El trabajo tiene un amplio impacto en el bienestar de las personas, influyendo significativamente no sólo en su vida laboral, sino también en varios aspectos de su vida personal, tales como la relación de pareja o el rendimiento escolar de sus hijos.

Así lo advierte un informe realizado de forma conjunta por la Sociedad para el manejo de recursos humanos (Society for Human Resource Management) y la Sociedad para la Psicología Industrial y Organizacional (Society for Industrial and Organizational Psychology-SIOP).

El documento, titulado The Bigger Picture of Employee Well-Being: Its Role for Individuals, Families and Societies (Panorama general del Bienestar del Empleado: su rol en las personas, las familias y las sociedades), pretende realizar, tal y como su título indica, una revisión general de la literatura científica relativa al impacto sobre el bienestar de los empleados a nivel individual, organizacional y social, así como ofrecer una serie de recomendaciones dirigidas a empleadores y legisladores, de cara a fomentar el bienestar psicológico y promover sus efectos positivos.

Según señalan los autores del informe, de acuerdo con la encuesta Stress in America de la APA, el 60% de los estadounidenses identifican el trabajo como una fuente significativa de estrés, por detrás del dinero y mucho mayor que los problemas familiares o de salud (American Psychological Association, 2015). Los resultados de una revisión cuantitativa basada en 228 estudios son especialmente reveladores (Goh, Pfeffer & Zenios, 2014): el estrés laboral contribuye a aproximadamente 120.000 muertes al año -más que el número de muertes por diabetes, Alzheimer o influenza.

A razón de los datos, algunos de los estresores específicos más identificados y relacionados con el desarrollo de problemas de salud, serían la inseguridad laboral, el incremento en las horas de trabajo, y los trabajos altamente exigentes (Zenios as quoted in Lynch, 2005).

El estrés contribuye al desarrollo de problemas psicológicos (por ejemplo, depresión, ansiedad), físicos (por ejemplo, enfermedad cardiovascular, obesidad) y de comportamiento (uso y abuso de alcohol). A su vez, estos problemas resultan en una disminución de la productividad y en mayores costes de atención de la salud. A este respecto, los estudios revelan un 50% más en gastos de atención de la salud (Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional, 1999), cifrando los costes del estrés laboral en, aproximadamente, 190 mil millones de dólares (unos 169.476.400 €) (Goh et al., 2015).

El informe alerta del alcance de estas graves consecuencias en el deterioro de bienestar, extendiéndose también a nivel nacional y afectando a la productividad y a los gastos de salud del país (incremento de los costes de atención de salud de la población estadounidense en un 5% a 8% [Goh et al., 2015]).

Por otro lado, las excesivas demandas laborales así como las experiencias negativas que se dan en el lugar de trabajo se reflejan también en la vida familiar, aumentando el estrés en la vida de todos los miembros de la familia, disminuyendo su bienestar (por ejemplo, Bianchi, Casper y King 2005, Kelly et al. Korabik, Lero & Whitehead 2008, Kossek & Lambert 8 2005, Major, Klein & Ehrhart 2002). Concretamente, las experiencias laborales negativas, como la poca participación en la toma de decisiones, las altas demandas de trabajo o la inseguridad laboral, están asociadas con la actitud de los padres hacia los niños y los problemas de conducta de estos en la escuela (Stewart & Barling, 1996). Los niños parecen también reconocer y lamentar el estrés y el cansancio relacionados con el trabajo que sufren sus padres (Galinsky, 1999).

Asimismo, la relación con la pareja se ve notablemente influenciada por el bienestar laboral: según un estudio, el estrés se relaciona con una reducción de la satisfacción marital (Beatty (1996).

En la misma línea, algunos estudios han analizado el impacto negativo entre las demandas excesivas del trabajo así como la cantidad de horas invertidas en el mismo, y el tiempo que se pasa con la familia (Major, Klein y Ehrhart, 2002). Según un estudio de 2015, más de la mitad de los empleados reconocen sentir la necesidad de responder inmediatamente a las comunicaciones electrónicas (por ej., textos y correos electrónicos del trabajo), incluso durante las comidas familiares (Workfront, 2015).

No obstante, si bien los datos anteriores abordan los efectos perjudiciales del trabajo sobre el bienestar, el artículo explora también la evidencia sobre los efectos facilitadores que puede tener sobre el mismo, un cambio de consecuencias en el que, a juicio de los autores, pueden influir notablemente las políticas gubernamentales y organizacionales.

En relación con los beneficios del trabajo, según señala el documento, éste puede generar estados emocionales positivos, una afirmación que avala la evidencia al indicar que el bienestar no es simplemente la ausencia de experiencias negativas –tales como el estrés o la ansiedad-; de hecho, una condición fundamental para el bienestar psicológico no es sólo la ausencia de experiencias negativas, sino la frecuente aparición de las positivas (Diener, 1984; Seligman & Csikszentmihalyi, 2000), que se traducen en beneficios individuales y organizacionales. Estudios realizados en esta línea evidencian cómo el incremento de la felicidad se asocia con una mayor productividad, y las experiencias emocionales positivas más frecuentes en el lugar de trabajo se relacionan con mayores calificaciones de desempeño y alta colaboración con los compañeros (Lyubomirsky, King y Diener, 2005).

De este modo, en comparación con las personas que se encuentran en situación de desempleo, aquellas que trabajan tienden a experimentar mayor satisfacción con la vida, menos síntomas de depresión y ansiedad, mayor satisfacción conyugal/familiar y/o mejor salud física subjetiva y objetiva; estos efectos, no son debidos simplemente a los beneficios económicos del trabajo (Paul & Batinic, 2010). En opinión de los autores, estas ganancias potenciales se acumulan al verse satisfechas varias necesidades psicológicas, como el contar con una rutina diaria, el apoyo y el contacto social, la construcción de un sentido de identidad, el tener una oportunidad para aprender, etc.

El documento finaliza con una serie de recomendaciones para las Políticas y Prácticas Gubernamentales, orientadas a la mejora del bienestar en el puesto de trabajo, incluyendo en ellas algunos datos de estudios que avalan esta afirmación:

  • Alinear políticas con resultados científicos sobre la promoción y los beneficios del Bienestar

    En esta recomendación, los autores consideran la trascendencia de tener en consideración los datos relativos al presentismo laboral y al tiempo de recuperación del trabajo.

    Con respecto al primero, las investigaciones demuestran los efectos negativos del presentismo sobre la productividad y la seguridad de los trabajadores. El hecho de que los empleados acudan a trabajar enfermos, podría suponer más costes a los empleadores que si se quedan en casa (se estima que entre el 18% y el 61% de los costos totales de salud de la empresa se deben al presentismo [Johns, 2010]).

    En relación al segundo, pese a que la evidencia indica que el tiempo dedicado a la recuperación psicológica beneficia a los empleados, y que el no disponer de este tiempo se relaciona con síntomas depresivos, un bajo rendimiento laboral y problemas de salud (Fritz & Sonnentag, 2006), según una encuesta realizada a 1.500 estadounidenses, la mayoría de los trabajadores estadounidenses no utilizan todos los días de vacaciones correspondientes.

  • Llevar a cabo evaluaciones rigurosas de Programas de Bienestar en el ámbito laboral

  • Animar a las empresas a adoptar prácticas basadas en la evidencia

El documento completo se encuentra disponible en inglés a través del siguiente enlace:

The Bigger Picture of Employee Well-Being: Its Role for Individuals, Families and Societies

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