La Psicología española es una profesión madura, con una alta implantación social. Desde los primeros años 70 del pasado siglo, el acelerado crecimiento que hemos vivido no ha sido simplemente en número, sino que hemos crecido también en diversidad. De ser unos pocos centenares a principios de los 70, rondamos en la actualidad 70.000 colegiados y contamos con más de 50.000 alumnos en casi 50 facultades. Son cifras absolutamente desproporcionadas con la población y el desarrollo económico de nuestro país, tal y como puede comprobarse por la alta tasa de paro que sufrimos y a la que no deberíamos acomodarnos. Esos números deberían llevarnos pronto a un debate sobre las medidas a  adoptar para encaminar este desmesurado éxito, no vaya a ser que acabe matándonos.

Por otra parte, la creciente especialización y diversidad de la Psicología también ha corrido pareja con el crecimiento numérico. Hoy encontramos psicólogos en los sectores más dispares (sanidad, educación, servicios sociales, múltiples ámbitos empresariales, ejército, seguridad pública, deporte, etc.), desarrollando su trabajo de acuerdo con las condiciones que marcan sus metas, metodología de trabajo y su entorno laboral. La complejidad de sus cometidos y contextos profesionales hace que sea necesaria una intensiva formación post-graduada. Son años de aprendizaje en los que se adquieren conocimientos y habilidades específicos de cada ámbito de especialización, casi siempre en un marco en el que los psicólogos no son los actores principales, ni la Psicología el marco de referencia, y en los que los vínculos intra-profesionales se establecen únicamente con otros psicólogos que trabajan en el mismo ámbito o sector. Esa hiperespecialización, tan necesaria hoy en día, contiene la indudable ventaja de que permite una mejor adaptación a un entorno laboral exigente y competitivo, pero también encierra el peligro de que el profesional pierda el contacto con la fuente que le da sentido, la propia Psicología.

Resulta cada vez más frecuente observar el nacimiento de sociedades científicas y profesionales de sector o especializadas, o incluso hiper-especializadas (por ejemplo, que representan solo un enfoque doctrinal dentro de un sector concreto) dentro de la Psicología que buscan, precisamente, aglutinar y dar cauce a la necesidad de especialización profesional. Considero admirable el esfuerzo y la capacidad que muestran muchos compañeros para constituir y gestionar sociedades que, sin ánimo de lucro alguno, solo buscan el bien de la profesión y de la sociedad a la que sirven. El producto del trabajo de esas organizaciones es múltiple, pero tiene como principal bandera de enganche los congresos y reuniones que celebran periódicamente. La Organización colegial siempre ha sido consciente de la importancia que tienen estas sociedades y del deber de apoyarlas en su empeño de construir, mejorar y dar a conocer un campo especializado de nuestra profesión. Fiel reflejo de la importancia que concedemos a potenciar la especialización profesional es el importante desarrollo que están teniendo nuestras divisiones científicas y profesionales, algunas de ellas con más de 2.000 miembros. Todo este dinamismo dentro y fuera de la profesión se traduce en una importante explosión de congresos sectoriales que se celebran con creciente frecuencia. Raro es el mes en el que no publiquemos anuncios de congresos llevados a cabo por este tipo de sociedades u organizaciones especializadas.

Pero la Psicología no puede ser concebida como la simple suma de sus respectivas especializaciones. La Psicología debe entenderse como una ciencia y una profesión única con múltiples aplicaciones. Cuando se pierde de vista esta perspectiva, los psicólogos corren el riesgo de “especializarse” tanto que terminen adoptando un lenguaje y un método completamente ajenos a la ciencia psicológica, y negando de esa forma la propia razón de su existencia como profesional. Su “especialización” se convierte en una suerte de “abducción” por el modelo profesional dominante del sector en donde se encuentran, siendo entonces un pálido remedo de lo que imitan. Es necesaria la especialización, pero también es imprescindible regresar al tronco común que es la ciencia, con su lenguaje, metodología y objeto propios que nos dan la identidad como psicólogos.

Fiel a esta idea, el Consejo General de la Psicología quiere mantener la tradición de los Congresos, en los que “nada de lo psicológico nos resulte ajeno”. Queremos que los psicólogos de todas las especialidades se reúnan, hablen y se escuchen. Estamos convencidos de que estos encuentros son extraordinariamente enriquecedores y de que, además, nos permiten reforzar todo lo que tenemos en común, nuestra ciencia y nuestra profesión. En estos congresos podemos ver como lo que hace avanzar a unos puede servir para ayudar a otros, y hacernos conscientes de que nuestros problemas profesionales no son tan distintos a pesar de que estemos en sectores aparentemente lejanos.

El III Congreso Nacional de la Psicología que se va a celebrar en Oviedo del 3 al 7 de julio de este año, será una fiesta de la unidad de la Psicología. Pretendemos celebrar un evento en el que se aborden los principales asuntos que interesan a la ciencia y a la profesión de la Psicología, y en el que, por lo tanto, el asistente tenga como única preocupación no tener el tiempo suficiente para participar en todas las actividades que desearía. Cuidaremos el interés del congresista por asistir a los eventos que estén relacionados con su propia especialidad, pero también se le ofrecerán múltiples oportunidades de adentrarse en otros campos de la Psicología tanto básicos como aplicados. Nuestro objetivo es abrir ventanas que permitan ver más allá del estrecho pasillo de la especialización.

La organización del Congreso está haciendo un gran esfuerzo para contar con un elenco de interesantes conferenciantes, simposios, talleres, mesas redondas que capten la atención e interés de los profesionales y académicos de la Psicología. Pero también está muy ocupada en que el Congreso sea asequible y accesible para todos los que deseen asistir.

Queremos que los psicólogos, sean académicos o profesionales, vivan el III Congreso como un hito en el camino que empezó a principios de los años 70, cuando nacieron las primeras facultades de Psicología. Queremos que echen la vista atrás y vean lo que hemos construido juntos los psicólogos españoles. Pero también queremos que miren hacia delante, impulsados por las nuevas ideas y animados con la sensación de unidad en torno a una profesión y una ciencia fuerte y pujante.

 

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