Juan Manuel Ortigosa Quiles1, Antonio Riquelme Marín1, Henar Álvarez Soto1,  María José Astillero Fuentes2 e Inés Sánchez Piñera2

1Universidad de Murcia

2Asociación Pupaclown-Payasos de hospital, Murcia

Con motivo de la celebración, hoy 15 de febrero, del Día Mundial contra el Cáncer Infantil, Infocop ha pedido la colaboración de este equipo de investigación que trabaja en la valoración de la eficacia de las intervenciones de los payasos con los niños enfermos y hospitalizados.

El interés por la atención del estado emocional del niño enfermo y/u hospitalizado ha sido, y es, una constante desde hace años en España. La aparición de asociaciones, fundaciones y otras entidades, además de las propias iniciativas promovidas desde los hospitales, ha contribuido a que en la actualidad estos niños y sus familiares vean cubiertas muchas de sus necesidades emocionales.

Entre estas acciones, una propuesta entró en los años 90 del siglo pasado en los hospitales españoles para ayudar a los niños a afrontar la enfermedad y los aspectos relacionados con ella. Nos referimos al uso del humor; fuente de beneficios clínicos y psicológicos al vincularse con las emociones positivas y éstas a su vez con el bienestar y el incremento de la capacidad para afrontar situaciones adversas (Dowling, 2003).

Si hablamos del humor y la risa en el contexto sanitario, los Payasos de Hospital (PdH en adelante) son sus principales acreedores, aunque en realidad sus recursos también se extienden al juego, la distracción y la creatividad como componentes esenciales de su intervención (Ortigosa, Méndez, y Riquelme, 2009).

Bajo el paraguas del Modelo de Payaso Terapéutico se presenta un artista profesional formado específicamente en el uso de estrategias y herramientas procedentes del universo  “Clown” puestas al servicio de la salud del niño hospitalizado (Koller, 2008). Por tanto, el PdH aprende a emplear sus recursos en beneficio del niño, a manejar las  emociones positivas y negativas, a dominar los tiempos en su actuación (a conocer cuándo estar y cuándo retirarse), y a trabajar dentro de un equipo multidiciplinar.

Es indudable que la presencia de los PdH está cada vez más extendida e implementada dentro de la vida diaria hospitalaria y los estudios que demuestran los beneficios de su actuación en el hospital son cada vez más numerosos. Por ejemplo, se ha manifestado el efecto positivo de la presencia de los PdH en relación con la aplicación de procedimientos médicos concretos: cirugía, extracción de sangre, pruebas cutáneas de alergia, cateterización cardiaca, pacientes con afección respiratoria o artrosis idiopática.

Del mismo modo, se empiezan a publicar estudios que valoran la repercusión que la actividad de los PdH tiene durante la aplicación de procedimientos médicos en el área de oncología pediátrica, centrándose en la actuación de los PdH mientras se administra la quimioterapia, la venipuntura, la colocación del puerto de infusión, la inyección intramuscular, o la punción lumbar obteniendo resultados positivos sobre la fatiga y la valoración de la facilidad para aplicar los procedimientos, pero no así sobre el malestar emocional y la ansiedad.

En este contexto, un reciente estudio ha evaluado la eficacia de la actuación de los PdH sobre la respuesta de miedo en 30 niños y niñas de 3 a 11 años de edad, de la Unidad de Oncohematología del hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, antes de la aplicación de la punción lumbar o el aspirado medular. A todos se les tomó una medida  cognitiva (escala de 5 caras), fisiológica (pulso y tensión  arterial media) y motora (Escala Yale de Ansiedad Preoperatoria-Modificada, M-YPAS) (Kain,  Mayes, Cicchetti, Bagnall, Finley, y Hofstadter, 1997).

La actuación de los payasos de hospital consistió en acompañar al niño durante el proceso, junto a la presencia de los padres. En concreto, se creó un entorno de juego en el que el niño solicitaba y decidía qué material formaría parte del mismo. Los materiales utilizados fueron títeres, juegos de mesa, construcciones, magia, sonidos musicales y cualquier otro que el payaso estimase oportuno. Los PdH incluyeron en su juego, la intervención a la que el niño era sometido, informándole sobre qué sensaciones o molestias iba a experimentar (información sensorial) y qué se le iba a hacer y cómo (información de procedimiento). La intervención de los payasos se realizó en varios  momentos en la sala de espera y durante el traslado del  niño a la sala de tratamientos. La duración de la intervención fue de aproximadamente de 15 minutos.

