Begoña Medina Gómez y Roberto Gil Ibáñez

Universidad de Burgos

El estrés es una vivencia frecuente en la vida de cualquier persona, también para aquellas que presentan limitaciones significativas en el funcionamiento intelectual y en las habilidades adaptativas necesarias para manejarse en su vida diaria (personas con discapacidad intelectual). Durante tiempo se pensó que las personas con discapacidad intelectual debido a las dificultades que tenían para hacer valoraciones cognitivas de las situaciones de la vida no podían sufrir estrés. Pero, al igual que el resto de la población lo experimentan ante graves problemas, ante estresores cotidianos e incluso pueden soportar niveles más altos al tener que enfrentar diariamente más eventos estresantes (idas y venidas de profesionales, cambios de residencia, situaciones de abuso, vivencias de desgaste emocional de los cuidadores, estigma social, dificultades de acceso a servicios comunitarios).

Durante las últimas décadas el estudio del estrés ha recibido mucha atención por su relevancia para la salud, pero es muy reducido el número de investigaciones (inexistente en nuestro país) que analizan cómo las personas con discapacidad intelectual se enfrentan a él.

Los resultados hallados en otros países indican que estas personas utilizan más el afrontamiento activo centrado en el problema (modificar la situación valorada como estresante) que el afrontamiento activo centrado en la emoción (alterar los sentimientos negativos que la rodean), y éste a su vez más que el afrontamiento evitativo (ignorar la situación tanto física como mentalmente). Pero cuando una situación genera niveles elevados de ansiedad y se valora como ambigua buscan evitar o escapar de la situación (afrontamiento evitativo), en cambio, si en estas situaciones se busca la aceptación social y el rendimiento óptimo, tienden a enfocarse en la emoción. Tanto en un caso como en el otro se genera más angustia que si se intentara cambiar el estresor (afrontamiento activo centrado en el problema), incrementándose de este modo el nivel de estrés.

A la hora de identificar los signos de estrés existen numerosas dificultades, ya que son difíciles de reconocer y de comunicar verbalmente por las personas con discapacidad intelectual, por lo que es habitual que se atribuyan a otros problemas de salud o que se consideren características intrínsecas de la discapacidad. Es posible que cuando estas personas perciben una situación estresante como peligrosa, pongan en marcha mecanismos emocionales que debido a las dificultades comunicativas que presentan muchos de estos individuos, se materializan como conductas problema. Estas conductas, además de ser la expresión del malestar psicológico, permiten la evitación del estresor, escapar de la situación desagradable o protegerse de un anticipado fracaso. Por lo que, la presencia de alteraciones de conducta en las personas con discapacidad intelectual puede ser, en algunos casos, una forma de expresar el malestar vivenciado y/o una manera de pedir ayuda para enfrentarse al estrés.

La interpretación errónea de las respuestas de estrés conlleva que un problema de salud sea mal valorado y por lo tanto, mal diagnosticado y tratado. Es importante reflexionar sobre si las intervenciones y tratamientos están siendo los más adecuados para dar respuesta a las necesidades de estas personas. Los estudios realizados demuestran que las personas con discapacidad intelectual constituyen una de las poblaciones más medicadas con psicofármacos, argumentándose para ello la alta frecuencia y gravedad de problemas de conducta. La elevada prescripción de psicofármacos, cuando se carece de suficiente investigación empírica sobre factores que pueden estar intuyendo en las respuestas de estas personas, es un ejemplo de vulnerabilidad de sus derechos. Es urgente llevar a cabo investigaciones que analicen el impacto del estrés y cómo las personas con discapacidad intelectual hacen frente a él, dado que el estrés es un fuerte predictor de problemas de salud mental y de conducta.

El artículo completo puede encontrarse en la Revista Ansiedad y Estrés:

Medina, B. y Gil, R. (2017). Estrés y estrategias de afrontamiento en personas con discapacidad intelectual: revisión sistemática. Ansiedad y Estrés 23, 38-44.

Referencias:

Hartley, S. L., & MacLean W. E. (2008). Coping strategies of adults with mild intellectual disability for stressful social interactions. Journal of Mental Health Research in Intellectual Disabilities, 1(2), 109-127.

Hartley, S. L., & MacLean, W. E. (2009). Depression in adults with mild intellectual disability: Role of stress, attributions, and coping. American Association on Intellectual and Developmental Disabilities, 114(3), 147-160.

Kurterk, P. (2016). Role of Anxiety as a Trait and State in Youth With Mild Intellectual Disability: Coping With Difficult Situations. Journal of Policy and Practice in Intellectual Disabilities, 13(3), 236-245. doi: 10.1111/jppi.12150

Begoña Medina Gómez es profesora y doctora de la Universidad de Burgos. Es psicóloga con experiencia profesional e investigadora en el campo de la discapacidad intelectual. Autora de numerosos artículos en revistas, capítulos de libros y comunicaciones en congresos nacionales e Internacionales relacionados con la discapacidad intelectual.

Roberto Gil Ibáñez es maestro de educación especial, con amplia experiencia en la atención de personas con discapacidad intelectual. Ha participado en diferentes congresos y eventos relacionados con la discapacidad.

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