebas usadas para evaluar las funciones mentales más complejas incluidas en el TDAH se han llevado a cabo con personas adultas, dificultándose así su aplicación a niñas y niños.

Las escalas utilizadas hasta ahora para el juicio clínico tampoco ayudan mucho, pues puntúan síntomas con una escasa correspondencia con la disfunción a considerar, por ejemplo social o académica, de modo que habitualmente la valoración que hacen padres o profesores estriba en lo que éstos juzgan que es una conducta anormal. En un plano diferente, se ha cuestionado la edad de inicio de los síntomas antes de los 7 años establecida en los manuales de diagnóstico, pues esto suponía limitar el TDAH al ámbito de la infancia, cuando en la actualidad sabemos que se desarrolla a lo largo de toda la vida de la persona.

Respecto al segundo factor, la aparición del TDAH con otros trastornos, es oportuno señalar que la permisividad educativa en que hoy nos movemos no debe abocar en un diagnóstico erróneo, por el que acabe confundiéndose el TDAH con la manifestación de otras conductas agresivas, desafiantes, etc., englobables en otros trastornos. Se hace necesario, por tanto, realizar un buen diagnóstico diferencial, esto es, uno que de forma clara evite confundir el TDAH con otra cosa.

Ayudando a realizar correctamente esta labor, está conocer bien la personalidad e inteligencia del niño, como su ambiente socio-familiar, pues las citadas conductas agresivas, desafiantes, etc., pudieran estar motivadas por dificultades asociadas a la esfera socio-familiar. No podemos tampoco olvidar la estigmatización que puede hacerse del niño o joven en el entorno escolar, al “justificarse” por su diagnóstico de TDAH su forma de comportarse en episodios agresivos y/o problemáticos en que pudiera verse inmerso con sus compañeros.

En cuanto al tercer factor, en pro del bienestar superior del niño, debería procurarse prescribir fármacos sólo cuando tal cosa sea estrictamente necesaria a juicio del médico que lo trate. Es por ello crucial que éste se gane la confianza de los padres, que busque su complicidad, al ser muchos de ellos reacios a administrar fármacos a sus hijos. Por otro lado, hay evidencia clínica que sustenta que la combinación de fármacos con la terapia conductual podría repercutir en que algunos niños tomaran dosis menores de los medicamentos prescritos, ignorándose sin embargo en qué proporción los efectos beneficiosos se deben a la terapia y cuáles a los fármacos.

Como hemos constatado, no cabe explicar el incremento actual del TDAH por un solo factor, sino por un cúmulo de ellos, entre los que figuran: la enorme disparidad en el uso de criterios, instrumentos y escalas de juicio clínico; la falta de una perspectiva evolutiva que atienda a las diferencias presentes en los síntomas, fundamentalmente investigados en personas adultas; y la prescripción de fármacos a veces indebida. Trabajar en solucionar estas cuestiones, ayudará a realizar un mejor abordaje y tratamiento del TDAH.

El artículo completo puede encontrarse en la Revista Psicología Educativa:

Balbuena, F. (2016). La elevada prevalencia del TDAH: posibles causas y repercusiones socioeducativas. Psicología Educativa 22, 81-85.

Francisco Balbuena Rivera. Profesor contratado doctor en el departamento de Psicología Clínica y Experimental de la Universidad de Huelva. Psicólogo general sanitario. Máster en Psicoterapia Psicoanalítica (UCM). Autor de más de 30 publicaciones vinculadas con la historia del psicoanálisis y otras ofertas psicoterapéuticas.

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