Los resultados indican que los niños atendidos por los PdH estuvieron significativamente más calmados en pulso arterial, tensión arterial media y conductas disruptivas justo antes de la aplicación del procedimiento médico que aquellos que no fueron acompañados por los  PdH. Además, se observó que tras la marcha de los PdH las diferencias desaparecían, igualándose nuevamente ambos grupos en el periodo de recuperación tras la aplicación del procedimiento médico, circunstancia que indicaría que en este contexto el efecto de los PdH sobre el niño sólo se daría mientras aquellos están presentes.

Estos resultados se completan con el análisis del tamaño del efecto para conocer la magnitud de la intervención. En las medidas donde se alcanzaron diferencias significativas, el tamaño del efecto fue de magnitud media o alta, confirmándose la bondad de la presencia de los PdH.

En conclusión, a  partir de los resultados obtenidos, se puede afirmar que los PdH favorecen el control de la respuesta de miedo ante los procedimientos dolorosos, pero con un efecto vinculado a su presencia, mientras se produce la interacción con el niño; desapareciendo tal efecto tras la marcha de los PdH. Si bien nuestros datos van en la dirección de que el contacto entre el payaso y el niño es beneficioso para éste en el quehacer diario de la atención hospitalaria pediátrica en general, y en los niños con cáncer en particular, es necesario seguir investigando en esta línea a fin de confirmar los resultados iniciales.

El artículo completo puede encontrarse en la Revista Psicooncología:

Ortigosa, J.M.; Riquelme, A.; Álvarez, H.; Astillero, M.J. y Sánchez, I. (2016). Eficacia de la actuación de los payasos sobre el miedo a procedimientos dolorosos en oncohematología pediátrica. Psicooncología, 13 (2-3), 297-305.

Referencias:

Dowling, J. S. (2003). Sense of humor, childhood cancer stressors, and outcomes of psychosocial adjustment, immune function, and infection. Journal of Pediatric Oncology Nursing, 20(6), 271-92.

Kain, Z. N. ,  Mayes, L. C. , Cicchetti, D. V., Bagnall, A. L.., Finley, J. D. y Hofstadter, M. B. (1997). The Yale Preoperative Anxiety Scale: how does it compare with a "gold standard"? Anesthesia & Analgesia85(4), 783–788.

Koller, D. y Gryski, C. (2008). The Life Threatened Child and the Life Enhancing Clown: Towards a Model of Therapeutic Clowning. Evidence-Based Complementary and Alternative Medicine : eCAM5(1), 17–25.

Ortigosa J. M., Méndez, F. X. y Riquelme, A. (2009). Afrontamiento psicológico de los procedimientos médicos invasivos y dolorosos aplicados para el tratamiento del cáncer infantil y adolescente: la perspectiva cognitivo-conductual. Psicooncología, 6(2-3), 411-426.

Juan Manuel Ortigosa Quiles. Doctor en Psicología y Profesor de la Universidad de Murcia. Ha publicado artículos y libros sobre la atención psicológica al niño hospitalizado por motivo quirúrgico, entre los que destacan los libros “Hospitalización infantil” y “Manual de Psicología de la Salud con niños, adolescentes y familia”. En los últimos años ha centrado su investigación  en el estudio de la labor de los Payasos de Hospital.

Antonio Riquelme Marín. Profesor Titular de Psicología de la Universidad de Murcia.  Director de la Unidad de Trastornos afectivos del Servicio de Psicología aplicada de esta Universidad. Desde el año 2001 lleva trabajando en la atención a personas en procesos de duelo. Actualmente es Profesor de intervención psicológica en cuidados paliativos del máster de Psicología General Sanitaria, materia sobre la que cuenta con una amplia experiencia reflejada en la participación en congresos o en el desarrollo de documentos de carácter científico.

Hernar Álvarez Soto. Licenciada en Psicología por la Universidad del País Vasco. Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad de Murcia. Máster en Sexología y Terapia de Pareja por la AEPCCC. Colaboradora en proyectos de investigación sobre hospitalización infantil. Psicóloga de la Fundación ANAED, Asistencia Nacional para la Ayuda al Enfermo de Depresión. Actualmente, trabaja en gabinete privado en San Sebastián.

Mª José Astillero Fuentes. Licenciada en la Escuela Superior de Arte Dramático en Murcia. Desde 1994 su trayectoria profesional se centra en el mundo del clown. En 1998 es cofundadora de la Asociación Pupaclown, Payasos de Hospital en la que actualmente trabaja como directora artística. Desde 2007 preside la Fundación Pupaclown que gestiona el “Centro Escénico Pupaclown” para la integración social de los niños y jóvenes discapacitados a través de las Artes.

Inés Sánchez Piñera. Licenciada en Pedagogía por la Universidad de Murcia., Máster en Intervención Socioeducativa y Técnico en Educación Infantil. Realiza su labor con infancia y adolescencia desde el 2005, participando en varios proyectos de Investigación relacionados con el estrés y la ansiedad en niños hospitalizados.

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